Allá por el año 2000 llegué a la conclusión de que ‘X-Men 2‘ era la mejor película de superhéroes que había visto hasta entonces, y que Bryan Singer había hecho un grandísimo trabajo con uno de los universos más conocidos del cómic. Sin embargo, llegó Brett Ratner con su ‘X3‘ para echar a perder la posibilidad de una trilogía perfecta, y más tarde Gavin Hood dejó claro con su ‘Lobezno‘ que esta saga ya no buscaba hacer buen cine. Ahora, la cuarta entrega que firma Matthew Vaughn regresa a los orígenes marcados por Singer y nos ofrece una buena película que, además de acción y espectáculo, cuenta una gran historia.

Año 1962, plena Guerra Fría. Antes de convertirse en los archienemigos Profesor X y Magneto, Charles Xavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr (Michael Fassbender) eran aliados, y juntos reunieron un grupo de jóvenes mutantes para hacer frente a una conspiración que amenazaba el planeta.
Desde la mismísima primera escena, el espectador se da cuenta de que hemos vuelto a los X-Men de Bryan Singer. X-Men: Primera Generación‘ arranca exactamente igual que el capítulo uno de la saga, con un jovencísimo Magneto -por entonces sólo Erik Lensherr- demostrando sus poderes cuando es separado de sus padres en un campo de concentración nazi. Actores distintos, pero los mismos planos y el mismo espíritu.
Minutos después, llega uno de los mejores momentos de la película, la revelación de lo que ocurrió justo después con el joven Erik, una brillante secuencia un tanto ‘tarantiniana’ que parece proclamar que este filme quiere ser algo más que un ‘blockbuster palomitero’. Y es que la película de Matthew Vaughn ahonda en cuestiones morales con prácticamente la misma profundidad con que Bryan Singer lo hizo en su día, centrándose más en las complicadas relaciones entre los personajes y el miedo al rechazo que en los ‘bang’ y ‘boom’ de cualquier cinta de acción al uso.

‘X-Men: Primera Generación’ relata, por tanto, una historia de personajes, con sus deseos y sus miedos, que resulta creíble gracias a las notables interpretaciones de sus actores, sobre todo Michael Fassbender -Magneto- y Nicholas Hoult -Bestia-. El resto, de entre los que destacan James McAvoy-Profesor X-, Jennifer Lawrence -Mística- y Kevin Bacon -el villano de turno-, también resulta convincente, pero sus historias personales no nos producen el mismo efecto de empatía.

De hecho, los secundarios más secundarios, como por ejemplo los esbirros del villano entre los que figura el español Álex González, apenas tienen ‘historia’, por no decir líneas de guión… Para colmo, sus poderes tampoco sorprenden o maravillan como lo harían los de otros mutantes más conocidos como Cíclope, Tormenta o el Hombre de Hielo. Supongo que es una consecuencia lógica del hecho de haber utilizado las mejores bazas en los filmes anteriores.

A pesar de esa falta de ‘glamour mutante’, ‘X-Men: Primera Generación tiene los ingredientes necesarios para conformar una película de superhéroes entretenida y a ratos emocionante: sus personajes buenos y malos y los que cambian de bando por el camino; varias secuencias de descubrimiento de poderes; una pizca de romance y otra de humor; una llamativa y electrizante batalla final; muchos guiños al resto de capítulos de la saga…
Sin embargo, que sepamos cómo acaba la historia resta mucha, mucha sorpresa al argumento, y eso se deja notar en la valoración final.
Nota: 7 / 10
Para recordar:
  • Michael Fassbender. Un nuevo Magneto que por poco le hace sombra al del mismísimo sir Ian McKellen. 
  • Nicholas Hoult y su Bestia. Por fin un personaje tan importante de los cómics tiene una historia a su medida. 

Para olvidar:

  • ¿El desaprovechado personaje de Rose Byrne era necesario?

  • Lo ridículo que se siente el espectador español cuando comprueba que su representación en el universo de los X-Men –Álex González- no dice ni una sola palabra en toda la película. Eso sí, figura ya en varias listas de los actores más atractivos de Hollywood…
  • El traje de Erik convertido ya en Magneto: demasiado colorido.