Un dios salvaje es una película asombrosamente sencilla. Engancha al espectador con cuatro únicos personajes -o, mejor dicho, cuatro únicos personajes principales– y un solo escenario, y lo consigue a base de buen guión, dirección inteligente e interpretaciones formidables. Sin embargo, y éste es su gran pero, parece más una obra de teatro que una película, lo que puede ahuyentar al espectador que acuda al cine es busca de más historia y menos diálogo. O incluso al espectador que se vea incapaz de seguir las conversaciones con la atención necesaria para no perder detalle, lo que puede ser frecuente. No obstante, el último trabajo de Roman Polanski deja, como mínimo, la sensación de una película bien hecha.

Cuatro grandes estrellas para un director genial

Un dios salvaje‘, 2011. Francia, Alemania, Polonia, España.
Director:
Roman Polanski.
Guión:
Roman Polanski y Yasmina Reza.
Reparto:
Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly.
Dos niños de unos 11 años se enfrentan con violencia en un parque. Dispuestos a encontrar una solución, los padres deciden verse.
Lo que empieza siendo una charla con bromas y frases cordiales
adquiere un tinte más violento a medida que los padres van revelando
sus contradicciones más básicas.

Trasladar una obra de teatro al cine no es tarea fácil, mucho menos cuado la obra en cuestión transcurre en un solo escenario con cuatro personajes que están todo el tiempo presentes. Sin embargo, Roman Polanski lo ha conseguido con más o menos éxito. El realizador franco-polaco ha sabido jugar con los espacios para crear sensación de variedad, ha utilizado varios espejos para situar unos u otros personajes en plano, y, sobre todo, se ha valido de cuatro grandes actores para que sus interpretaciones merezcan por sí solas el esfuerzo de hacer esta película.

Christoph Waltz y Kate Winslet, los Cowan



Jodie Foster, Kate Winslet, Christoph Waltz y John C. Reilly suman entre sí 4 Óscar y una decena de nominaciones, lo cual es ya una garantía de calidad. Pero es que, además, bordan sus respectivos papeles. Aunque en principio puedan parecer algo estereotipados, cada cual a su manera acaba mostrando facetas de su personalidad que estaban escondidas, sin que ninguno, y eso es un acierto, se sitúe como el bueno o el malo de la historia. Todo lo contrario: los cuatro son un poco ambas cosas.
 
Esa evolución de los personajes, a veces inesperada, otras previsible, engancha al espectador, que cada vez siente más curiosidad por saber hasta qué extremos llegarán por solucionar el conflicto.

Jodie Foster y John C. Reilly, los Longstreet

El conflicto es la clave del guión, escrito por Polanski y la creadora de la obra de teatro original, Yasmina Reza. En un  primer momento parece limitado a la pelea entre los niños que ha dejado a uno con dos dientes rotos, pero poco a poco se va extendiendo a otros ámbitos: los buenos modales, la educación infantil, la responsabilidad social, la vida de pareja… lo que da como resultado final un retrato mordaz de la hipocresía de la clase media-alta.

El desenlace de la historia, que aquí no voy a revelar, no hace sino que contribuir a la ironía con la que Polanski y Reza retratan a esa sociedad. En conclusión, se trata de un guión divertido, con infinidad de matices para analizar que, sin embargo, pueden perderse en el proceso, no siempre sencillo, de intentar seguir los diálogos.

Nota: 6 / 10

Para recordar:

Jodie Foster, como hacía mucho que no la veíamos

  • Los cuatro actores: inmensos. 
  • Que Jodie Foster vuelva a brillar tanto en una película. 
  • Las escenas que abren y cierran la película: sencillas pero eficaces. 
Para olvidar: 

Kate Winslet, al borde del histerismo
  • Se hace un poco complicado seguir las conversaciones
  • Que el punto salvaje que los personajes alcanzan no vaya aún a más.