¿Cómo transcurría la vida de un cantante de folk en el Nueva York de los años 60? Es la pregunta que se hacen los hermanos Coen en su último trabajo, A propósito de Llewyn Davis, y la respuesta que nos proponen habla de una rutina de conciertos malpagados, encuentros y desencuentros con colegas y muchas noches durmiendo en sofás ajenos. Una rutina que, pese a su rollo bohemio y el glamour que puede desprender el oficio del artista, no es más que eso, una rutina. O, dicho de otro modo, una ruleta donde todo vuelve a su punto de partida. Con reflexión incluida, ‘A propósito de Llewyn Davis’ es una película bellísimamente filmada y con un guión plagado de humor y pesimismo que demuestra, por si no estaba claro, por qué los Coen son unos de los directores más admirados de la década.

Oscar Isaac es Llewyn Davis

‘A propósito de Llewyn Davis’ (Inside Llewyn Davis). 2013. EE.UU.
Dirección: Joel y Ethan Coen
Guión: Joel y Ethan Coen
Reparto: Oscar Isaac, Carey Mulligan, Justin Timberlake, Ethan PhillipsAdam DriverJohn Goodman y Garrett Hedlund.
Nueva York, año 1961. Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un joven cantante de folk que vive de mala manera en el Greenwich Village. Con su guitarra a cuestas, sin casa fija y sin apenas dinero durante un gélido invierno, Llewyn lucha por ganarse la vida como músico

‘A propósito de Llewyn Davis’ desprende ese aroma a pesimismo bohemio y rebeldía que caracterizaba al ambiente en el que se movían los artistas que, como Llewyn Davis, se ganaban a duras penas la vida mientras esperaban una oportunidad para triunfar. En realidad, esa tensa espera es una constante en la trayectoria del músico vocacional de antes y de ahora, pero en el Nueva York gris y frío que muestra la película de los Coen adquiere de pronto una gran belleza.

Belleza que viene dada por la sublime fotografía de Bruno DelBonnel y esos colores otoñales que inundan el paisaje. Pero que se acentúa con una buena historia que reproduce el día a día de un músico folk sin blanca y con la intención de mantenerse fiel a sus principios cueste lo que cueste.

Llewyn Davis vive una huida continua de la desesperación

Llewyn Davis es ese músico que, acompañado por su guitarra, recorre las calles de Greenwich Village procurando preocuparse únicamente de a qué conocido le pide prestado el sofá para pasar la noche. En su vida no importa el futuro, sino el día a día, pero por muy aventuresca que parezca, nada tiene de especial. Porque como el espectador bien descubre en cierto momento, los días de Llewyn Davis siguen una perturbadora rutina que, a pesar de lo bien que canta y de que nos pone la gallina con alguna de sus creaciones (la música del filme es, sin duda, otro de los puntos fuertes), tiene visos de continuar existiendo por una larga temporada.

Ese pesimismo saben explotarlo como nadie los Coen, con un personaje simpático a pesar de sus defectos, que son muchos, y un maravilloso guión plagado de situaciones bastante cómicas y algún otro momento de los que desencadenan crisis existenciales.

En el estudio de grabación, el sueño de tantos

Oscar Isaac se luce, además, en la piel de Llewyn Davis, haciendo de este músico un personaje que, como le ocurre a Jean en la película, tan pronto resulta detestable como es admirado. Llewyn Davis es un bohemio, un artista orgulloso, que intenta reponerse de la pérdida de su compañero al tiempo que evita caer en la desesperación y abandonar la ilusión de ganarse la vida con la música, un objetivo que cada vez se antoja más lejano. Al espectador le resulta imposible sentir lástima por él, pero también aprehensión y simpatía, lo que permite hablar del trabajo de Oscar Isaac como memorable.

El resto de los intérpretes, de hecho, pasan bastante desapercibidos a su lado, salvo quizás Jean (Carey Mulligan), pero su presencia es lamentablemente breve (también la de Justin Timberlake, quien parecía destinado a sorprender en este trabajo).

Carey Mulligan también luce sus dotes como cantante

En general y si elimináramos del metraje el surrealista viaje en coche, que rompe bruscamente el buen ritmo de la trama para presentarnos a personajes que no nos importan un carajo (las cosas como son), podríamos afirmar que ‘A propósito de Lewyn Davis’ es una película redonda. Y no sólo por esa controvertida escena final (que, para mí, simboliza la rutina), sino sobre todo porque te deja satisfecho pero con ganas de más.

Nota: 8 / 10

Para recordar:

  • Oscar Isaac.
  • Las canciones.
  • La fotografia de Bruno DelBonnel

Para olvidar:

  • El fragmento del viaje en coche.
  • Carey Mulligan desaprovechada.


A propósito de Llewyn Davis
A propósito de Llewyn Davis Tráiler