El cine de espías clásico es tranquilo, de digestión pausada, en el que la atmósfera juega un papel esencial y los actores suelen dar lo mejor de sí mismos. Así es el cine de espías clásico, y así es también ‘El topo‘, la acertada primera incursión del sueco Tomas Alfredson (‘Déjame entrar’) en el celuloide anglosajón, que adapta una novela de John le Carré para crear un filme memorable repleto de geniales interpretaciones. ‘El topo’ cuenta una historia de espionaje en plena Guerra Fría, en un ambiente oscuro y hostil donde la lealtad a uno u otro bloque pende de un hilo. Una delicia argumental y visual para disfrutar, eso sí, con mucha atención.

En ‘El topo’, o ‘Tinker Tailor Soldier Spy’, su título original –mucho más atractivo, por cierto–, lo que menos importa es el misterio. Es decir, a Tomas Alfredson y a sus guionistas les tiene sin cuidado quién es el topo; lo que de verdad les interesa es mostrar las reacciones de distintos personajes en un escenario donde ya no queda tan claro qué bando es mejor –Occidente o la URSS– ni a cuál pertenecen las lealtades de cada uno. Ese gusto por retratar el interior de los personajes es el gran acierto de ‘El topo’, ya que aprovecha, así, un grupo actoral envidiable.

Si lo comparáramos con otro título de la temporada, aunque de trama bien distinta, podríamos afirmar que ‘El topo’ es la versión masculina de ‘Criadas y señoras‘. Si en el melodrama de Tate Taylor la baza del éxito la juegan sus actrices, estupendas prácticamente todas, en el filme de espías británico dejan huella sus actores.

Gary Oldman consigue por fin un papel protagonista donde demuestra sus cualidades interpretivas; Colin Firth se mantiene en la línea de anteriores papeles –es decir, genial–; Mark Strong y Toby Jones deslumbran con unos pocos minutos; y Benedict Cumberbatch y Tom Hardy demuestran que, además de los nuevos chicos de moda, son grandes intérpretes.

Tom Hardy en 'El topo'

Tomas Alfredson y su dirección también brillan en ‘El topo’. El sueco, que se dio a conocer con el drama vampírico ‘Déjame entrar‘ –el original, no el remake estadounidense–, refleja aquí la importancia del paisaje y el ambiente en el argumento. Lo consigue con planos como el general del archivo o el piso del edificio de enfrente, o esa habitación de color naranja, que, además, le dan un toque de elegancia al filme; así como con una prosa pausada que permite al espectador embriagarse de esa atmósfera fría y cargada de tensión.

En definitiva, la dirección artística, el maquillaje y el vestuario son tres factores a tener en cuenta a la hora de hablar de las cualidades de ‘El topo’. También la música del español Alberto Iglesias, que, una vez más, no defrauda.

Resumiendo, ‘El topo’ es cine de calidad, del clásico, del que debes ver con los cinco sentidos y con ganas de que te cuenten una historia que puedes ir saboreando poco a poco.

Gary Oldman en 'El topo'

Nota: 8 /10

Para recordar:

Gary Oldman en posiblemente el mejor papel de su carrera. 

La ambientación, con esa atmósfera gris y ese papel pintado de las paredes. 

La banda sonora de Alberto Iglesias.

Para olvidar:

Que el espectador pueda sentirse algo perdido

Que la identidad del topo no resulte un misterio. 

La historia paralela del personaje de Mark Strong, un tanto inconexa con el resto.