Hay dos maneras de enfrentarse a Aquaman: una, con ganas de épica y drama en otra historia de orígenes que busca ser la versión definitiva del superhéroe; y dos, sin más expectativas que la de pasar un buen rato viendo a un tipo que respira y habla debajo del agua y de paso salva el mundo. Y solo la segunda es la manera correcta. Correcta, al menos, si lo que quieres es salir del cine con una sonrisilla de «bah, estuvo bien» y no con una decepción tan grande que quisieras que te devolvieran el precio de la entrada.

Porque Aquaman no se toma en serio a sí misma, en absoluto, y por eso tú tampoco deberías hacerlo. Solo así te echarás unas risas, disfrutarás con el espectáculo y hasta acabarás deseando que vuelva a salir el pulpo que toca la batería. Y, quién sabe, para cuando estrenen la segunda parte (que, obviamente, la habrá) puede que te vuelvas a apuntar a la fiesta.

¿Es Aquaman la mejor película de DC?

Hasta hace bien poco, la costumbre era apostar por lo intenso. Centrarse en el lado oscuro, en los conflictos interiores del personaje. Hacer sufrir al protagonista y al espectador. Aportar credibilidad a su universo. Convertir las historias de superhéroes en thrillers con altas dosis de drama. Pero la fórmula se ha ido agotando, en parte porque al final parece siempre la misma historia y en parte también porque hay personajes y mundos en los que no encaja.

Y, ahora, lo que se lleva es la vuelta a los orígenes, es decir, a las historietas a todo color donde los héroes visten mallas sin rubor alguno y los villanos, cuanto más extravagantes, mejor. Esto es lo que ofrece James Wan en Aquaman y yo se lo compro.

No creo que se trate de la mejor película del universo DC, pero, en mi opinión, resulta bastante más amena que El hombre de acero o Batman v Superman: el amanecer de la justicia.

La película del héroe de Atlantis es divertida, colorista y muy, muy entretenida. Pero o entras en el juego o probablemente salgas del cine antes de que termine, como yo misma vi a varias personas hacer. Es decir, no te asustes si de repente ves salir a los personajes del agua con música de Pitbull de fondo como si de un vídeoclip mal hecho se tratara, o si asistes a una escena romántica tan forzada que parece una parodia. Porque, a veces, Aquaman da la sensación de ser una parodia, y quizá por eso funciona.

Jason Momoa, Amber Heard y Willem Dafoe en Aquaman

La adaptación más evidente de un cómic

Aquaman es una historia de superhéroes con mallas, orígenes sobrenaturales y poderes, que se ríe consigo misma – no de sí misma – para ofrecerte un espectáculo excéntrico, exótico y donde no falta ni uno solo de los ingredientes habituales del género: el héroe reticente, el villano megalómano, la atracción romántica por el polo opuesto, el mentor, el drama familiar, la supervivencia del planeta entero como telón de fondo…Y, por supuesto, las persecuciones, las luchas cuerpo a cuerpo y la batalla final de uno contra uno.

Pero, lo mejor de todo, al menos para esta que escribe, es el batiburrillo de referencias a tantas películas de culto de los 80 y 90 que supone la puesta en escena de James Wan. No sé si casual o forzada (si fuera lo primero, poca imaginación), pero solo por encontrarlas todas, merece la pena ver Aquaman.

Nicole Kidman en Aquaman


Nota: 6 / 10

Para recordar:

Su falta de complejos.

La secuencia de terror con los seres de la Fosa.

Su aparente pretensión de ser la Stranger Things del cine con referencias a El señor de los anillos, La sirenita, Indiana Jones

Para olvidar:

Un argumento pobre y previsible.

Compro que apueste por el humor y el espectáculo visual, pero en los diálogos no hay una pizca de esfuerzo.

Un Willem Dafoe desaprovechado.