Llevamos ya unos años asistiendo al empeño de las grandes productoras de cine y televisión por revisitar los cuentos de hadas. Como si el mundo en el que vivimos estuviera tan falto de ilusión que necesitamos un poco de magia. Y esa moda de recuperar los relatos de nuestra infancia pasa, como no podía ser de otro modo, por darle una vuelta de tuerca a la historia original para que resulte más moderna, más apta a nuestros tiempos. Así ha sido en la pantalla grande con Shrek (2001) o en la pequeña con ‘Érase una vez‘.

Pero Disney, la gran poderosa en el mundo de la fantasía, se ha cansado de buscar puntos de vista originales y ha vuelto a lo tradicional, a lo que funcionó en el siglo XIX con los hermanos Grimm y repitió éxito en torno a los años 40 con el propio Walt Disney de productor. Porque los cuentos de hadas, con su magia, su inocencia y su vitalidad, siguen produciendo el mismo efecto. De ahí que ‘Cenicienta’ (2015) sea la quinta película más taquillera en lo que va de año.

He de confesar que cuando descubrí que ‘Cenicienta’ combinaba el cuento de Charles Perrault del siglo XVI con la versión animada de 1950, rechazando así realizar una versión diferente, arriesgada y moderna, me costó creerlo. Me he acostumbrado a que los relatos infantiles regresen a nuestras pantallas disfrazados de cintas de acción o comedias románticas al uso. Y, dicho sea de paso, por un tiempo he creído que ese era el único modo de que atraparan al público del siglo XXI.

Pero estaba equivocada. ‘Cenicienta’, con su dulzura, su idealismo y su previsibilidad, ha conquistado la taquilla y también a una buena parte de la crítica, incluida ésta que escribe. El filme que dirige Kenneth Branagh tiene algo que cautiva, que invita a disfrutar de ese mundo de ensueño.

Richard Madden y Lily James, listos para el baile

Sin intentar resultar novedoso o ingenioso, rellena los huecos de la historia que todos recordamos allí donde más falta hace (el pasado de la protagonista, el interés de la joven por acudir al baile, la necesidad del príncipe de buscar esposa…). Y guía al espectador por escenarios idílicos y con mucho potencial.

La habilidad de Kenneth Branagh para moverse por el espacio es, precisamente, la razón principal de que ‘Cenicienta’ sea una película maravillosa de ver, una delicia visual. Por eso, un baile en un gran salón, concretamente el baile entre el príncipe y la heroína, es la escena más memorable del filme. Branagh le saca tanto partido a la grandiosidad de los espacios que convierte esos escenarios en un personaje más. Cuando Cenicienta sube a ese enorme pero solitario ático por primera vez, o cuando recorre los interminables pasillos del castillo en su huida a medianoche, o más tarde cuando el cochero la lleva a toda velocidad por caminos sinuosos de vuelta a casa, el escenario dice más que las palabras.

Lo cierto es que, si hacemos memoria, probablemente recordaremos entre la filmografía del Kenneth Branagh director el juego que le daban a Benedicto los jardines italianos en ‘Mucho ruido y pocas nueces‘ (1993) o la soledad que emanaba de los amplios salones de Asgard en ‘Thor‘ (2011). Pruebas de que su habilidad para moverse por el espacio viene de lejos.

Lily James es Cenicienta

La puesta en escena resulta fundamental, por supuesto, para que un cuento de hadas que algunos califican de demasiado inocente o incluso perjudicial para las niñas más susceptibles (que corren el peligro de creer que el papel de la mujer es encontrar un príncipe azul con quien casarse) atrape hasta el final. Y sin sorpresas de última hora o añadidos extravagantes. Pero aunque la película entra con facilidad por los ojos también tiene que tocarnos el corazón, al menos un poquito.

Por eso ‘Cenicienta’ le dedica su tiempo a la pérdida de los dos padres de la protagonista (y no son los únicos que dicen adiós en la película). Así, la historia de cómo una joven humilde se convierte en princesa no resulta tan superficial. Incluso el guión deja un mensaje -‘sé valiente y bondadosa’- que se repite a lo largo de la trama y con el que intenta dotar de significado una historia que, en otro contexto, resultaría absurda.

Cate Blanchett es la madrastra

Se echa de menos una presencia más fuerte de la malvada madrastra, sobre todo porque quien la interpreta es Cate Blanchett, hipnótica si se lo propone en papeles de villana. Pero el buen hacer de Lily James en el papel de Cenicienta y el carisma que desprende Helena Bonham Carter como el Hada Madrina (breve pero eficiente) nos hacen olvidar que Blanchett está, quizás, un pelín desaprovechada.

En resumen, ‘Cenicienta’ de Kenneth Branagh viene a probar que por los cuentos infantiles no pasa el tiempo. Y que por mucho que intentemos modernizar su aspecto el éxito reside en su esencia, y ésa se aprecia mucho mejor cuando un cuento de hadas se nos presenta como lo que es, un cuento de hadas.

Helena Bonham Carter es el Hada Madrina


Nota: 7 / 10

Para recordar:

La escenografía y cómo la cámara de Kenneth Branagh se mueve por los distintos espacios.

Lily James consigue el término medio perfecto para su Cenicienta: ni demasiado dulce ni demasiado ingenua ni demasiado atrevida.

Los añadidos que completan la historia: la pérdida de la madre, el primer encuentro…

Para olvidar:

La presencia de la madrastra y las hermanastras se diluye en el último tramo.