Blackthorn. Sin destino‘ sorprendió a todos al colarse entre las nominadas al Goya a mejor película, una candidatura que suma a las otras 13 con las que compite en los premios del cine español. Este western rodado en inglés y español por Mateo Gil, el coguionista de Alejandro Amenábar, pasó inadvertido por la cartelera, pero la Academia de Cine ha sabido reconocer su impecable factura y la calidad de una historia que mira con melancolía a la época dorada de los forajidos. Pero, además, ‘Blackthorn’ cuenta con el aliciente de recuperar la figura del legendario bandido Butch Cassidy.

Sam Shepard es James Blackthorn, antes conocido como Butch Cassidy

Blackthorn. Sin destino’. 2011. España, EE.UU., Bolivia, Francia.
Dirección: Mateo Gil
Guión: Miguel Barros
Reparto: Sam Shepard, Eduardo Noriega, Stephen Rea, Magaly Solier, Nikolaj Coster-Waldau, Padraic Delaney y Dominique McElligott.
Tras haber huido de Estados Unidos, el legendario forajido Butch Cassidy
murió en Bolivia en 1908, tiroteado junto a su amigo Sundance Kid. Esto
es lo que dice la versión oficial. Pero lo cierto es que ha pasado
veinte años escondido y ahora quiere volver a casa. Sin embargo, en su camino se topará con un joven ingeniero español que está siendo perseguido y al que decide ayudar.

‘Blackthorn. Sin destino’ se enmarca en el género del western crepuscular, que es aquél que sustituye la adrenalina de persecuciones y tiroteos para centrarse en cómo el progreso va acabando con un estilo de vida propio. En este caso, James Blackthorn/ Butch Cassidy (Shepard) encarna al pasado, mientras que Eduardo Apodaca (Noriega) representa a ese futuro que supone un drástico cambio de valores.

Las diferencias entre uno y otro están presentes durante toda la trama, generando un proceso de adaptación para cada personaje que concluirá en una maravillosa escena final, que aquí, por supuesto, no desvelaré.

Eduardo Noriega y Sam Shepard

Pero aparte de su trasfondo filosófico, ‘Blackthorn’ también supone un homenaje a las historias de forajidos con la sola presencia del legendario Butch Cassidy como personaje principal; mientras que la belleza de los paisajes bolivianos, los breves pero efectivos flashbacks y la sobria interpretación de Sam Shepard aportan un matiz de melancolía que hacen de este filme un producto de digestión lenta que merece mucho la pena.

Por su parte, la realización de Mateo Gil es soberbia, aunque su manejo del ritmo es un tanto irregular. Asimismo, el guión de Miguel Barros deja estupendas perlas como ese “Sólo hay dos momentos importantes en la vida de un hombre: cuando abandona su hogar y cuando vuelve a casa”. Además, que una producción española haya recurrido a la teoría de que ni Butch Cassidy ni Sundance Kid murieron en Bolivia en 1908 como cuenta la versión oficial supone un atractivo añadido.

Sam Shepard da vida a ese Butch Cassidy reconvertido en el criador de caballos James Blackthorn, un hombre solitario que según se va haciendo mayor siente la necesidad de regresar a su hogar. Shepard transmite toda la complejidad de su personaje con una sola mirada o un gesto sencillo, creando un auténtico héroe que cuesta comprender por qué la Academia española no le ha nominado al Goya.

Por el contrario, Eduardo Noriega, que ya trabajó con Mateo Gil en su ópera prima, ‘Nadie conoce a nadie’, no resulta del todo creíble, llegando incluso a arruinar con su actuación algunas de las escenas que comparte con el gran Shepard.

En ‘Blackthorn. Sin destino’ también destacan otros dos actores: Stephen Rea, quien ojalá hubiera tenido más minutos en pantalla que Noriega; y el danés Nikolaj Coster-Waldau, conocido por su papel en la serie ‘Juego de tronos’, que aquí da vida a un joven Butch Cassidy cuyo parecido con Shepard resulta asombroso.

En definitiva, ‘Blackthorn. Sin destino’ es una película dirigida a los amantes del western, de las leyendas de forajido y de las teorías nunca probadas; pero también destinada a quienes disfrutan con las historias tranquilas, los héroes con principios y los viajes por paisajes que quitan el hipo.

Nota: 8 / 10
Para recordar:
Nikolaj Coster-Waldau
  • La tensa escena en el desierto de sal
  • Los paisajes bolivianos, magníficamente retratados por la cámara de Mateo Gil. 
  • El guión de Miguel Barros.

Para olvidar:
Eduardo Noriega
  • Que la regular actuación de Eduardo Noriega empañe el resultado final.