A sólo un mes de la noche de los Oscar, me resulta inevitable comenzar esta crítica hablando de la posición que la película ocupa en la carrera por el premio más mediático del cine. Y es que estamos ante la nueva favorita. La gran apuesta‘ (‘The big short’) entró de manera silenciosa en la competición, sin aspavientos ni grandes reivindicaciones, y poco a poco se fue colando entre los nominados a los distintos premios que la industria lleva entregando desde hace ya varios meses. Su nombre, sin embargo, apenas se ha escuchado entre los ganadores de esos reconocimientos, hasta que la semana pasada el gremio de productores nombraba ‘La gran apuesta’ la mejor película del año. Un galardón, el PGA Award, que en 12 de los últimos 16 años ha recaído en el filme que más adelante ganaría el Oscar. Así pues, el debut en el drama de Adam McKay, director de un buen puñado de comedias protagonizadas por Will Ferrell, es la película en la que están puestos todos los ojos. Una película basada en hechos reales que nos cuenta, de forma amena pero desde una perspectiva crítica, el inicio de la crisis económica que a día de hoy seguimos padeciendo.

“Saints don’t live on Park Avenue”
(Los santos no viven en Park Avenue)
Cynthia Baum (Marisa Tomei)

‘The big short’ narra la historia de tres visionarios que advirtieron antes que nadie la volatilidad del aparentemente solvente mercado inmobiliario sobre el que se sustentaba la economía financiera del país, o, lo que es lo mismo, la explosión de la burbuja inmobiliaria que dejó a millones de personas sin hogar, decenas de bancos en quiebra y se extendió por el mundo capitalista.

Christian Bale es Michael Blurry

Pero, a diferencia de lo que uno pueda creer tratándose de una historia ‘made in Hollywood’ con grandes estrellas en su reparto, el filme no nos habla de los héroes que intentaron avisar de la hecatombe y ponerle remedio, sino de empresarios ambiciosos que vieron en la caída del sistema una oportunidad única para hacerse de oro.

Hay una escena clave hacia el final de la película, en el marco de una conversación telefónica, en la que el mensaje de los guionistas McKay y Charles Randolph (nominados al Oscar) queda claro: lo que importa en Wall Street, y por ende para cualquiera que se mueva en ese mundo, es el dinero, venga de donde venga y suponga lo que suponga.

De poco valen los esfuerzos por luchar contra el sistema o el control de unas instituciones por otras, al ser humano lo que más le importa es uno mismo.

Finn Wittrock y John Magaro

La puesta en escena

Esta crítica para nada velada al sistema capitalista, la ambición de los poderosos y la impunidad de los bancos llega de manera más fácil y acertada gracias a la estructura de ‘La gran apuesta’:

  • su montaje con apariencia de caótico (también nominado),
  • las llamativas y efectivas explicaciones de términos financieros por parte de rostros conocidos (revelar su identidad sería espoiler)
  • y la facilidad con que los personajes rompen la cuarta pared (la pared invisible que les separa de nosotros) para dirigirse directamente al público.

Con esos recursos el filme no sólo se posiciona de forma más clara en contra de una actitud (la ambición desmesurada), sino que el conjunto resulta lo suficientemente original, fresco y dinámico como para cautivar a cualquier espectador con unos mínimos, mínimos, conocimientos de economía (básicamente se requiere tener sentido común y saber lo que es una hipoteca).

Steve Carrell y Ryan Gosling

Los personajes

En ‘La gran apuesta’ los personajes se mueven guiados por motivaciones distintas, pero en el fondo lo que todos buscan es hacerse ricos, o ayudar a otros a aumentar su riqueza. Desde el extravagante Michael Burry a quien da vida Christian Bale (el único actor nominado al Oscar de la cinta; por un papel breve pero intenso) hasta el leal Ben Rickett de Brad Pitt (también productor del filme).

Y el espectador, enganchado por la simpatía que desprenden estos personajes (sobre todo el Mark Baum de Steve Carrell, probablemente el mejor papel en cine de este actor), quiere que logren su objetivo. Por supuesto.

Podemos calificarla de drama crítico, cinta de suspense o comedia enmascarada, pero en lo que todos estaremos de acuerdo es en que ‘La gran apuesta’ proporciona la explicación más visual y llamativa del por qué de la crisis económica. Y no deja indiferente.

Brad Pitt, productor de la cinta, se reserva un papel mínimo


Nota: 8 / 10

Para recordar:

La habilidad de Christian Bale para transformarse con credibilidad en cualquier personaje (en este caso, el antisocial Michael Blurry)

El acierto de casting de Ryan Gosling (difícil imaginar a otro actor para su personaje)

Lo cercano que resulta Steve Carell 

Los cameos sorpresa que explican con ejemplos claros de qué va el asunto

La puesta en escena 

El montaje 

El estilo gamberro de Adam McKay, que ayuda a hacer la historia digerible

Para olvidar:

La facilidad con que uno puede perderse en los detalles de la trama (si no presta la suficiente atención)

Curiosidades:

Segunda adaptación de la productora de Brad Pitt (Plan B) de una novela de Michael Lewis -la anterior fue Moneyball (2011)-

Carell, Gosling y Tomei repiten juntos después de ‘Crazy stupid love‘ (2011)