La política, con sus actitudes arrogantes, sus mentiras, sus intereses escondidos y sus jerarquías, incomoda y enfada a prácticamente cualquiera. Pero también puede resultar muy cómica, siempre y cuando nos quedemos en la superficie y no escarbemos para ver cuáles son los efectos que la falta de eficiencia tiene sobre los ciudadanos. Es lo que ha demostrado el cómic francés ‘Crónicas diplomáticas’ y lo que ha reiterado su adaptación a la gran pantalla. La película de mismo nombre que dirige el veterano Bertrand Tavernier es una comedia de ritmo vertiginoso y diálogos enrevesados que parece seguir esa máxima de ‘al mal tiempo, buena cara’.

El ministro y su gabinete de comunicación del Quay d’Orsay

‘Crónicas diplomáticas’ (Quay d’Orsay). 2013. Francia.
Dirección: Bertrand Tavernier
Guión: Christophe Blain y Abel Lanzac
Reparto: Thierry Lhermitte, Raphaël PersonnazNiels Arestrup y Julie Gayet
Arthur Vlaminck es un prometedor político de izquierdas que entra a trabajar en el departamento de comunicación del ministro de Asuntos Exteriores, de derechas, como encargado de redactar sus discursos. El joven descubrirá un mundo estresante, ambicioso y lleno de escollos para realizar su trabajo.

El título original de ‘Crónicas diplomáticas’ es ‘Quay d’Orsay‘, el nombre con que se conoce la sede del ministerio de Asuntos Exteriores en París y donde transcurre la acción de la historia. Uno de los creadores del cómic que adapta la película y también guionista del filme es Abel Lanzac, antiguo miembro del gabinete del ministro Villepin, por lo que se puede deducir que la trama tiene más de realidad que de fábula descabellada.

Y esa realidad consiste en demasiados asesores que se contradicen unos a otros y en lugar de mejorar el rendimiento ralentizan el trabajo; puñaladas traperas entre los miembros de un mismo gabinete; y un ministro al que le gusta mucho hablar pero que, a la hora de la verdad, resulta un estorbo cuando se trata de resolver conflictos.

Raphaël Personnaz y Thierry Lhermitte, el novato y el ministro

Todos esas dificultades y errores en la diplomacia francesa se transforman, en la película, en efectivos elementos cómicos que aseguran sonrisas de principio a fin y alguna que otra carcajada. Y aunque al principio el espectador más comprometido siente deseos de arremeter contra esa ‘panda de inútiles’, al final acaba rindiéndose ante la simpatía que transmiten los personajes, sobre todo ese ministro obsesionado con los rotuladores fluorescentes (un divertidísimo Thierry Lhermitte), y se deja llevar por la comicidad de los acontecimientos que cuenta la película.

Una cinta que sirve de perfecta sátira política pero también de entretenimiento para casi todos los públicos, gracias a un ritmo ágil, un par de escenas bien contadas y unos personajes variados, que van desde el ingenuo redactor de discursos hasta el egocéntrico ministro, pasando por un jefe de gabinete que sabe qué hilos mover en el momento preciso (como tiene que ser).

Niels Arestrup ganó un César por su interpretación de Maupas, el asesor que más merece su cargo

Falta ingenio

Pero aunque ‘Crónicas diplomáticas’ critica y divierte por igual, le falta ingenio para poder hablar de ella como de una excelente película. Ninguno de los diálogos y soliloquios sorprende por su elocuencia, salvo, quizás, la comparación que el ministro Taillard realiza entre un buen discurso y una historieta de cómic (y que la cámara de Tavernier intenta acompañar de manera original sin mucho éxito); y la trama carece de escenas definitorias o sorprendentes que cautiven al público.

Además, tanta palabra, personaje y ajetreo puede perder al espectador menos atento.

No he visto otras películas de Bertrand Tavernier, pero he oído que ‘Crónicas diplomáticas’ dista de ser uno de sus mejores trabajos. No me extraña, es una comedia ágil y divertida pero no un filme sobresaliente. Lo que sí se me antoja sobresaliente es el cómic que adapta y sólo por haber tenido al oportunidad de saber de su existencia, me alegro de haber visitado el Quay d’Orsay.

Escribir un discurso o, mejor dicho, reescribirlo 15 veces, no es tarea fácil
Nota: 6 / 10

Para recordar:

  • Niels Arestrup en el papel del jefe de gabinete, el único que parece saber, y querer, hacer bien su trabajo
  • El ritmo
  • Cuánta razón tiene el ministro cuando compara las historietas de Tintín con un buen discurso

Para olvidar:

  • Que el espectador pueda perderse entre tanta palabrería.