‘Un amor entre dos mundos’ es el clásico ejemplo de película que presenta un planteamiento original y atractivo para luego desaprovecharlo de manera descarada y contar una historia mil veces vista. El debut en el cine anglosajón del argentino Juan Solanas deja, por lo tanto, un sabor agridulce. Acentuado, además, por el hecho de que utiliza la ciencia-ficción como mera excusa para narrar un relato romántico pasteloso y sin apenas emoción. No obstante, la fuerza visual del conjunto y la simple curiosidad que despierta la interacción entre esos dos mundos opuestos mantienen al espectador pegado a la butaca.

La premisa de ‘Un amor entre dos mundos’ (una vez más, horrible traducción del título original) es la siguiente: dos planetas se sitúan tan cerca uno del otro que lo que ocurre en el primero puede verse desde el segundo y viceversa. En ambos habitan humanos y el grado de desarrollo es similar, pero cada mundo tiene su propia gravedad, que resulta ser diametralmente opuesta a la del otro planeta.

¿Y qué significa esto? Pues que mientras los habitantes de un planeta se encuentran de pie en una habitación los otros parecen estar colgados del techo. Esta diferencia provoca que las relaciones entre unos y otros estén prohibidas, salvo por razones comerciales en ambientes controlados (es decir, la empresa de los poderosos).

Pero como si de un cuento de hadas se tratara, un joven del mundo de abajo se enamora de una chica del mundo de arriba. Surgen, entonces, las complicaciones y arranca una frenética aventura para conseguir estar al lado de la persona amada.

El mundo ‘de arriba’, un sueño imposible para los de ‘abajo’

Sin explicación

Hasta aquí, todo correcto. Dirección artística y fotografía llamativas; dos actores, Sturgess y Dunst, con química entre sí; la descripción de una sociedad restrictiva que genera muchísimo interés

El problema llega cuando Solanas tiene que hacer avanzar la trama y opta por la vía más fácil, que consiste en saltarse todas las reglas de ese universo que ha planteado para terminar cerrando las tramas de manera simplona y, lo que es peor, pastelosa.

Interacción en ambiente controlado

Cierto es que pocas cintas de ciencia-ficción, por no decir ninguna, respetan a rajatabla las normas de su universo y logran que al final todo cuadre, pero la ‘ilegalidad’ de ‘Un amor entre dos mundos’ es excesiva.

Para empezar: ¿por qué un mundo se llama a sí mismo ‘el de arriba’ si a los que denominan ‘los de abajo’ los ven arriba? Para seguir: si la gravedad tira de uno hacia su mundo, lo normal es que si pasa al mundo opuesto la sangre se le suba a la cabeza y no pueda pasar más de unos minutos boca abajo. Y para finalizar: si la materia de un mundo arde en el opuesto, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Kirsten Dunst, boca abajo

Un cuento de hadas

Olvidando esas ‘pequeñeces’, el espectador puede interesarse por la historia de amor imposible de Adam y Eden y disfrutar de un rato agradable. Pero la interacción entre los dos personajes es tan plana, poco trágica e incluso ñoña, que de ese ‘amor entre dos mundos’ tampoco puede obtenerse mucho.

En realidad, el filme de Juan Solanas es un cuento de hadas y sus personajes se comportan como si vivieran en él. Por esa razón, si la trama hubiera transcurrido en un reino de fantasía hubiera causado una mejor impresión. De ese modo, al menos, no hubiera parecido tan pretenciosa. Pero para quienes agradecemos de vez un cuando un romance imposible con final feliz, la película es una opción recomendable. Es ágil, visual y dulce.

Y, lo mejor de todo, sólo dura hora y media.

Jim Sturgess, boca arriba

 


Nota: 5 / 10

Para recordar:

La estética.

Que Jim Sturgess se consagre como el nuevo héroe romántico del cine actual.

Los guiños a la procedencia argentina de su guionista y director: el tango y el restaurante ‘entre dos mundos’.

Para olvidar:

Que el guión establezca unas reglas que luego se salta a la torera.

La resolución final, carente de imaginación e incluso esfuerzo.