Los hermanos Wachowski fueron los protagonistas de una de las últimas revoluciones del cine, la que supusoMatrix’ (1999). Lo fueron al menos en el aspecto técnico, con tecnología y piruetas creativas que no se habían utilizado hasta entonces. En el plano narrativo también marcaron un hito, con una película digna de elogios que para muchos –yo incluida- figura entre lo mejorcito que se ha estrenado en pantalla grande en las últimas dos décadas. Pero los hermanos Wachowski nunca volvieron a realizar una hazaña semejante, más bien todo lo contrario. Desde ‘Matrix’, su cine ha suscitado más críticas negativas que halagos. Ahí están ‘Matrix revolutions’ (2003) o ‘Speed racer’ (2008).Sin embargo, hay que reconocerles que de vez en cuando crean bellísimos fragmentos de esos que emocionan sin remedio, como los que se pueden encontrar en ‘El atlas de las nubes’ (2012) o en Sense8 (2015) –una serie arriesgada e hipnótica-.

Pero esos destellos son excepciones. Sobre todo cuando les sigue una absurda película que hace aguas por todas partes, hasta el punto de que parece pensada para que nos riamos de ella y no para que nos emocionemos con ella. Por lo sólo se me ocurre una manera de hablar de El destino de Júpiter’ (2015) y es analizando uno por uno sus mayores defectos, o, por decirlo de otro modo, las razones por las que podemos describirla como el último fiasco de los Wachowski. Pero no desesperemos, seguro que en el futuro los hermanos cineastas nos regalan alguna otra excepción. Hoy no es el caso.

Ojo, hay spoilers

1. La historia es ridícula

El guión nos presenta a Júpiter, una joven huérfana de padre que vive prácticamente hacinada con su familia rusa y se pasa los días limpiando baños para ganarse la vida. Hasta que unos alienígenas intentan matarla porque ella es la reencarnación de la anterior propietaria, propietaria en términos empresariales, del planeta Tierra. Los Wachowski nos presentan un universo complejo y plagado de seres extraños donde los más ricos cultivan planetas para asegurarse la juventud eterna. En otras palabras, ‘El destino de Júpiter’ no va de grandes batallas entre el bien y el mal, ni de sublevaciones contra los poderosos tiranos, ni de la extinción de la humanidad, temas que encajan bien en la ciencia-ficción espacial; sino de unos empresarios que se pelean por tener el mejor planeta, un planeta con el que en realidad no hacen nada –las amenazas no sirven- en toda la película. No tiene sentido, o, mejor dicho, no es interesante.

2. Channing Tatum

Mila Kunis interpreta a la protagonista y supera el reto sin pena ni gloria. Ya se encarga Channing Tatum, su partenaire en la ficción, de arruinar la simpatía que la pareja pudiera despertar en el espectador. El actor no sólo muestra poca expresividad y debilidad de presencia –presencia para ser el héroe-, sino que además su personaje, con sus orejas de lobo y sus botas de surf, también resulta un pelín ridículo.

3. Nadie actuaría como Júpiter

La heroína de la historia no hace apenas preguntas; descubre que es la reencarnación de una alienígena y tan tranquila; viaja al espacio exterior y se preocupa más del desconocido al que acaba de conocer que de a dónde se dirige; le ofrece matrimonio un segundo desconocido y acepta sin darle muchas vueltas; se hace con la propiedad de la Tierra y sigue limpiando baños… Empatizar con ella es tarea imposible.

4. Eddie Redmayne se pasa

El británico da vida al villano de turno –o a uno de ellos, no lo tengo muy claro- y se marca un ‘Sandra Bullock’, es decir, ganar un Oscar y ejecutar una interpretación aborrecible en el mismo año. El problema con Eddie Redmayne, aparte de que no se explican las motivaciones de su personaje ni tiene los minutos suficientes para demostrar su villanía, es que resulta excesivo. En el gesto, en el habla, en el vestuario… Excesivo y desapacible.

5. Lo que importa son los vestidos que luce Mila Kunis

Esa fue mi sensación al ver la película y comprobar cómo se saltaba de escena a escena para vestir a la protagonista con un nuevo y espectacular diseño. Cada nuevo vestido llega acompañado de un nuevo personaje y una revelación, pero la trama queda relegada a un segundo tramo (o a lo mejor es que resulta demasiado absurda para prestarle atención, mientras los vestidos sí son llamativos).

6. El fragmento con Terry Gilliam

Terry Gilliam hace un cameo en un fragmento más propio de una parodia que de una superproducción de fantasía. Entorpece el desarrollo del argumento, no encaja con el resto y ofrece una prueba más de la molesta parsimonia de Júpiter.

En realidad, muchas secuencias no encajan bien en el conjunto, lo que para mí es sinónimo de falta de ritmo. Algunas parecen necesitar un principio más elaborado, otras requieren un final, y las hay que simplemente dan la sensación de haber sido metidas a calzador en la trama.

7. Qué clímax más anticlimático

Entre que Júpiter (Kunis) no aparenta ser muy inteligente y Marcus (Redmayne) resulta excesivo, el encuentro final entre ambos carece de interés. Y lo que es peor, nos quedamos sin saber por qué el villano tenía esa relación de amor-odio con su madre, a quien le recuerda la chica.

Lo curioso del asunto es que ‘El destino de Júpiter’ resulta más o menos entretenida. O quizás es que su ridícula propuesta es precisamente lo que nos engancha a seguir viéndola hasta el final.


Nota: 3 / 10

Para recordar:

Hay esperanza para Sean Bean

El vestuario de Mila Kunis –no su pertinencia en la trama-.

Para olvidar:

La historia es ridícula

Channing Tatum

Nadie actuaría como Júpiter

Eddie Redmayne se pasa (de excesivo)

Lo que importa son los vestidos que luce Mila Kunis

El fragmento con Terry Gilliam

Qué clímax más anticlimático

Que pide una secuela