Cuentan en los foros sobre La modista‘ (2015) que se trata de un ‘auténtico filme australiano’, cualquiera que sea el significado de ese calificativo. A mí, que apenas he visto un par de producciones procedentes de las Antípodas y por lo tanto desconozco a qué se refieren los foreros, la película de Jocelyn Moorhouse me ha recordado al humor negro de los hermanos Coen y, sobre todo, me ha dejado sensaciones muy positivas. A medio camino entre la comedia, el surrealismo, el romance y la tragedia, la historia de Myrtle Dunnage, Tilly, una modista que regresa al pueblo natal del que fue expulsada cuando contaba sólo 10 años, seduce con pasmosa facilidad. Cierto es que con la brillantísima Kate Winslet en el rol principal la partida estaba prácticamente ganada desde el principio, pero es que ‘La modista’ guarda más tesoros: el carisma de Judy Davis; el redescubrimiento de Hugo Weaving; el ambiente de western; el vestuario, por supuesto….

 “- A dress can’t change anything
– Watch and learn, Gertrude, watch and learn”
(Un vestido no puede cambiar nada / Mira y aprende, Gertrude, mira y aprende)
Gertrude Pratt y Tilly Dunnage (Sarah Snook y Kate Winslet)

El filme de Jocelyn Moorhourse es, después de la oscarizada ‘Mad Max: Furia en la carretera‘ (George Miller), el trabajo más galardonado de la producción australiana del último año. Los actores Kate Winslet, Judy Davis y Hugo Weaving, así como los modelos propios de la alta costura que luce el reparto, se han llevado el mayor número de reconocimientos.

La película adapta la novela de Rosalie Ham de mismo título, un trabajo que se presenta como una historia gótica y que, tras haber visto la película, se me antoja absolutamente deliciosa.

Porque aunque el filme de Moorhouse me haya entretenido de principio a fin, me he quedado con ganas de saber más de Dungatar y sus gentes y, además, tengo la sensación de que muchos capítulos del libro no han dado el salto a la pantalla. Esto es algo habitual en cualquier adaptación, pero en este caso es como si los engranajes que habrían hecho de ‘La modista’ una película completa, en la que todo encaja y nada sobra, se hubieran quedado en las páginas de la novela.

Dungatar en La modistaSecretos

La trama de ‘La modista’ arranca con la llegada de Myrtle Dunnagan, Tilly (Kate Winslet), al pueblo de Dungatar. Ha acudido a visitar a su madre, a quien los vecinos conocen como la loca Molly (Judy Davis). Llevan sin verse 20 años, desde que Tilly fue trasladada a un internado tras ser acusada del asesinato de otro niño. Ella no recuerda qué sucedió exactamente aquel día, pero está convencida de que es inocente, y no va a abandonar Dungatar hasta que averigüe la verdad.

En este rincón perdido de la Australia rural habita un grupo de personajes cuanto menos peculiares. Con sus debilidades, sus secretos y sus ambiciones, todos se ven influenciados de una u otra manera por la llegada de Tilly al pueblo. El descaro de la mujer, su valentía y las arriesgadas creaciones que obtiene de su máquina de coser no dejan indiferente a nadie.

Kate Winslet en La modista

Combinación desequilibrada

El retrato de ese recóndito lugar llamado Dungatar supone, tras el magnífico duelo interpretativo que se marcan Davis y Winslet como madre e hija, la principal razón para no perderse ‘La modista’. Resulta tan extravagante (en una mezcla entre los universos de los hermanos Coen y Tim Burton) que es imposible apartar la vista. También cómico y las sonrisas cómplices no faltan; pero asimismo trágico hasta el punto de desatar un torrente de lágrimas.

Es la combinación entre lo estrambótico, lo divertido y lo dramático, encajada en este pueblo que parece salido del lejano Oeste, lo que define el tono de ‘La modista’. El problema (y quizás el motivo por el que la crítica no ha salido convencida del cine) es que el balance entre las distintas partes de la combinación no está equilibrado.

Nada más arrancar, ‘La modista’ se presenta como un trabajo de cine negro ambientado en la Australia rural, pero enseguida se decanta por la clave de humor y muy pronto cae en los tópicos de la comedia romántica. Es en la segunda mitad cuando el relato adquiere un tono más oscuro, pero nunca lo suficientemente oscuro como para desprenderse del aroma a historia romántica o comedia sobre la redención.

Judy Davis, Sarah Snook y Kate Winslet
Reparto sobresaliente

Creo, por lo tanto, que Jocelyn Moorhouse tenía en mente una película que no es la que finalmente vio la luz (que, por cierto, tardó unos 15 años en hacerlo). Aun así, contar con Kate Winslet, Judy Davis, Hugo Weaving e incluso Liam Hemsworth, ha sido garantía de éxito.

Con respecto a este último, mucho se ha hablado de la evidente diferencia de edad entre él y Kate Winslet (14 años), pero en mi opinión ese ‘abismo’ no supone interferencia ninguna al romance que viven los dos personajes. El australiano y la británica tiene química y resultan convincentes. Otra historia bien distinta es que el guion se empeñe en afirmar que los dos personajes se conocían de niños, pero ése es un detalle que podemos obviar.

La mayor sorpresa, para mí, ha sido volver a ver a Hugo Weaving en un papel con carácter bastantes años después de ‘Matrix (1999). El intérprete está divertidísimo, sobre todo cuando tiene ropa femenina cerca, pero también aporta un punto melancólico que lo hace muy entrañable.

Hugo Weaving en La modista

Atrapa

Son los actores los principales artífices de que ‘La modista’ te atrape hasta el final pese a sus difíciles equilibrios y una materia prima argumental brillante que podría haberse aprovechado quizás un poco mejor.

Con todo, Jocelyn Moorhouse nos ofrece un filme ameno, gamberro, triste, romántico… que representa el auténtico cine australiano, cualquiera que sea el significado de ese calificativo.

Liam Hemsworth y Kate Winslet

 


Nota: 6 / 10

Para recordar:

El duelo interpretativo entre Kate Winslet y Judy Davis

La elección del reparto

La recreación de Dungatar, la población rural en la que se desarrolla la acción

La transformación de Gertrude (Sarah Snook)

Las creaciones de haute couture que en la ficción cose Tilly pero en realidad están diseñadas por Marion Boyce y Margot Wilson

Para olvidar:

Compramos el romance, ¿pero quién se cree que Tilly y Teddy se conocieran de niños cuando los 14 años de diferencia entre Kate Winslet y Liam Hemsworth son evidentes?