Que un cineasta tenga una manera de hacer películas que sea reconocible por el espectador corriente puede considerarse un logro, pero cuando ese ‘sello personal’ crea la sensación de que el director en cuestión hace siempre la misma película… el efecto es el opuesto. Es lo que le ocurre a Michael Bay. Con sólo mencionar algunas de sus películas, como ‘Pearl Harbour’, ‘Armageddon’ o ‘Transformers’, sabemos ya que estamos hablando de espectaculares escenas de acción, actores en pose y mucha cámara lenta con música lacrimógena de fondo. En otras palabras, superproducciones. Son películas que a muchos les encantan -no en vano, suelen colocarse siempre entre las más taquilleras-, pero, después de repetir una y otra vez escenas muy similares, a otros, entre los que me incluyo, nos agotan.

Mientras Sam Witwicky (Shia LaBeouf) se inicia en el mundo laboral con el apoyo de su nueva novia, Carly (Rosie Huntington-Whiteley), los Autobots descubren una nave cibertronian que cayó en la Luna en los años 60 y que, como no podía ser de otra manera, los Decepticons planean utilizar para amenazar la vida en la Tierra.

En definitiva, Transformers 3: El lado oscuro de la Luna no sólo no aporta nada nuevo a la trilogía -si exceptuamos la chica-, sino que, además, apenas se diferencia de cualquier otro trabajo de Michael Bay, sobre todo en su última hora de efectos especiales a tutiplén. Consecuencia: aunque al principio entretiene y hasta provoca alguna sonrisa, su última hora puede provocar somnolencia.

Sin embargo, a pesar de esa amalgama final de persecuciones, explosiones y edificios en destrucción, que parece no tener un clímax definido, sino que toda ella es un clímax continuo -demasiado largo para que mantengamos el interés, por cierto-, la historia de ‘Transformers 3: El lado oscuro de la Luna’ arranca bien. Una combinación de imágenes de archivo y nuevas escenas nos trasladan a la década de los 60, donde descubrimos la verdadera intención del primer, y único, viaje del ser humano a la Luna: investigar la nave alienígena que años atrás había caído en el satélite.

Además, el héroe de la trilogía, Sam Witwicky (Shia LaBeouf), vive una situación bastante irónica: la complicada búsqueda de un trabajo después de salvar el mundo en dos ocasiones. Si a eso le añadimos la relación con su nueva novia, a la que da vida la debutante modelo Rosie Huntington-Whiteley, que sustituye a la díscola Megan Fox, y las situaciones y comentarios que eso genera, ya tenemos todos los ingredientes para una interesante cinta de ciencia-ficción.

Pero en cuanto la trama se complica un poco, con el descubrimiento por parte de los Autobots de la nave en la Luna, y los secundarios de los dos anteriores ‘Transformers’ van haciendo sus reapariciones, el guión pierde el hilo, se enreda más de la cuenta y opta por dejar paso al impacto visual y cerrar con una escena de lo más repelente. Al final, el espectador no entiende del todo qué ha pasado, pero al menos ha disfrutado del espectáculo, aunque en más de un momento ha pensado: “Esto ya lo he visto antes”.

Nota: 5 / 10

Para recordar:

– Los efectos de sonido, que por sí solos provocan más tensión que cualquier ataque de los Decepticons. ¿Repetirán la nominación a los Oscar de los dos filmes anteriores?

– La inclusión del viaje del hombre a la Luna y del accidente de Chernóbil en el argumento. Lástima que el interés generado en esos primeros minutos se perdiera tan pronto.

– La referencia a la desterrada Megan Fox: “Me gusta más ésta. La otra era mala”.

Para olvidar:

– Que John Malkovich haya accedido a interpretar un papel tan irrelevante y sobre todo incongruente. ¿Qué fue del tipo del ‘impresióname’ en las escenas siguientes a ésa?

– La escasísima, por no decir nula, evolución a lo largo de la película del personaje de Josh Duhamel.

– Otro rol poco profundo, el de Patrick Dempsey.

– La poca emoción de algunas ‘despedidas definitivas’.