A estas alturas de la existencia del cine, para que un drama romántico conquiste al público es necesario, a veces imprescindible, que cuente algo diferente. Que los polos opuestos se atraen o que la pareja que al principio recela uno del otro terminará por ser feliz ya no es razón suficiente para dedicarle dos horas de nuestro tiempo a ser testigos de un romance. Necesitamos, queremos, algo distinto, y ese algo a veces pasa por la ciencia-ficción. Porque las historias románticas con elementos propios de la ciencia-ficción cuentan con la ventaja inicial de ofrecer una propuesta que puede ser todo lo original que los guionistas se propongan.

Es el caso, a medias, de ‘El secreto de Adaline’, que presenta a una mujer que ha vivido casi 80 años sin envejecer un solo día y con la perspectiva de que su condición no cambie. Por eso, cuando se enamora de un guapo filántropo sabe que su relación no tendrá futuro. Sin embargo, pese a un argumento que podemos considerar original -a medias, insisto-, la película de Lee Toland Krieger resulta ser sorprendentemente previsible.

Blake Lively en El secreto de Adeline

Dejando a un lado esa previsibilidad, que llega al punto de que podamos intuir cuál será la última escena del filme pero que tampoco molesta en exceso, ‘El secreto de Adaline’ es una buena película, entendiendo por ‘buena’ amena, detallista y con una protagonista solvente. O, dicho de otro modo, una película que apetece ver y cuando lo haces no defrauda (salvo que tus expectativas sean muy altas, claro está).

La historia se centra en Adaline, quien a lo largo de la trama también se hace llamar Jenny, Susan o Amanda. El cambio de nombre se debe a que la joven, nunca mejor dicho, adopta una nueva identidad cada década para huir de posibles perseguidores que quieran convertirla en objeto de estudio. Porque la condición de Adaline, su incapacidad de envejecer, es única.

Pero cuando está a punto de huir de nuevo conoce a Ellis, generoso, atractivo y prendado de ella -y con el rostro de Michiel Huisman, también conocido como el Daario de ‘Juego de tronos’-, y por primera vez en muchos años siente que empieza a vivir de verdad.

Michel Huissman y Blake Lively

Hasta el instante en que los caminos de Adaline y Ellis se cruzan, ‘El secreto de Adaline’ juega con el factor sorpresa de una vida muy larga, pero en cuanto el romance arranca la previsibilidad hace acto de presencia y la película ya no resulta tan fresca.

Porque, en realidad, el idilio entre los dos protagonistas carece de interés. Al personaje de Huisman le falta carácter y a sus encuentros, chispa. Lo que anima a seguir viendo el filme es la puesta en escena, con una voz en off que recuerda a los cuentos de hadas y que acentúa, por tanto, el tono especial de esta historia; así como una Blake Lively que supera sin problemas el difícil reto de asumir el papel principal. También la curiosidad por saber más de las vidas pasadas de Adeline, vidas que, inevitablemente, colisionarán con su presente.

Ellen Burstyn y Blake Lively

Comentaba al principio que ‘El secreto de Adeline’ no defrauda, y ahora matizo que no lo hace como un conjunto. Sí es cierto, sin embargo, que algunos fragmentos son más débiles que otros, sobre todo en el último tercio de la película, del que me atrevería a decir que se salva por la presencia de Harrison Ford.

Al final, la sensación que conservas es la de haber visto un bonito drama romántico con aire a los años 50 y toque de fantasía a lo Tim Burton.

Harrison Ford en El secreto de Adeline


Nota: 5 / 10

Para recordar:

La voz en off del narrador 

Harrison Ford 

La escenografía 

La última escena en la nieve

Para olvidar:

El poco carisma de Michiel Huisman. Así cuesta creer que sea el gran amor de Adeline en sus más de 100 años de vida

Que las distintas épocas que vive Adaline no pasen factura aparente ni en su personalidad ni en su aspecto