‘Boyhood’ es la película que se ha rodado durante 12 años. En la que su actor principal ha pasado de ser un niño adorable a un introvertido estudiante universitario. Es la película que ha consagrado a Richard Linklater como narrador y escultor de historias. El filme que ha logrado una puntuación de 100 sobre 100 en Metacritic, hazaña que sólo un puñado de títulos habían conseguido antes. La cinta de la que todos hablan y que seguirán comentando cuando se acerque la fecha de entrega de los premios Óscar. Pero, sobre todo, ‘Boyhood’ es el retrato de la vida misma, esa vida que se articula en torno a etapas y que siempre pasa demasiado deprisa. Donde el tiempo corre sin que nos demos cuenta hasta que un día descubrimos la aterradora verdad: el pasado no volverá, sólo podemos disfrutar del presente. Conmovedora y elegante, ‘Boyhood’ es la película que pocos olvidarán.

Nunca una película había marcado tan bien el paso del tiempo como lo hace ‘Boyhood’. En cierto modo, era inevitable, puesto que nunca antes una obra cinematográfica se había rodado durante un periodo tan largo de tiempo con los mismos actores (si exceptuamos, por supuesto, las sagas).

Pero el acierto en la expresión de la fugacidad de la vida no sólo se consigue con la estructura, también con la historia. Porque, en el fondo, ‘Boyhood’ no cuenta llamativas historias ni tampoco nos enseña los momentos trascendentales de la existencia de este chaval que se llama Mason, sino todo lo contrario, se detiene en secuencias rutinarias que aparentemente carecen de relevancia salvo por el hecho de que nos ayudan a conocer un poco mejor a los personajes.

Y es que la vida misma, para la mayoría, está compuesta de un 99% de rutina y un solo 1% de trascendencia.

Un cuento antes de irse a dormir: una escena cotidiana cargada de significado

Así, la vida se nos pasa como una exhalación. Como un viaje interminable, en el que nunca alcanzamos el destino. Porque, como Mason, su hermana y sus padres, siempre estamos buscando. Siempre con preguntas, más preguntas y nuevos retos. Algunos logran sus sueños y otros los pierden por el camino, pero siempre hay espacio para nuevos anhelos y viejos remordimientos.

Amarga pero enérgica

Por eso ‘Boyhood’ combina la amargura del paso del tiempo (ejemplificada en la madre y la reflexión que expresa al final) con el optimismo de la juventud que se traduce en ganas de comerse el mundo.

Así, la película de Richard Linklater es optimista, melancólica, emocionante y está caragada de energía. De alguna forma nos cautiva para que no despeguemos la mirada de la pantalla y nos toca el corazón con la elegancia de su narración y la naturalidad con que se desarrollan las escenas.

Fin de semana con papá

Richard Linklater ha arriesgado en la forma; ha dejado que los personajes, y no el guión, conduzcan la historia; y ha evitado efectismos tras la cámara que hubieran delatado la ficción que es ‘Boyhood’.

Además, ha inundado la película de guiños socio-culturales (Harry Potter, La Guerra de las Galaxias, Obama…), buena música y acertadas elipsis que hacen que este retrato de un chaval cualquiera de los 5 a los 18 años sea sumamente entretenido.

Patricia Arquette y Ellar Coltrane

Convincentes

Los actores elegidos para el experimento también han sido, a la larga, una decisión correcta. Ellar Coltrane es Mason, el muchacho al que vemos jugar en bici, hacerse el remolón para ir a clase, fumar, fijarse en chicas por primera vez, mentir a sus padres e ir a la Universidad, entre muchas otras cosas. Natural y agradable, cuesta creer, cuando ya hemos observado un par de cambios físicos en él, que se trate de un actor participando en una película y no de una persona real enseñándonos su vida.

A su hermana Samantha la interpreta la propia hija del director, Lorelei Linklater, y aunque su intervención es más breve, también obra el engaño.

Ellar Coltrane y Ethan Hawke

La gran afortunada de ‘Boyhood’ es Patricia Arquette que podría lograr una nominación al Óscar (e incluso ganar) gracias a la conmovedora madre de familia que interpreta y que comete un error tras otro sin que se le agote la energía para seguir disfrutando del presente. Ethan Hawke da vida al padre de Mason y, como siempre que trabaja a las órdenes de Linklater, nos toca la fibra sensible.

Una joya

En definitiva, ‘Boyhood’ es una maravilla. No sé muy bien explicarlo (quizás todo lo que he escrito hasta ahora no vale para nada), pero cautiva, emociona y te deja con una gran, gran sonrisa. Sutil, inteligente, conmovedora, amena y una joya del séptimo arte que ocupa ya un lugar especial en los anales del cine. 

‘Boyhood’, directa a ese rincón preciado de la memoria

Nota: 9 / 10

Para recordar:

El experimento.

La grandeza que hay en la rutina.

Los actores.

La elección de la música.

Las transiciones de uno a otro año.

Que a pesar de haberse rodado durante 12 años su existencia nos haya pasado totalmente desapercibida hasta el momento de su estreno.

Para olvidar:

Que dé cierta pereza ponerse a verla.