‘Ultra cool’. Así ha descrito la revista Empire ‘Drive‘, una de las sorpresas del cine de 2011, y, en mi opinión, ha dado en el clavo. La película dirigida por Nicolas Winding Refn es chulesca, elegante, fresca, y, sobre todo, una delicia visual y sonora para los amantes del séptimo arte. Es el ‘Kill Bill’ de 2011, pero vestido de pop ochentero en lugar de homenaje al cine de serie B. ‘Drive’ cuenta una historia de violencia, un romance magnético y presenta a un Ryan Gosling en estado de gracia. Se trata, sin duda, de uno de los títulos imprescindibles de este 2011 que acaba. El colofón perfecto a un año de buen cine.

Por fin he entendido por qué ‘Drive’ ha suscitado tantas buenas críticas y se ha colado entre los 200 títulos mejor valorados por los usuarios de Imdb. Y por qué, también, Nicolas Winding Refn ganó en Cannes el premio al mejor director. ‘Drive’ es, sobre todo, imagen. Desde la escena que abre la película con una habitación a oscuras hasta el plano final, ‘Drive’ atrapa por su belleza y magnetismo. De hecho, no me viene a la cabeza un solo plano que carezca de esa elegancia y gusto por la estética presente en todo el filme.

Para colmo, las imágenes vienen acompañadas por esa música tan pegadiza que no sólo convierte el visionado de la película en toda una experiencia sonora, sino que, además, aporta el significado que correspondería a los diálogos que no oímos.

Beso en 'Drive' - Ryan Gosling y Carey Mulligan

Porque en ‘Drive’ los diálogos escasean. Comentan en alguna web -no recuerdo cuál- que los actores Ryan Gosling y Carey Mullligan decicideron suprimir muchas de las conversaciones que mantenían sus personajes y sustituirlas por miradas cómplices. El resultado final es interesante, sobre todo porque, a pesar de la dificultad de la ausencia de palabras, logran construir un romance creíble. En realidad, su peculiar y breve historia de amor es una de las más atractivas del año, en parte gracias a ese magnífico momento en el ascensor.

La violencia también ocupa un lugar importante en el argumento de ‘Drive’. De hecho, es la clave de la trama. Y, como sucede con Quentin Tarantino en ‘Kill Bill’, Nicolas Winding Refn logra convertir la crudeza de las escenas más violentas en belleza visual.

En pocas palabras, podría decirse que ‘Drive’ cuenta la sangrienta venganza que lleva a cabo un conductor del que no llegamos a conocer su nombre. Una historia así necesita, obviamente, un personaje carismático. Ése es el Driver, como se le denomina en la ficha técnica del filme, al que encarna Ryan Gosling. El actor transmite con poco más que sus miradas y sus movimientos un conflicto interior -entre el chico bueno y el malo-, un pasado peligroso y una sed de venganza que ni la mismísima Mamba Negra.

Ryan Gosling en Drive

El resto del reparto tampoco se queda atrás en cualidades interpretativas. Carey Mulligan le sostiene cada miradita a Ryan Gosling que a uno le da por pensar mal; Bryan Cranston es todo ternura; Oscar Isaac provoca sentimientos encontrados; Christina Hendricks es breve pero eficaz; Ron Perlman da miedo; y Albert Brooks, más que probable ganador del Óscar al mejor actor secundario por este papel, impone con su sola presencia.

Podría seguir alabando la película durante unos cuantos párrafos más, pero la mejor manera de describir lo mucho que me ha gustado, sorprendido e impresionado es, quizás, el hecho de que nada más acabar la película, quise verla otra vez.

Ryan Gosling en Drive


Nota: 9 / 10

Para recordar:

Ryan Gosling, perfecto.

Las miradas que se lanzan Ryan Gosling y Carey Mulligan.

La escena del ascensor.

La banda sonora creada por Cliff Martínez, y canciones como ésta.

La estética ochentera, que le sienta como un guante.

Para olvidar:

Le falta profundizar más en los personajes.

Y algo más de diálogo tampoco venía mal.

Que Albert Brooks esté cosechando tantos premios cuando a mí, personalmente, me ha dejado más bien fría.