Con ‘Un lugar para soñar’ (We bought a zoo) me ha ocurrido como con tantas otras películas. Leo el argumento, me parece interesante, veo que tiene un reparto atractivo y que tras las cámaras se sienta un director que me gusta (en este caso, Cameron Crowe). Así que surge el interés. Más adelante veo el primer tráiler, me convence y me apunto la película en mi lista de pendientes. A partir de ese momento estoy alerta por si aparecen nuevas imágenes, vídeos y material promocional del filme, así como por saber la fecha de estreno. Pero a medida que se acerca el día descubro los primeros comentarios tibios, incluso negativos, y mi interés va mermando. Por eso decido no verla por los cauces legales, y quizás tampoco por lo no tan legales, y poco a poco me voy olvidando de ella. Hasta que un día volvemos a encontrarnos y entonces sí, le doy una oportunidad. Pero pasados diez minutos me doy cuenta de que, efectivamente, tenía razón y esta película no es gran cosa.

De Cameron Crowe he visto dos trabajos: ‘Jerry Maguire’ y ‘Elizabethtown’. Ambos son comedias románticas cuya trama arranca con el protagonista sumergido en plena crisis existencial y se desarrolla de manera más o menos ingeniosa dejando por el camino varias escenas y/o diálogos memorables (el ‘You had me at hello‘ en la primera; la conversación telefónica en la segunda).

Sin embargo, en ‘We bought a zoo’ (he decidido emplear su título original y no la estúpida ‘traducción’ de la cartelera española) la chispa característica de Cameron Crowe no se ve por ninguna parte. Parece como si el guionista y director estuviera perezoso y se hubiera limitado a trasladar la historia a la gran pantalla sin esforzarse en aportarle un sello personal.

Y eso es un error porque, básicamente, el argumento nos resulta muy, muy familiar; y uno acaba viendo la película sabiendo exactamente cómo va a terminar y, por lo tanto, sin ningún interés en seguir los acontecimientos. También porque el giro que toman se nota forzado (el dinero que llega a última hora, la lluvia de la noche anterior…) y, para colmo, ningún personaje es lo suficientemente interesante para que mantengamos la atención.

Los Mee

Aventura y viudedad

Sí, ‘We bought a zoo’ cuenta la historia de una familia que decide comprar un pequeño zoo, un relato inédito en el cine (que tenga constancia), pero lo hace centrándose en la aventura que emprende esta familia que al principio no satisface a todos y que al final acaba por tener éxito, algo que, esta vez sí, hemos visto infinidad de veces.

Por otro lado, en lugar de mantener la condición de casado del Benjamin Mee real, el guión convierte al protagonista, un anodino Matt Damon, en un joven viudo con dos hijos, uno de los cuales, el adolescente, le ofrece una relación complicada. Y lo del atractivo viudo con niños y deseado por sus vecinas (¿de verdad intentan conquistar a base de lasañas en Estados Unidos?) está muy trillado.

Además, le permite a la productora colar a la guapa Scarlett Johansson como interés amoroso del prota, un recurso que atraerá a las audiencias pero que en la trama no funciona porque se aprecia, claramente, que Mee sigue enamoradísimo de su esposa muerta.

Scarlett y Matt, ¿era necesario?

Melodrama de sobremesa

Por lo tanto, ‘We bought a zoo’ es previsible y carece de ingenio. Y lo que es peor, recuerda más a los melodramas habituales en la televisión de sobremesa de los fines de semana que a una película del galardonado con un Óscar Cameron Crowe.

Un último apunte: Matt Damon no congenia con las comedias románticas, ¿por qué sigue empeñado en participar en ellas?

Ellos están al cargo. Así le va al zoo

Nota: 3 / 10

Para recordar:

La última escena.

Para olvidar:

Matt Damon no brilla, Scarlett Johansson resulta poco creíble como cuidadora y Thomas Haden Church parece haberse encasillado en el rol de amigo gracioso, pero la peor parada es Elle Fanning con su tonto personaje.

El cambio de título en nuestra cartelera: del llamativo ‘Compramos un zoo’ al anodino ‘Un lugar para soñar’.