El faro (The lighthouse) es una experiencia perturbadora, una pesadilla hecha cine que te deja tan mal cuerpo que tardas horas, incluso días, en recuperarte. El segundo largometraje de Robert Eggers, autor de La bruja (2015), nos adentra en el descenso a los infiernos de dos fareros aislados en una isla remota. Con una estética inquietante y dos actores que se exprimen al máximo. Pero también con una trama que vete a saber tú de qué va. Dicho esto, seré sincera: no me ha gustado una pizca.

He believed that there was some enchantment in the light. Went mad, he did.

thomas wake (willem dafoe)

Entiendo por qué se ha hablado tanto y tan bien de El faro desde su estreno en Cannes. La propuesta es arriesgada, tanto en el contenido como en la estética, ya que la película se rodó en blanco y negro y con formato 4:3, casi cuadrado. Los planos, la fotografía, el sonido… todo está diseñado al milímetro para generar desasosiego y agobio. Y lo consigue, vaya que si lo consigue.

Hay muchas referencias artísticas, muchos fotogramas que parecen pinturas expuestas en un museo, mucho juego con los sonidos y los silencios…

Además, los intérpretes sobre los que recae todo el peso de la historia, Willem Dafoe y Robert Pattinson, realizan un trabajo sobresaliente. Sus miradas y sus gestos infunden terror, pero es que el terror también se adueña de ellos y les hace retorcerse hasta ese punto de no retorno donde han dejado de ser quienes eran para convertirse en otra cosa.

O qué sé yo. Tanto se dejan la piel en sus actuaciones que a veces rozan el histrionismo, pero eso es lo de menos.

Un despropósito de trama

Porque, aunque los ingredientes están ahí para poder hablar de una película memorable -y seguro que para muchos amantes del llamado cine de terror elevado lo es-, me ha resultado imposible conectar con ella. Es más, he perdido el interés por completo y puede, puede, que en algún momento hasta se me cerraran los ojos.

El faro es una mezcla entre terror y delirio fantástico que se construye sin un hilo conductor claro, y que se agrava con demasiados momentos absurdos, sobre todo escatológicos. No es solo que cueste descifrar qué está ocurriendo, si es que realmente está ocurriendo algo, sino también que cada nueva escena te deja descolocado y preguntándote cuándo terminará por fin la pesadilla.

Si te paras a pensar en El faro como en una extensión de la pesadilla que están viviendo sus protagonistas en esa isla solitaria, el guion tiene todo el sentido del mundo. Porque los malos sueños mezclan de aquí y allá sin lógica ni un argumento claro.

Pero es probable que, como yo, llegues al desenlace de la película con muchas preguntas en la cabeza pero sin ganas de respuestas. La pesadilla ha terminado.


Nota: 4 / 10

Para recordar:

La puesta en escena de una atmósfera asfixiante y delirante.

Un Robert Pattinson desatado.

Un Willem Dafoe sobrecogedor.

Para olvidar:

Que resulte tan, tan complicado meterse en la historia o interesarse por los personajes.