A veces la mejor manera de contar una realidad pasa por hacerlo de manera indirecta, es decir, sugiriendo más que mostrando. De este modo se asegura un impacto mayor en el receptor, ya que la conclusión la elabora en su mente sin esperar a que alguien la elabore por él. Por eso, a la hora de hablar de la crueldad de la guerra, de la que se vive lejos del frente, que siempre es más dura y turbadora que aquélla, la mejor manera, a veces, es hacerlo a través de los ojos de los testigos, no de los protagonistas. Esto es lo que persigue Fernando León de Aranoa con su sexto largometraje de ficción,Un día perfecto. Una producción rodada en inglés y con actores de al menos cinco países distintos que retrata el horror del conflicto de los Balcanes desde el punto de vista de un grupo de cooperantes. 

La película sigue durante 24 horas a cuatro cooperantes, un intérprete local y un niño en la búsqueda de una cuerda para poder sacar el cadáver que está contaminando el agua de un pozo. Un guión inteligente, humor, una factura técnica impecable y buenas interpretaciones dan forma a un filme que pese a contar una historia ambientada 20 años atrás resulta hoy más oportuna que nunca, ya que nos recuerda el auténtico drama de la guerra que sufren las familias que se ven arrastradas por ella y que no encuentran otra alternativa que abandonar sus casas y buscar una vida mejor en otro país.

Los cooperantes de Un día perfecto

Los horrores de la guerra

Más allá de lo mucho que pueda poner de manifiesto el drama de los refugiados que está marcando este año 2015,  ‘Un día perfecto’ es una película perfecta para hablar de la guerra y las miserias humanas sin violencia explícita ni tramas edulcoradas. Sino con la frialdad que impone la rutina de un grupo de trabajadores que día a día se enfrentan a controles militares, minas antipersona y, sobre todo, muerte y devastación. Y que sólo pueden continuar con su misión si se distancian emocionalmente de los horrores de los que son testigos.

Sin embargo, mantener esa distancia no siempre es fácil y en el grupo que forman Benicio del Toro, Tim Robbins, Olga Kurylenko y Mélanie Thierry encontramos variedad de actitudes.

Al final, como buen macguffin, sacar el cadáver del pozo es sólo una excusa para hablar de algo mucho más importante, una realidad que por mucho que políticos y militares se empeñen en darle sentido sigue sin tenerlo: la guerra es absurda.

Tim Robbins en Un día perfecto

Sin riesgo

León de Aranoa es un experto en el denominado cine social (ha dirigido, recordamos, historias de parados, prostitutas o chicos marginales), pero en esta ocasión no se moja tanto como en sus anteriores trabajos. ‘Un día perfecto’ es su primera película rodada en inglés, la primera, también, con un reparto internacional y la primera, quizás, en la que no se arriesga.

De hecho, en lugar de impactarnos, ‘tapa’ la carga emotiva de las secuencias más potentes con una banda sonora que está demasiado presente.

La música contribuye a acentuar esa frialdad que comentaba al principio con la que los cooperantes realizan su trabajo, pero también logra distanciar al espectador de lo que está sucediendo sobre el terreno para sumergirlo en un especie de película de aventuras. Y no creo que ‘Un día perfecto’ pretenda ser eso.

 

Del Toro, impresionante

Puede que Fernando León de Aranoa no se moje tanto como antaño, pero sí conserva su buena mano para los guiones y su sentido del humor intactos. Las interacciones entre los protagonistas no tienen desperdicio y Tim Robbins se luce como secundario cómico.

Pero es Benicio del Toro quien carga con el peso principal de la trama y una vez más el puertorriqueño no defrauda. Carismático, leal, pragmático… su Mambrú es un líder necesario en ese territorio hostil que es el conflicto armado (por mucho desarme que presuntamente se esté negociando). Y mucho me extrañaría que los Goya no volvieran a nominarle a uno de sus ‘cabezones’ -ganó el de mejor actor principal por ‘Che, el argentino’ (Steven Soderbergh, 2008)-.

Tim Robbins y Benicio del Toro

Una película casi perfecta

Rodada íntegramente en España, con localizaciones en Granada, Almería y Cuenca, ‘Un día perfecto’ también maravilla con su fotografía y detalles artísticos como la foto familiar o las maletas llenas de sueños que no llegaron a su destino.

Los obstáculos que el equipo va encontrando en su irónico día perfecto marcan el ritmo de una película enérgica, que gusta, remueve conciencias y brilla en casi todas sus facetas -salvo Olga Kurylenko y su trama romántica-, pero que no termina de producir ese impacto que muchos espectadores seguro que esperaban de León de Aranoa.

El desenlace al estilo de un vídeoclip melodramático optimista tampoco ayuda, todo sea dicho.

No es Bosnia, es España


Nota: 7 / 10

Para recordar:

El guión

Benicio del Toro

La vis cómica de Tim Robbins

El descubrimiento de Mélanie Thierry 

La potencia visual de Sierra Nevada y las minas de Alquife

Para olvidar:

Su falta de riesgo

La ridiculez de la trama (pretendidamente) romántica

Que la banda sonora distraiga del curso de los acontecimientos