¿Gatsby? ¿Qué Gatsby?”, pregunta Daisy la primera vez que escucha el nombre del propietario de la lujosa mansión al otro lado de la bahía. Y es que Gatsby sólo puede haber uno. Vividor, enigmático, soñador de personalidad arrolladora y un interior tan complejo como, al mismo tiempo, fácil de descifrar. Conocer a Gatsby es como vivir un extraño sueño, al menos así le ocurre al narrador de la historia, Nick Carraway. Y así lo transmite también el realizador Baz Luhrmann a través de su estética y esos primeros planos que dicen mucho más que los diálogos. ‘El gran Gatsby‘, la última adaptación de la famosísima novela de F. Scott Fitzgerald, es un espectáculo visual digno de una historia inmortal sobre los excesos y las apariencias.

Personajes complejos

Adaptar la obra de F. Scott Fitzgerald a la gran pantalla parece un trabajo apetecible y arriesgado al mismo tiempo. Por un lado, la historia del misterioso Gatsby y su romance con Daisy tiene la fuerza suficiente como para que el espectador quede atrapado en la trama sin importar el envoltorio en el que se le presenta. Por el otro, la complejidad interior de los personajes exige contar con unos intérpretes habilidosos que puedan expresar tanto o más con sus gestos y miradas que con las palabras que salen de su boca.

En ese sentido, Leonardo DiCaprio y Carey Mulligan son, como se ha demostrado, una apuesta segura. Él hace suyas todas las escenas que protagoniza (aunque, al contrario de los algunos creíamos, no es éste el mejor trabajo de su carrera) y vuelve a dejar claro que nadie mejor que él para interpretar un violento ataque de ira. Ella, por su parte, transmite fragilidad, confusión, decisión e incertidumbre. Se trata de la Daisy perfecta que posiblemente reporte algún premio a su actriz.

El gran Gatsby

Digno de mención también es el trabajo de Joel Edgerton, que aprovecha una de sus pocas oportunidades con un papel importante para comerse la pantalla. Tom Buchanan es, quizás, el personaje más memorable de esta producción.

Una interminable fiesta

Habiendo dejado claro que la elección de los actores es acertada (hasta Tobey Maguire molesta menos de lo acostumbrado), llega el turno de hablar del envoltorio. Y en ese punto es donde más críticas le han llovido al director, Baz Luhrmann. Casi tantas como halagos.

En mi opinión, el espectáculo visual y musical que Luhrmann hace de la película refleja a la perfección el exceso de las fiestas que Gatsby organiza y que caracteriza, en general, a toda una época tal y como quiso plasmar Fitzgerald en su novela.

El gran Gatsby

Además, los decorados y las tomas aéreas recrean unos alrededores de Nueva York que parecen de juguete, lo que acentúa esa sensación de estar viviendo un sueño del que sabemos que en algún momento tendremos que despertar. Un sueño que, en realidad, es en el que está inmerso Jay Gatsby, quien ha llegado a creer que puede conseguir todo lo que desea y hacer realidad las fantasías que albergaba de niño.

‘El gran Gatsby’ arranca como una monumental fiesta y termina como el despertar trágico de un sueño que siempre fue eso, sólo un sueño. Un destino que se palpa en la estética, se aprecia en la narración voz en off y supone el final redondo a un filme que comienza con el destello de una luz verde esperanza.

Deja huella

Puede que ‘El gran Gatsby’ no logre los grandes premios a los que parecía destinada, incluido el ansiado Óscar para Leonardo DiCaprio, o que haya generado opiniones encontradas, y puede, incluso, que no se trate de la mejor adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald (ahí no puedo opinar porque esta es la única que conozco).

Pero lo cierto es que el filme de Baz Luhrmann es un espectáculo visual, sonoro y argumental que genera infinidad de sentimientos, entretiene e intriga (aunque la labor de edición es mejorable) y muestra a la perfección la decadencia de la grandiosidad de los años 20 en Estados Unidos.

Es, además, una película con todas las papeletas para convertirse en una cinta que uno puede ver una y otra vez sin cansarse.


Nota: 7 / 10

Para recordar:

Los escenarios de cuento

Carey Mulligan y Joel Edgerton.

Para olvidar:

Tobey Maguire resulta, de nuevo, de lo más anodino.