‘La teoría del todo’ es el clásico biopic que cada año suele pasarse por la cartelera con ganas de arrasar en la temporada de premios. En esta ocasión, el protagonista del relato es el famoso astrofísico Stephen Hawking, más de moda que nunca debido a la campaña internacional contra la enfermedad de la neurona motora, el ELA, de la que él es el ejemplo más conocido (y también el más raro porque contradice la corta esperanza de vida característica de esta patología). Como decía, la película es el clásico biopic destinado a encoger corazones, pero con matices que la hacen diferente: por un lado, la dirección de James Marsh, que aporta frescura a una historia conservadora; y por el otro, la interpretación de Eddie Redmayne en la piel del científico que va mucho más allá de una potente actuación dramática.

Lo que consigue Eddie Redmayne es en cierta manera inaudito. Porque hemos visto muchas, y muy acertadas, transformaciones físicas en la gran pantalla, pero pocas como la del británico. No sólo ladea la cabeza, fuerza la voz y se encoge en la silla de ruedas con pasmosa credibilidad; sino que en esa posición es capaz de transmitir un cúmulo de sensaciones valiéndose únicamente de su mirada.

Y cuando en cierta escena se levanta de la silla y uno se da cuenta del cambio que experimenta el actor, resulta inevitable sentir una gran admiración.

Eddie Redmayne en La teoría del todo

Pero, con cierta ironía ya que la transformación de Redmayne es sin duda la gran baza de este filme, ‘La teoría del todo’ no habla tanto de Stephen Hawking como de su mujer, Jane. No en vano, el guión que escribe Anthony McCarten adapta el libro de memorias escrito por la primera señora Hawking.

Y la cámara de James Marsh nos pasea por sus complicada vida al lado del científico, desde la curiosidad de los primeros encuentros hasta la resignación de los últimos años. En todas y cada una de esas fases, la actriz Felicity Jones irradia una determinación y una fuerza que la convierten al instante en la heroína de esta historia. Es ella quien carga el peso dramático del relato (maravillosamente, por cierto), ya que el guión se deleita en aquello que Jane deja atrás por estar junto a su marido y cuidar de él.

Felicity Jones en La teoría del todo

En definitiva, ‘La teoría del todo’ habla de la generosidad del amor. Sin situaciones forzadas ni pretensión de hacernos llorar a mares, sino con sutileza y la contención de dos personajes que se crecen ante la adversidad.

Por eso, lo que fácilmente podía haber sido un melodrama olvidable se erige en una bonita historia dramática digna de nuestra atención y de todos los premios que le están cayendo desde sus primeras proyecciones. Y si James Marsh no la hubiera dirigido, las posibilidades de alcanzar ese prestigio habrían sido menos.

Felicity Jones y Eddie Redmayne en La teoría del todo

Porque el británico sabe qué enseñar y qué no para captar nuestro interés, innova cuando el guión lo permite y ofrece ese toque de frescura que mencionaba al principio y que siempre se agradece en un género tan manido como el del melodrama con historia de superación personal (y científica) de por medio.

Sin embargo, a ‘La teoría del todo’ le falta algo para conquistarnos de por vida. Quizás es esa sensación de conclusión que no tiene, o lo poco que ahonda en la enfermedad y los logros del profesor Hawking, o su previsibilidad. No obstante, se ha ganado el hueco entre los títulos recomendables de este año.

Eddie Redmayne es Stephen Hawking


Nota: 7 / 10

Para recordar:

La transformación de Eddie Redmayne y la empatía de Felicity Jones

La banda sonora de Jóhann Jóhannsson

Para olvidar:

Que se pierda la oportunidad de contribuir a la campaña por la investigación contra la ELA