El tiempo es dinero, literalmente, en ‘In time, la apuesta por la ciencia-ficción del guionista de una de mis películas preferidas, ‘El show de Truman‘. Si en aquélla Andrew Niccol alcanzaba la perfección con su historia, en ‘In time’ consigue más bien todo lo contrario. Niccol parte de un concepto tan atractivo como el de una sociedad donde nadie envejece a partir de los 25 años, pero sólo sobreviven si consiguen ganar más tiempo, ya sea trabajando, robando o heredándolo. Esta idea, repito, tan sugerente, se plantea de manera acertada, pero pronto deriva en una serie de persecuciones y robos que van perdiendo interés a la vez que coherencia.

Relojes en la piel que indican el tiempo que te queda de vida;
personas que viven el día a día sin saber si mañana podrán conseguir más tiempo para, ni siquiera, coger un autobús; dos sociedades separadas por la cantidad de tiempo que tienen sus ciudadanos… Un montón de conceptos atractivos e inteligentes –al menos dan que pensar– que se van al garete en cuanto el héroe de la historia, Will (Justin Timberlake), cruza la frontera para descubrir el otro lado.

In time

A partir de ahí, el thriller futurista y filosófico se convierte en una cinta de acción que pretende ser muchas cosas a la vez –¿’Bonnie & Clyde’? ¿’James Bond’?– dejando su concepto inicial hecho pedazos a medida que avanza la trama. A cada minuto menos coherente, ‘In time’ carece, por si fuera poco, de un desenlace lo suficientemente intenso como para reenganchar al espectador, y cierra sus líneas argumentales -las que cierra- de manera abrupta y sin emoción.

Además, ni Justin Timberlake ni Amanda Seyfried, la pareja protagonista, transmiten el carisma que normalmente desprenden los héroes de la historia, y eso sin mencionar su estúpida historia de amor. Para colmo, quienes esperábamos que Cillian Murphy, generalmente estupendo, impidiera el naufragio, nos vamos algo decepcionados. En cuanto a Alex Pettyfer, definitivamente no tiene madera de villano.

In time

Pese a todo lo mencionado, ‘In time’ es estretenida y quizás hasta enganche a aquellos que se dejen llevar por las persecuciones y los continuas transferencias de tiempo sin pensar en fallos argumentales o lo que podía haber sido.


Nota: 4 / 10

Para recordar:

La estética de los relojes en el antebrazo.  

La breve intervención de Olivia Wilde, que aporta el momento más intenso del filme. 

(Momento hormonal) Matt Boomer y su mirada, ¿dónde se habían escondido hasta ahora?

Para olvidar:

Que una idea con tanto potencial como la del ‘tiempo es dinero’ no derivara en una película mejor

La tonta y poco creíble relación de la pareja protagonista, con escenas tantas veces vistas en otros títulos como la del baño en el mar. 

Que no queden claras del todo las intenciones del héroe

Que, para tratarse de un trabajador del gueto, Will posea habilidades típicas de James Bond

La ausencia de dramatismo en ciertas escenas clave. 

Los numerosos sinsentidos y preguntas sin respuesta del argumento: ¿por qué Will empieza su ‘venganza’ gastando su dinero en hoteles y casinos? Si resulta tan sencillo robar un banco, ¿por qué nadie lo ha hecho antes? ¿Por qué la supuesta historia secreta de su padre no se desvela? ¿Por qué el ladrón de tiempo acaba siendo tan estúpido?