David Fincher es un maestro del suspense. Pero nunca su estilo se había acercado tanto al del auténtico rey del género, Alfred Hitchcock, como en Perdida. La historia de la extraña desaparición de Amy Dunne es inteligente, perversa y te sorprende a cada paso. Parte del mérito del impacto que produce se debe a Gillian Flynn, la escritora que concibió el relato (un best-seller en Estados Unidos) y que también firma el guión. Pero Fincher lo lleva a escena de manera sublime y logra que el metraje de más de dos horas y media de duración pase como una exhalación. Es más, al espectador le cuesta unas cuantas horas más desprenderse de la inquietud que provoca la película.

Resulta complicado hablar de ‘Perdida’ sin desvelar demasiados detalles de su argumento, por lo que seré breve. La trama presenta a un matrimonio idílico en apariencia, el que forman Nick y Amy Dunne. Pero cuando ella desaparece sin dejar rastro, Nick se convierte en el centro de todas las miradas. Su actitud tranquila desconcierta a la gente y las pistas que van surgiendo apuntan en su dirección. A partir de ahí, la desapareción de Amy pasa a ser un circo mediático donde el público se toma la libertad de juzgar a Nick sin que concluya la investigación.

Los Dunne: las apariencias engañan

Todo esto sucede en una atmósfera cargada de tensión donde uno intuye que puede suceder cualquier cosa. Y… así es. Porque si por algo se caracteriza el guión de ‘Perdida’ es por su imprevisibilidad o, dicho de otro modo, su capacidad de sorpresa.  Nada es lo que parece y cada nuevo hallazgo conduce a otra vuelta de tuerca de la historia. Pero la turbación que produce se mantiene intacta.

Turbación motivada por el ambiente que crea la película y también por los hechos. Porque ‘Perdida’ no se corta un pelo en sacar a la luz miserias, ya sean las del matrimonio, los medios de comunicación o el ser humano en general.

Nick Dunne (Ben Afleck), sometido a interrogatorio

El brillo de las estrellas

Su trama retorcida no surtiría el mismo efecto de no ser por Ben Affleck y Rosamund Pike. Hay quien dice que ambos interpretan en ‘Perdida’ los mejores papeles de su carrera y si en el caso de ella creo que es cierto, de Ben Affleck tengo mis dudas. Aunque he de reconocer que el actor nunca explotó tan bien la indiferencia que casi siempre ha caracterizado a sus personajes como en este filme. Y nunca su sonrisa pudo resultar tan molesta como aquí.

Pero la estrella de ‘Perdida’ no es Affleck, sino Rosamund Pike. La británica bien podría haberse convertido en la última musa de Hitchcock sin le hubiera tocado vivir otro tiempo. Lo tiene todo: rostro impenetrable, belleza delicada y un amplio registro que utiliza eficazmente a las órdenes de Fincher.

Si ya has visto ‘Perdida’, no te sorprenderá en absoluto que Pike sea una de las favoritas al Óscar a la mejor actriz de este año y que de hecho ya haya cosechado varios premios y nominaciones. Lo cierto es que, estudiándolo en frío, el personaje de Amy Dunne es un caramelo para cualquier actriz.

Obra de culto

Del mismo modo que la adaptación de la novela era un dulce para cualquier realizador. Pero quizás sólo Fincher podía darle ese toque perverso e inquietante que tan bien le sienta a la historia. Hoy ‘Perdida’ ha conquistado a la crítica y al público pero no se quedará ahí. Tiene todas las papeletas para que en unos años los espectadores la consideren una película de culto del género del suspense.

Rosamund Pike en Perdida


Nota: 8 /10

Para recordar:

Que Rosamund Pike por fin haya conseguido un papel que la hage brillar y destacar entre las estrellas de Hollywood.

Un descubrimiento: Carrie Coon.

Para olvidar:

El tramo final se alarga en exceso.

Cabos sueltos.