Un final épico para una historia poderosa, sí; pero la mejor película de toda la saga, ni de lejos. Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte II, el capítulo final de una trama que a lo largo de 7 libros y 8 películas ha atrapado a millones de personas en todo el mundo, pone un digno broche al fenómeno que ha creado, con acción a raudales, batallas espectaculares y revelaciones impactantes, pero carece de la emoción que sí tenían la mayoría de sus predecesoras, sobre todo esa ‘Parte I‘ que ahora, si cabe, nos resulta más brillante.
Antes de que sigas leyendo, un aviso: esta crítica va cargada de SPOILERS.

 
Harry, Ron y Hermione continúan la búsqueda de los Horrocruxes que necesitan destruir para poder acabar con el malvado Voldemort, una misión que les llevará de vuelta al colegio Hogwarts.
 
Quizás el hecho de que ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte II’ no me haya gustado tanto como esperaba se deba a mi inclinación por las películas tranquilas, donde los diálogos, las miradas y los planos largos dotan de enorme emoción y dramatismo a la historia -de ahí que prefiera la primera parte-. Quizás tenga su razón de ser en lo muchísimo que disfruté del libro, y en la esperanza que tenía de que David Yates, el director, me estremeciera al trasladar a la pantalla determinados capítulos, sobre todo después de admirar su trabajo en ‘Las Reliquias. Parte I‘.

Lo cierto es que ‘Las Reliquias de la Muerte. Parte II’ es la perfecta película-clímax, como he leído en alguna parte, un empacho de acción y épica que deja poco momento para la reflexión. En realidad, los acontecimientos se suceden tan rápido que en ocasiones parecen forzados, y mira que tenían tiempo -de ahí el dividir en dos filmes las más de 600 páginas de la novela- de evitar esa impresión. Forzadas son las apariciones de todos los personajes secundarios de la saga, que, aún así, se agradecen; como forzadas son también determinadas situaciones pensadas, sobre todo, para agradar al fan de los libros, como el duelo Weasley-Bellatrix.

Sin embargo, eso sí, ese ritmo acelerado salpicado con diálogos puntuales, algunos más acertados que otros -¿A qué viene el “Estoy loco por ella” de Neville?- se ralentiza en la media hora final, cuando llega el momento de los tres momentos más impactantes y estremecedores de la historia: la revelación de Snape, el encuentro en el bosque y el duelo final. Es ahí donde David Yates demuestra lo bien que se le dan las emociones, aunque ciertos pasajes resulten confusos -Snape-, y dónde, por primera vez quizás en toda la franquicia, verdaderamente nos ponemos en la piel de Harry Potter. Sentimos su miedo, su angustia y valoramos sus sacrificios, y las lágrimas, esta vez, son merecidas.

En realidad, ésta es la primera ocasión en que Harry Potter es el verdadero héroe de la historia, y donde la actuación de Daniel Radcliffe -el actor más flojo del trío- destaca sobre el resto. Ron y Hermione –Rupert Grint y Emma Watson– pasan a planos secundarios, aunque los tres comparten ese nostálgico plano final -como no podía ser de otra manera-, y, en su lugar, NevilleMatthew Lewisy el complejo Severus SnapeAlan Rickmanadquieren la relevancia que venían pidiendo a lo largo de siete películas.

En conclusión, ‘Harry Potter y las Reliquias de la Muerte. Parte II’ supone un despliegue de fuegos artificiales para decir adiós a una de las franquicias más exitosas del cine, pero ni tiene la magia que desprendía ‘El prisionero de Azkabán‘, ni crea una película redonda como en su día lo hizo ‘El cáliz de fuego‘ -consecuencia, quizás, de la división en dos partes-. En este sentido, habrá quien argumente que hay que entender este filme como la mitad de una película completa, pero si la primera parte de ‘Las Reliquias’ se bastaba por sí sola, ¿por qué no ésta?

Así, y teniendo en cuenta también que, por muy vibrante que resulte, ‘Las Reliquias de la Muerte. Parte II’ carece de la emoción y nostalgia que debería tener un capítulo final, podemos decir que supone, en cierta medida, una decepción.

Nota: 6 / 10

Para recordar:

– La música de Alexandre Desplat, confirmado ya como el mejor compositor de toda la saga.

Helena Bonham Carter haciendo de Hermione haciendo de Bellatrix.

– El cambio de escenario en comparación con el libro del final de Snape: un acierto.

– El reencuentro de Harry con sus seres queridos y el ‘Avada Kedavra’ posterior: estremecedores.

– El duelo final entre Harry Potter y Voldemort. Dejando a un lado que no se explique por qué el perdedor pierde, la puesta en escena del esperado cara a cara gana mucho en pantalla y pone un punto y final perfecto a siete años -en la ficción- de enfrentamiento.

– El plano final, antes del epílogo. No podía acabar de otra manera.


Para olvidar:


– De nuevo, el doblaje. Cines en versión original ya, por favor.

– Si la visita al Ministerio de Magia en ‘Las Reliquias de la Muerte. Parte I’ fue grandiosa, el asalto a Gringotts, igual de emocionante y peligroso en teoría, resulta muy soso. Cómo se nota que la acción se estaba reservando para el final.

– Que, tras 10 años de espera por parte de los seguidores de la saga, David Yates no encontrara un ángulo mejor para mostrar el esperado beso entre Ron y Hermione.

– Si hasta ahora no nos había emocionado, aquí la relación entre Harry y Ginny ni siquiera nos resulta creíble.

– La amalgama de imágenes, unida a un montaje acelerado, que nos cuenta los recuerdos de Snape, y que, para quienes no hayan leído el libro, debe de resultar tremendamente confusa.

-El duelo entre Molly Weasley y Bellatrix Lestrange era también uno de los momentos más anticipados, pero la manera con que se incluye en el montaje resulta tan forzada que parece hasta ridículo.