Kingsman: Servicio Secreto‘ (2014) es al cine de espías lo que ‘Kick-Ass. Listo para machacar‘ (2010) es al de superhéroes. No en vano, ambos títulos están basados en cómics escritos por Mark Millar y dirigidos por el efectista Matthew Vaughn. Pero aunque el tono gamberro, la parodia velada o la violencia explícita sirvan de señas de identidad para cada uno de los dos filmes, el primero no alcanza la satisfacción que produce el segundo. Quizás se debe a que a estas alturas ya hemos vistas demasiadas revisiones en tono de comedia de las historias de James Bond, o a que la frescura de la cinta emana sólo de la puesta en escena y no también del argumento. Por una u otra razón, los Kingsman de Matthew Vaughn entretienen y arrancan alguna que otra sonrisa cómplice, pero no te dejan con muchas ganas de más como sí lograba la hazaña de Kick-Ass y compañía.

La película de Matthew Vaughn está basada en el conjunto de historietasEl secreto servicio‘ de Mark Millar y Dave Gibbons (el ilustrador de Watchmen‘). La idea de una serie de espías surgió, de hecho, cuando Vaughn y Millar hablaban sobre ‘Casino Royale’, película de James Bond, en una pausa del rodaje de ‘Kick-Ass’. Al parecer, Millar se preguntaba por qué nunca se mostraba el entrenamiento de Bond para convertirse en el letal agente 007.

Taron Egerton en Kingsman: Servicio Secreto

Y esa es, precisamente, la trama principal de ‘Kingsman: Servicio Secreto’: la conversión de un problemático joven de una barriada londinense en un elegante espía prácticamente invencible. En este punto todos sabemos lo bien que funcionan los entrenamientos en televisión. De hecho, las películas de superhéroes que más gustan suelen ser aquellas donde el héroe descubre sus habilidades.

Sin embargo, en el filme de Vaughn el adiestramiento queda relegado a un segundo plano porque lo que importa es el funcionamiento interno de ese grupo de agentes secretos, con sus gafas electrónicas, sus zapatos letales y sus paraguas protectores. Es más, con el actor Colin Firth en pantalla, el paradigma del gentleman británico, el interés del espectador se concentra en su atractivo y su carisma. En cómo no pierde las formas antes de participar en una pelea de bar, o cómo convence a su pupilo de que la ‘escuela de espías’ es la solución a sus problemas.

Lo cierto es que el casting de ‘Kingsman’ es todo un acierto. Firth, pero también Mark Strong, Jack Davenport y Michael Caine, son auténticos gentlemen a quienes imaginamos conquistando con sus modales y su inteligencia. La personalidad opuesta, en nuestro imaginario colectivo, al ultramoderno y malhablado Samuel L. Jackson, que aquí ocupa el rol del villano. Todos encajan perfectamente en sus papeles.

Colin Firth en Kingsman: Servicio Secreto

Pero el héroe de esta historia no es ninguno de ellos, sino el desconocido Taron Egerton, quien sin duda también borda su personaje de chico perdido metido a salvador del mundo. Pero, como digo, su trama no tiene el protagonismo que debería al nadar entre tanta estrella del cine.

Al final, lo más destacado de esta nueva adaptación de un cómic diferente (diferente a la mayoría) es la puesta en escena. Movimientos bruscos de cámara, velocidad lenta, efectos visuales con mucha comicidad que resultan agradecidos, violencia explícita… dejan para el recuerdo secuencias impresionantes como la que sucede en el interior de una iglesia.

Así, si no eres especialmente escrupuloso, te agradan las buenas formas y te gustan las versiones modernas de historias clásicas, ‘Kingsman: Servicio Secreto’ te hará pasar un buen rato.

Taron Egerton y Michael Caine


Nota: 6 / 10

Para recordar:

Colin Firth es el Kingsman perfecto

La secuencia en la iglesia

La original destrucción de los chips en el búnker

Para olvidar:

Que ya hemos visto muchas historias de espías y revisiones del género como para dejarnos impresionar por su aparente frescura

La sensación de que el entrenamiento de los agentes se podía haber aprovechado mejor