Comentar resulta sencillo cuando todo lo que se te ocurre son palabras negativas, y viceversa: cuanto más te gusta una película más difícil encontrarás hablar de ella. Ese es mi caso, sobre todo, cuando la película en cuestión es un filme absorbente, frenético y con un cuidado uso de la música que me atrapa por sus personajes y sus diálogos mientras la trama pasa a un segundo plano. Es decir, una especie de atracción de feria que se disfruta independientemente de si el viaje tiene sentido o no. Me sucedió con ‘El lobo de Wall Street‘, esa salvaje maravilla de Martin Scorsese; y ha vuelto a ocurrirme con ‘La gran estafa americana’, otra historia de excesos que pone de relieve lo bien que se le da a David O. Russell dirigir a sus actores.

Christian Bale, Amy Adams y Bradley Cooper, el triángulo protagonista


‘La gran estafa americana’ (American hustle). EE.UU. 2013.
Dirección:
Guión: y


Reparto: , , , , y .
Dos estafadores, Irving Rosenfeld (Christian Bale) y Sydney Prosser (Amy Adams), se ven obligado
a trabajar para un tempestuoso agente del FBI, Richie DiMaso (Bradley
Cooper). DiMaso les arrastra al mundo de la política y la mafia de Nueva
Jersey, que es tan peligroso como atractivo.

‘La gran estafa americana’ sigue a una pareja de estafadores, geniales Christian Bale y Amy Adams, desde sus inicios al margen de la ley hasta que un agente del FBI, divertidísimo Bradley Cooper, les pilla con las manos en la masa y les obliga a colaborar con él para destapar a políticos corruptos. La trama se inspira en sucesos reales y ofrece intriga, sorprendentes giros argumentales y una moraleja sobre los límites de la ambición y la ética de la corrupción.

Pero aunque su argumento engancha desde el arranque, lo que de verdad atrapa de esta película hasta al punto de situarla en todas las listas de las mejores cintas de 2013 es la interacción entre sus actores. Por un lado tenemos las interpretaciones, maravillosas, divertidas e inolvidables todas ellas, desde una Amy Adams cuyo magnetismo traspasa la pantalla, siguiendo por una Jennifer Lawrence loquísima y un Bradley Cooper inaudito, hasta llegar a un Christian Bale que a pesar del peluquín y el sobrepeso sigue desprendiendo el carisma propio de Batman.

Jennifer Lawrence y Amy Adams, dignas ganadoras de sus respectivos Globos de Oro

Luego están las escenas que cruzan a los personajes, con diálogos que al parecer son en su mayor parte resultado de la improvisación, y con tanta electricidad que entran ganas de verlas una y otra vez. Bradley Cooper y Amy Adams bailando, Christian Bale convenciendo al personaje de Jeremy Renner para que coja el maletín con el dinero, Bale y Jennifer Lawrence discutiendo en la habitación, Bradley Cooper burlándose de su superior…

Al final, ‘La gran estafa americana’ se convierte en un viaje sin rumbo claro con multitud de paradas, a cada cual más atractiva y electrizante. Un viaje donde la dirección de David O. Russell y ese acertado uso de la música (que recuerda inevitablemente al cine de Tarantino) hacen del trayecto un verdadero disfrute.

Amy Adams y Christian Bale, una gran pareja en la pantalla

Se nota que tanto director como actores se sienten cómodos trabajando juntos. Y el buen rollo se contagia a los espectadores que, a pesar de la extensión del metraje, se quedan con ganas de más.

Y llegados a este punto me quedo sin palabras. Porque cuando una película como ‘La gran estafa americana’ se disfruta tanto lo que apetece, irónicamente para un blog de cine, no es hablar de ella, sino volver a verla.

‘La gran estafa americana’ es una fiesta
Nota: 8 / 10

Para recordar:

  • Los actores, en este orden: Amy Adams, Jennifer Lawrence, Christian Bale y Bradley Cooper
  • La escena de la pelea en la habitación entre Irving (Bale) y Rosalyn (Lawrence): surrealista. 
  • La escena de la mofa a su jefe por parte de Richie (Cooper). 
  • El uso de la música
  • El estilo de Amy Adams: vestidos, peinados, todo.

Para olvidar:

  • Excesivo metraje que puede hacer que te pierdas en la trama. 
  • ¿Esa es la resolución al conflicto con los gángsters? ¿Así de simple?