De vuelta a la Tierra Media. A sus plácidos valles, sus feroces montañas, la Comarca, Rivendel… De vuelta al universo fílmico de Peter Jackson y la genialidad literaria de J.R.R. Tolkien. Siete años después de que ‘El retorno del Rey’ cerrara una de las trilogías más importantes de la historia del cine, el director neozelandés nos sumerge de nuevo en el universo ficticio más influyente del género de la fantasía. Pero esta vez, aunque las ganas de iniciar la aventura son las mismas, la travesía no se disfruta igual. Porque la hazaña de Bilbo Bolsón cuando sólo es ‘el hobbit’, y no un portador del anillo, no representa la lucha entre el bien y el mal ni de ella depende la supervivencia de todos los pueblos de la Tierra Media. No es una misión, es una aventura. Peligrosa, sí, pero nada que el espectador corriente no haya visto antes.

‘El Hobbit’, la aventura de un hobbit llamado Bilbo y 13 enanos

El Hobbit. Un viaje inesperado‘ (‘The Hobbit. An unexpected journey’). EE. UU., Nueva Zelanda. 2012.
Direccíón: Peter Jackson
Guión: Peter Jackson, Fran Walsh, Philippa Boyens y Guillermo del Toro.
Reparto: Martin Freeman, Ian McKellen, Richard Armitage, Andy Serkis.
Bilbo Bolsón se embarca en una aventura: recuperar el tesoro del reino enano de Erebor, que custodia el terrible dragón Smaug. Le acompañan Gandalf el Gris y trece enanos dirigidos por el legendario guerrero Thorin Escudo de Roble. 

Quien acuda a ver ‘El hobbit’ esperando un capítulo añadido de ‘El señor de los anillos’ se equivoca. O eso dicen. Porque regresar a Hobbiton, cruzarte con Frodo y Gandalf y escuchar el gorgoteo de Gollum implica, inevitablemente, recordar la Guerra del Anillo. Pero, con fuerza de voluntad, uno consigue zafarse de esa sensación y meterse de lleno en la inesperada aventura de Bilbo Bolsón y trece enanos, que es la que toca disfrutar. La ironía del asunto reside en que, al poco de sumergirte en la historia, es el propio argumento el que te lleva de vuelta a ‘El señor de los anillos’. Concretamente, al preludio de la guerra. Y eso no aporta fuerza a la historia de Bilbo y compañía, se la resta.

Los añadidos son partes contadas por Tolkien en ‘La comunidad del anillo’ que nunca vieron la luz en la pantalla grande, y es cierto que a todos nos agrada reencontrarnos con personajes como Elrond o Frodo, quienes, de paso, enganchan a los espectadores más melancólicos. Pero, ¿qué es ‘El hobbit’? ¿Una película sobre la conquista de un tesoro custodiado por un dragón o un intento de exprimir el universo de Tolkien para llenar los bolsillos de unos pocos?


Concilio en Rivendel con viejos conocidos

Por el momento, parece que lo segundo, ya que esas escenas relativas a la Guerra del Anillo no contribuyen a la trama principal, la de Bilbo, sino que, por el contrario, la enturbian. La entrada en escena de Radagast el pardo, por ejemplo, resulta entre incomprensible y soporífera; mientras que el concilio celebrado en Rivendel ralentiza el ritmo en exceso y sólo sirve para que quienes detestamos el carácter etéreo de Galadriel lo soportemos aún menos.

Acepto, eso sí, el prólogo que encaja ‘El hobbit’ con ‘La comunidad del anillo’. Y también entiendo que el argumento necesite de varias subtramas para mantener el interés a lo largo de tres películas. Pero cuando esas tramas carecen de fuerza, dramatismo y emoción, como es el caso, a mí, por lo menos, me sobran.

Para colmo, el guión de Peter Jackson y compañía concentra las dosis de intriga en esas partes, dejando la aventura de Bilbo desnuda y como lo que en su origen era: un cuento infantil.

Una peligrosa aventura incluso para los enanos

Si cuando Jackson afirmaba que la decisión de dividir ‘El hobbit’ en tres capítulos obedecía a razones artísticas, no económicas (¡ja!), se refería a que no había espacio en dos filmes para incluir el preludio de la Guerra del Anillo, mucho lo lamento. Porque, a mi parecer, fruto de esa combinación de tramas, ‘El hobbit’ falla en ritmo y sentido del guión (sentido de que todo encaja), lo que, teniendo en cuenta que se trata de casi 3 horas de metraje, puede provocar decepción y somnolencia aguda.

Eso sí, los personajes principales tienen su carisma, en el ambiente se palpa el peligro y la emoción y la Tierra Media mantiene su encanto intacto. Pero esos factores no consiguen evitar que uno vea ‘El hobbit’ reprimiendo algún que otro bostezo.

En ‘El Hobbit’ también hay acción

En el lado positivo, que por supuesto lo tiene, la elección de Martin Freeman para encarnar a Bilbo Bolsón es acertadísima. No ha transcurrido completa la escena de la cena en Hobbiton y el espectador ya se ha enamorado del personaje. El otro héroe de la historia, el enano Thorin Escudo de Roble, a quien da vida Richard Armitage, también resulta convincente, y lo que es mejor, misterioso. Es sencillo creer que los enanos le sigan como a un rey.

Del resto de la troupe de enanos, sólo unos pocos cuentan con relevancia (lo cual es lógico, ya que se trata de 12 personajes), pero doy por hecho que las secuelas repartirán protagonismo para todos. Y Gandalf, Ian McKellen, es aún más divertido que en ‘La comunidad del anillo’. En cuanto a Gollum (Andy Serkis), infunde tanto miedo como lástima.

Richard Armitage es Thorin Escudo de Roble

En general, ‘El hobbit’ es una divertida aunque excesivamente larga aventura donde los buenos son graciosos y los malos son muy torpes. Un viaje a la Tierra Media sin grandes meditaciones ni pensamientos amargos. Disfrute de melancólicos, tolkianos, amantes de los planos aéreos de Peter Jackson y necesitados de nuevas trilogías.

Nota: 6 / 10

Para recordar:

Gollum

  • Cómo ha mejorado Gollum con los años. 
  • El casting. 
  • La complejidad que el guión aporta al personaje de Thorin, y que en el libro de ‘El hobbit’ no existe.

Para olvidar:

Martin Freeman es Bilbo

  • Que se note la ausencia de Martin Freeman / Bilbo durante demasiado tiempo. 
  • La escena presentación de Radagast, que parece pertenecer a otra película, y el concilio en Rivendel (zzz…). 
  • Que otras escenas que arrancan con interés (el prólogo, la primera cena, incluso el encuentro con Gollum) acaben alargándose en exceso.