Marvel ha encontrado a su nuevo Iron Man. Hace ya 8 años que Robert Downey Jr. se metió por primera vez en la piel del excéntrico millonario Tony Stark y sentó las bases del universo cinematográfico de superhéroes que ha revolucionado el género. Tras el Hombre de Hierro llegaron el Capitán América, Thor y finalmente el equipo completo de los Vengadores; y Marvel comprobó como podía exprimir sus viejos personajes hasta la saciedad como si de una interminable serie de cómics más se tratara. Pero 8 años después de la revolución que supuso ‘Iron Man’ (y de lo mucho que nos gustó), la saga pide a gritos una renovación. Y esa renovación pasa, como casi todo en esta vida, por caras nuevas. En Marvel lo saben y, por eso, recientemente los Vengadores han sumado a sus filas al Hombre Hormiga (‘Ant-Man‘), a un rejuvenecido Spider-Man o a la Pantera Negra, mientras sus grandes competidores, la Liga de la Justcia de DC Cómics, prepara una ofensiva también en equipo.

What if I told you that reality is one of many?
¿Y si te dijera que la realidad es sólo una de muchas?
La Anciana (Tilda Swinton)

Sin embargo, ninguno de los nuevos reclutas parece tener el carisma y el liderazgo suficientes para que Iron Man, el Capitán América y Thor puedan retirarse sin condenar la franquicia al olvido. Ninguno lo tenía… hasta que llegó él. Benedict. Cumberbatch. Sherlock. Khan. El inglés de moda. El único actor capaz de fascinar tanto como el ultracarismático Downey Jr.. Por eso, queridos lectores, me atrevo a afirmar que Benedict Cumberbatch o, mejor dicho, el Doctor Extraño, es el nuevo Iron Man.

Rachel McAdams y Benedict Cumberbatch en Doctor Strange

Que el doctor Stephen Strange pueda sustituir en funciones, taquilla y carisma al empresario Tony Stark no es sólo una cuestión de estrategia; también de contenido. Stark, a quien, no lo neguemos, no imaginamos con otra piel que no sea la de Robert Downey Jr. (del mismo modo que Lobezno siempre será Hugh Jackman), es ese hombre engreído, ególatra, egoísta e inteligentísimo al que los espectadores adoramos. Sobre todo cuando hace uso de su humor chulesco o cuando deja entrever que detrás de su máscara esconde una personalidad frágil. Nos atrae su prepotencia, su ingenio… su aire a lo Sherlock Holmes (¿os habéis dado cuenta que tanto Downey Jr. como Cumberbatch han interpretado al famoso detective?). Pues bien, Stephen Strange es otra versión de ese mismo personaje.

El neurocirujano al que da vida Benedict Cumberbatch se cree más listo que nadie, y seguramente lo sea, por supuesto se considera superior a los demás, y no duda a la hora de demostrarlo. Sin embargo, al igual que a Tony Stark un secuestro cambió su percepción de la guerra, y de la vida; a Stephen Strange un accidente de tráfico cambió sus prioridades. El mundo de ambos dio un giro de 360 grados en cuestión de segundos, y dejaron de ser esos ricos egoístas (al menos en parte) para convertirse en los nuevos salvadores de nuestro planeta.

En la práctica, tanto Tony Stark como Stephen Strang tienen el atractivo suficiente (el primero ya lo ha demostrado) para liderar una saga completa de películas. Por eso no parece una locura que Marvel le ceda un hueco relevante en su gran familia al superhéroe más místico de todos. De momento, y tal como podemos observar en una de las dos escenas post-créditos, la semilla ya está sembrada.

Benedict Cumberbatch en Doctor Strange

Mucho humor, poca sustancia

Hasta aquí, las comparaciones entre ‘Iron Man’ y ‘Doctor Extraño’ son inevitables. El resto… el resto es diferente.

Si bien el debut en el universo cinematográfico de Marvel del Doctor ofrece una experiencia entretenida, divertida (sinceramente, no esperaba tantos gags) y visualmente impactante (no es raro levantarse de la butaca con cierta sensación de mareo), además de diferente (proyección astral, meditación… conceptos hasta ahora no vistos), ‘Doctor Extraño’ no es una brillante película de superhéroes. Sí que cumple, en mi opinión, las expectativas, y para algunos seguro que las supera, pero ya desde su primera escena percibimos que falta algo, ese algo que te atrapa y te pega a la butaca como si no existiera más mundo que el que vemos en la pantalla.

Tilda Swinton en Doctor Strange

Desequilibrios

El héroe no puede ser más perfecto, y personajes secundarios como la Anciana a la que interpreta Tilda Swinton o la médico de Rachel McAdams transmiten bastante más de lo habitual en esos roles.

Pero una buena cinta de superhéroes se basa en dos pilares: el héroe y el villano. Si uno de ellos destaca por su carisma desbordante, puede que apenas nos fijemos en el otro, pero aún así tiene que mantenerse cierto equilibrio. No es el caso.

Tan poco interés despierta el Kaecilius del genial Mads Mikkelsen que estoy por apostar que en unos años pocos recuerdan quién era el villano de ‘Doctor Extraño’. Cierto es que su personaje siempre fue secundario en los cómics, y que el legendario antagonista de Stephen Strange aún no ha descubierto su particular lado oscuro. Pero unos pocos detalles sobre su pasado y el porqué de sus intenciones hubiera mejorado sustancialmente el conjunto.

Con todo, ‘Doctor Strange’, el filme de Scott Derrickson, es esa historia del clásico personaje ególatra e inteligente que de la noche a la mañana sufre un cambio radical; una película que con su misticismo aporta cierta frescura al género; un relato de aventuras entretenidísimo (cuando la acción comienza, ya no hay descanso); y la reivindicación como protagonista de un héroe de cómic relegado hasta ahora a la serie B.

Por mi parte, bienvenido sea el Doctor Extraño.

Mads Mikkelsen en Doctor Strange


Nota: 7 / 10

Para recordar:

El carisma de Benedict Cumberbatch.

La sencillez inspiradora de Tilda Swinton.

Los efectos visuales inspirados en ‘Origen’ (C. Nolan).

Que Rachel McAdams no dé vida a la clásica mujer desamparada que necesita que la salven.

Para olvidar:

Todo lo que rodea al villano, desde el ínfimo peso de Mads Mikkelsen en la película (el danés nunca pasó tan desapercibido) hasta el escaso interés que se concede a su historia.

Que la banda sonora de Michael Giacchino no deje una melodía reconocible.