Es la producción española de la que todo el mundo habla durante el confinamiento. En Sitges ya lo vieron venir, y de hecho la reconocieron con el premio a la mejor película en la última edición del festival. Ganó el Goya a los mejores efectos especiales, fue nominada en otras dos categorías y su estreno en Netflix no ha podido ser más oportuno. Porque El Hoyo habla de un confinamiento, pero de uno mucho más violento, sangriento, apocalíptico y también sin sentido del que estamos viviendo en la vida real.

Es una de esas películas, además, que generan debate, y nada mejor que ponernos a divagar sobre lo que significa su desenlace para olvidarnos por un momento de que la verdadera película de terror, por así decirlo, está al otro lado de la ventana.

Hay tres tipos de personas: los de arriba, los de abajo y los que caen.

ZORION EGUILEOR (Trimagasi)

La primera pregunta que harás a otra persona que también haya visto El Hoyo, o que esta te hará a ti, será, probablemente, ¿has entendido el final? Y es el que el debut en el largometraje de Galder Gaztelu-Urrutia deja un desenlace abierto, y a la vez confuso, que da para varias interpretaciones.

Consigue, además, que al hablar de si sucedió esto o lo otro, pasemos por alto que esta forma de terminar una apuesta a priori interesante sabe a poco.

El hoyo

Idea prometedora

El hoyo plantea una metáfora de las diferencias entre clases sociales, o entre el primer mundo y el resto, o quizá del cristianismo, en la que un grupo de personas permanecen confinadas en un ‘hoyo’ intentando sobrevivir. Todos los días, una plataforma repleta de comida deliciosa baja hasta la última planta, con lo que cada persona solo tiene para comer las sobras que le hayan dejado los que están arriba, siempre y cuando le hayan dejado algo.

La idea que subyace en este mecanismo es que, si todos fueran solidarios, habría suficiente comida para todas las plantas (en el mundo real, suficientes recursos para que nadie en este planeta muera de hambre). Pero claro, el ser humano es egoísta por naturaleza…

El hoyo

Las reglas del juego aportan emoción a un planteamiento ya de por sí apasionante: y es que, pasado un mes, los habitantes del hoyo cambian de planta, y quien estuvo arriba quizá se despierta abajo del todo, y viceversa.

Lo dicho, El hoyo plantea una realidad distópica interesante y, con ella, infinidad de preguntas. El problema llega cuando ese punto de partida deriva en una espiral de violencia gratuita y preguntas sin respuesta para terminar en un desenlace facilón y confuso. Vamos, es como si hubieran cogido una buena idea y la hubieran desarrollado con prisas.

Una mezcla de cine apocalíptico y gore que, vale, entretiene y engancha como para querer descubrir su final, pero que de manera inevitable conduce a la decepción.

A mí, personalmente, me sobran sangre y caracoles, y me falta contexto.

El hoyo

Quiero saber más

Porque lo que hace diferente a El Hoyo no es su aspecto más gore, sino la idea que plantea y lo fácil que es compararla con, como decía más arriba, la diferencia entre clases o estratos sociales, el primer mundo y el resto, o incluso la religión.

Si tú también quieres participar en el debate, ponte a verla (solo dura hora y media). Pero te advierto de que el contenido puede herir tu sensibilidad.


Nota: 6 / 10

Para recordar:

El dilema moral que plantea y cómo se puede trasladar a la situación actual.

Los personajes.

La banda sonora.

Para olvidar:

Su resolución.

Exceso de sangre (sin venir mucho a cuento).