Nunca he terminado de entender la devoción que la Academia de Hollywood siente por Alexander Payne ya que sus trabajos, especialmente ‘Los descendientes’, suelen dejarme bastante fría. Por eso, ver ‘Nebraska’, el último filme del director por el que, una vez más, vuelve a estar nominado al Óscar, ha sido una delicia y una sorpresa. Esta road-movie familiar es la película más emotiva, divertida e inteligente que he visto en los últimos meses. Una maravilla fílmica que brilla en su puesta en escena (sí, con ese blanco y negro que aporta el ambiente preciso a la historia), en la terura de sus personajes y, sobre todo, en el ingenio de un guión que te provoca una sonrisa de principio a fin.

‘Nebraska’ habla de la familia Grant y, con cada nuevo miembro que conocemos, más nos enganchamos a su círculo. Pero el protagonista de esta aventura (porque, al fin y al cabo, el filme de Payne es una aventura con sus héroes, princesas y villanos) es Woody, un anciano alcohólico que sufre algún tipo de demencia y que se empeña en viajar hasta Lincoln, en Nebraska, para cobrar el millón de dólares que una sospechosa carta le asegura que ha ganado.

La carta, por supuesto, es falsa, un timo más con el que una empresa espera conseguir suscripciones a sus revistas. Pero Woody hace oídos sordos a las advertencias y las súplicas de su mujer e hijos y logra convencer al pequeño de ellos para que le acompañe en el estrambótico viaje. El hijo, a quien da vida un convincente Will Forte, acepta con la iusión de pasar más tiempo junto a un padre que apenas conoce, y, al final, lo que parecía ser una road-movie en busca del millón de dólares se transforma en una road-movie en busca de la paz familiar, de la comprensión del otro y la aceptación de que las cosas no siempre se pueden cambiar.

Las reuniones familiares a veces traen sorpresas

Inteligencia, ternura y humor

A diferencia de muchísimas otras road-movies o melodramas de rencillas familiares, el guión de Bob Nelson se salta todos los tópicos que encuentra por el camino, como podrían ser los celos entre hermanos, un romance de carretera o una sorpresa relativa al milón de dólares. Así, se las ingenia para contarnos una historia distinta, lo cual, en estos días, es reseñable.

Además, su guión rebosa inteligencia, ternura y mucho, mucho humor. Los momentos que esta espectadora se ha echado a reír en una sala de cine son más bien escasos, pero con ‘Nebraska’ ha sucedido al menos en dos ocasiones (las dos, curiosamente, con la participación de June Squibb).

Los Grant en una de las escenas más divertidas de la película

Ritmo pausado

Con un guión tan brillante, era difícil que Alexander Payne, rey de las comedias melodramáticas, no realizara una buena película. Pero es que su trabajo al frente del proyecto convierte lo que podía haber sido una simple buena película en una auténtica joya del séptimo arte que hoy alabamos y que dentro de unos años seguiremos recordando.

Puede, incluso, que de los 9 títulos que esta temporada aspiran al Óscar, en un par de años sea ‘Nebraska’ el que mejor recordemos (aunque ‘El lobo de Wall Street’ y ‘Gravity’ también pisan fuerte).

Alexander Payne se toma su tiempo para que conozcamos a los personajes, nos deleita con alguna que otra bonita imagen de los paisajes de ‘Nebraska’ (excelente la fotografía de Phedon Papamichael) y, sobre todo, le da a la historia el ritmo pausado que tienen las rutinarias vidas de los protagonistas.

En ‘Nebraska’ no caben las prisas por abrir y cerrar un diálogo ni sobran las escenas aparentemente intrascendentes. Todos los personajes tienen relevancia en un momento u otro, como en la vida real, y las grandes hazañas no suceden de un día para el siguiente, sino que se van fraguando con tiempo y en situaciones anodinas.

Bruce Dern es Woody Grant

La cámara de Alexander Payne se adapta a la historia de Woody Grant con facilidad y eso que, por primera vez, el realizador dirige un guión que no ha escrito él mismo. El resultado, acentuado por la melódica música de Mark Orton y un blanco y negro acertadísimo que le resta importancia al lugar para concedérselo a los personajes, es una película aparentemente intrascendente y anodina que enamora de pies a cabeza.

Adorables

‘Nebraska’ tiene fuerza narrativa y visual, pero no resultaría tan memorable sin el buen hacer de sus actores. Bruce Dern ganó una merecida Palma de Oro en el último festival de Cannes por meterse en la piel del ilegible Woody Grant; el cómico Will Forte demuestra que puede cargar con el peso de un drama sobre sus hombros; y June Squibb hace de Mrs. Grant una mujer adorable y robaescenas, quien, si por mí fuera, ganaría el Óscar a la mejor actriz secundaria el próximo 2 de marzo.

El resto consigue inspirarnos ternura a pesar de que en el primer encuentro no despierten nuestra simpatía (como los gemelos), y ello es prueba de trabajo bien hecho.

Ingeniosa, emotiva, preciosa… ‘Nebraska’ es, ante todo, una película imprescindible que todo el mundo debería ver. No sólo para despertar el sinfín de sensaciones que provoca el filme de Alexander Payne, sino también para recordar cómo se hacen las obras maestras del cine.

Bruce Dern y June Squibb

Nota: 9 / 10

Para recordar:

Bruce Dern y June Squibb en unos personajes rebosantes de ternura.

Que el guión consiga esquivar los tópicos del género ‘road-movie familiar’: tensiones entre hermanos, giro sorpresa, redención final…

La banda sonora de Mark Orton.

Para olvidar:

Que en algunos foros surjan quejas por ser en blanco y negro, como si ello mermara la calidad de una película. A esos críticos les preguntaría: ¿y qué hay de los grandes clásicos como ‘El apartamento’? ¿No están rodados en blanco y negro?