Recuerdo que cuando era pequeña tenía una ‘Biblia para niños’ en casa que soía leer para entretenerme. Y reuerdo que por más cálculos que hiciera, nunca me salían las cuentas de que los hijos de Adán y Eva hubieran poblado el mundo entero. Era la gran pregunta que el libro sagrado del Cristianismo no lograba despejar, la misma que ha vuelto a alojarse en mi mente tras ver Noé‘, ese intento por resucitar (palabra muy apropiada) el género bíblico con factura de superproducción. Y que el poso que me deje una película se reduzca a esa cuestión sin respuesta posible dice muy poco, a mi entender, del filme en cuestión.

La obra de Darren Aronofsky es arrogante en extremo, incluso pedante, a veces ridícula y sobre todo aburrida. Nada que merezca la pena.

Se defendía Darren Aronofsky de los críticos asegurando que había respetado las Escrituras, cuando quizás hubiera tenido mayor éxito si hubiera optado por una adaptación más arriesgada. Porque, al fin y al cabo, la historia de un hombre que construye un arca para alojar a todos los animales del planeta no suscita gran interés, aparte de que resulta estúpida (¿cómo mantuvieron a los animales dormidos tanto tiempo y sin alimentarse? Esta es otra gran pregunta que ‘la palabra de Dios’ no va a responder).

Cierto es que el conflicto interior que sufre el protagonista cuando se ve obligado a acabar con la vida de las dos mujeres que permitirán la continuidad de la raza humana en el mundo (siguen sin salirme las cuentas…) aporta drama y tensión a un relato ridículo, pero a esas alturas, cuando el arca ya surca los mares del holocausto bíblico, poco interesan los dilemas del viejo Noé. Mucho menos cuando uno de los implicados, el hijo mayor del patriarca, ejerce de mera sombra del personaje de Emma Watson, uno de los pocos ingredientes válidos, sin duda, de esta fantochada.

Emma Watson y Douglas Booth

La trama anterior al diluvio universal ni engancha ni apenas entretiene, y eso que llega cargada de los añadidos obligados de cualquier superproducción norteamericana como son los seres creados digitalmente (¿alguien más se acordó de ‘Transformers’?) o la clásica batalla bajo la lluvia. Pero es que a pesar de los intentos del equipo artístico por hacer de la película un entretenimiento visual, la testarudez de Noé (un Russel Crowe en su desechable linea reciente), la tonta presencia de Nostradamus y la escasa credibilidad de un relato extraído de la Biblia arruinan el producto final.

Russell Crowe

Por mucho que la batalla entre el bien y el mal que se empeña en mostrar Aronofsky tenga potencial para la reflexión post-sala.

Aunque, si toca volver a ver ‘Noé’ (o hacerlo por primera vez) siempre se salvarán los bellísimos paisajes tan imposibles como el propio relato.

El arca de Indiana Jones era más interesante

Nota: 3 / 10

Para recordar:

Emma Watson, un diamante aún por descubrir. 

El dilema: extinguirse o sobrevivir.

La complejidad de Noé.

Para olvidar:

Su pretencionismo.

Las lagunas del guión.

La presencia anecdótica de los secundarios: Ray Winstone, Douglas Booth.

Preguntas sin respuesta:

La historia completa.