Steven Spielberg vuelve a su época histórica preferida, la convulsa mitad del siglo XX en Europa, para contarnos la hazaña de un héroe. Pero pese a lo que puedan sugerir el título (‘El puente de los espías‘), las localizaciones (Berlín en plena construcción del Muro) y el actor protagonista (Tom Hanks), en esta historia no hay persecuciones de infarto ni huidas épicas. Sólo conversaciones entre bandos opuestos pero, eso sí, cargadas de tensión porque en un tiempo tan delicado como la Guerra Fría un comentario inoportuno podía iniciar una contienda real entre las dos grandes potencias del planeta.

‘El puente de los espías’ cuenta la historia real del abogado estadounidense James B. Donovan, que en 1957 negoció un intercambio de prisioneros entre Estados Unidos y la Unión Soviética. La película, que para mi gusto peca de patriótica, lo dibuja como un hombre incorruptible y habilidoso. Pero quien al final se lleva la gloria, al menos en el mundo real, es Mark Rylance en la piel de un espía soviético. El británico lograba hace unos días el Oscar al mejor actor de reparto.

“We have to have the conversations our governments can’t”
(Tenemos que tener las conversaciones que nuestros gobiernos no pueden tener)
James B. Donovan (Tom Hanks)

La genialidad de Rylance

Que Mark Rylance, un intérprete curtido en el teatro y desconocido para una buena parte del público, le robe protagonismo al mismísimo Tom Hanks en una cinta dirigida por uno de los directores fetiche de este último, no deja de ser sorprendente. Por eso, que Rylance le arrebatara el Oscar al favorito a la estatuilla, Sylvester Stallone, no lo es.

Basta con ver esta breve escena de la película, en la que el personaje de Rylance le cuenta una historia del pasado a Hanks, para reconocer que el británico cautiva con su manera de hablar pausada, sus gestos contenidos y su aparente tranquilidad. O dicho de un modo más sencillo, Rylance logra lo que sólo los grandes intérpretes consiguen: que no parezca que actúa, que no veamos al actor, que creamos que ese rostro marcado por el tiempo pertenece realmente al espía Rudolf Abel y no a un artista inglés.

Mark Rylance en El puente de los espías

Como añadido, su personaje cae bien y tiene una frase propia que repite varias veces a lo largo de la película (Would it Help? / ¿Eso ayudaría?), lo que contribuye a hacerle icónico (el propio Rylance repitió la frase en su discurso de agradecimiento de los Oscar).

Pero la razón fundamental de que Mark Rylance sea la estrella más brillante de ‘El puente de los espías’ reside en que es el único que logra conmovernos, conmovernos de verdad. Con la oportuna ayuda, por supuesto, de la bonita banda sonora compuesta por Thomas Newman (y que seguramente oigamos a menudo a partir de ahora).

Tom Hanks en El puente de los espías

Intercambio en el Berlín dividido

Aparte de Rylance y de la música, la película de Steven Spielberg deslumbra por lo que suelen deslumbrar las películas de Steven Spielberg: el estupendo trabajo artístico que recrea con credibilidad una época determinada.

En esta ocasión, nos trasladamos al Berlín dividido en dos por un Muro recién elevado. El Berlín donde permanecer en el lado equivocado puede resultar letal y donde la sospecha, el hostigamiento y la muerte violenta forman parte de la rutina. Esta ciudad agitada es donde debe producirse el intercambio de espías entre Estados Unidos y la Unión Soviética que el abogado Donovan se ha propuesto llevar a buen término.

En ese sentido, ‘El puente de los espías’ aporta una interesante mirada a las tensiones de la Guerra Fría. Aquí los despachos se convierten en el frente de batalla donde los contendientes buscan la victoria. No hay lugar para la vacilación o el error. Se debe actuar rápido y confiando en que el resultado, siempre impredecible, sea el esperado.

Austin Stowell es Francis Gary Powers

Falta acción

Las historias de espionaje, y esta por supuesto lo es, siempre resultan amenas, gracias a la tensión del no poder ser descubierto y a las estrategias que siguen los protagonistas. Pero el cine nos ha acostumbrado a que esos relatos se desarrollen entre persecuciones, explosiones y misiones imposibles (a veces literalmente). Por eso ‘El puente de los espías’ deja la extraña sensación de que apenas ocurren acontecimientos.

En cierto modo, así es, pero al fin y al cabo este filme no es una cinta de acción, sino un thriller histórico donde lo que se dice es más importante que lo que se hace.

Aún así, la trama de ‘El puente de los espías’ resulta demasiado sencilla y previsible y, por eso, no te deja del todo satisfecho. El envoltorio parece excesivo para la historia que cuenta y se echa de menos más suspense.

Con todo, Steven Spielberg y Mark Rylance obran su magia (Tom Hanks, por cierto, sencillamente hace de Tom Hanks) y hacen de ‘El puente de los espías’ un filme entretenido y a ratos apasionante que te recomiendo para una fría tarde de invierno.

Tom Hanks en El puente de los espías


Nota: 7 / 10

Para recordar:

El magnetismo de Mark Rylance.

La recreación del Berlín de 1957.

La música de Thomas Newman.

Para olvidar:

Que no se ajuste a las expectativas.

Que Thomas Newman acumule ya 13 nominaciones a los premios Oscar y aún no haya llegado el galardón