Meryl Streep lo ha vuelto a hacer, a desaparecer con espasmosa facilidad en un personaje entrañable y carismático, convenciéndonos, una vez más, de que es posiblemente la mejor actriz viva  que existe. No por restarle mérito, ni mucho menos, pero también es cierto que su personaje, madame Florence Foster Jenkins, es una auténtica joya. Excéntrica, frágil y con la ridícula convicción de que puede cantar ópera cuando en realidad sólo hace sangrar los oídos de quienes la escuchan. Con Florence Foster Jenkins, también el nombre de la película, Meryl Streep vuelve a cautivarnos con su talento. Pero no es la única.

“People may say I couldn’t sing, but no one can ever say I didn’t sing”
(La gente dirá que no sabía cantar, pero no podrán decir que no canté)
Florence Foster Jenkins (Meryl Streep)

Lo mejor de la comedia, comedia dramática, que dirige Stephen Frears no es la interpretación de Meryl Streep, ni el descubrimiento de la esperpéntica historia real de Forence Foster Jenkins, ni la estupenda ambientación de la película… No, lo mejor de este filme es, para esta que escribe, el golpe sobre la mesa que, metafóricamente hablando, da Hugh Grant.

Regreso por la puerta grande

El londinense es uno de los rostros más reconocibles del star system británico y sin embargo cada vez se deja ver menos. Es más, Imdb asegura que Grant estaba al borde de la jubilación cuando Stephen Frears le convenció para interpretar a St. Clair Bayfield, el marido de madame Florence. Por otra parte, Hugh Grant ha vivido muchos años encasillado como el rey de la comedia romántica made in Britain, con trabajos como Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, El diario de Bridget Jones… y todos sabemos que las estrellas del género romántico no cuentan con la misma estima por parte de la crítica que los actores asiduos a los dramas.

Hugh Grant en Florence Foster Jenkins

Por eso, que críticos y compañeros de profesión se hayan puesto de acuerdo para destacar la interpretación de Hugh Grant en Florence Foster Jenkins como una de las mejores del año, es una gran noticia. El londinense ha sido nominado al Globo de Oro, al SAG (galardones del Sindicato de Actores), al Critics Choice Award, al Premio del Cine Europeo, al Satellite Award… y ha ganado el Hollywood Film Award al mejor actor de reparto. En otras palabras, Hugh Grant ha creado en el filme de Frears la interpretación más laureada de su carrera.

Más allá de los premios, lo cierto es que el personaje de St. Clair Bayfield, devoto de su esposa que intenta por todos los medios ocultarle la verdad, esto es, que se trata de una cantante pésima, nos emociona con esa adoración que siente por madame Florence. Si nos creemos a pies juntillas la historia que cuenta la película, la una pareja que se adora pese a las mentiras de su matrimonio (otros medios cuentan versiones diferentes), nos dejaremos cautivar enseguida por la lealtad y la generosidad de St. Clair Bayfield.

Hugh Grant logra incluso arrancarnos alguna lagrimilla. Y la complicidad con Meryl Streep que transmite en pantalla es innegable.

Florence Foster Jenkins en un ensayo

Un personaje por el que no pasará el tiempo

En cuanto a ella… ya lo decía al principio. Ha vuelto a dejarnos boquiabiertos con un personaje delicioso. Madame Florence Foster Jenkins nos inspira ternura, lástima, recelo… un conjunto de emociones que, sumadas a lo humorístico de sus interpretaciones musicales (es la propia Meryl Streep quien canta en la película), hacen de ella un personaje memorable, de esos que no se resienten tras varios visionados, sino más bien todo lo contrario, ganan matices y con ellos intensidad.

En cierta manera, escribir sobre el buen hacer de Meryl Streep es reiterarse en lo que hemos comentado con prácticamente cualquiera de sus anteriores trabajos. Y, aun así, no recuerdo una interpretación similar a la de Florence Foster Jenkins. Quizá ese es el gran logro: hacer de cada papel un personaje único.

Florence Foster Jenkins en una grabación con Cosme McMoon

Los Globos de Oro también se han fijado en el tercer vértice del triángulo protagonista, Simon Helberg, quien da vida al pobre pianista obligado a acompañar a madame Florence en sus irrisorios recitales, Cosmé McMoon. Es este un personaje entrañable, divertido… que sirve de álter ego del espectador, es decir, refleja la desconfianza, sorpresa, vergüenza y por último admiración que quienes no conocíamos la historia de Florence Foster Jenkins experimentamos al descubrirla.

McMoon es nuestro guía en la película y también un ‘robaescenas’ que, como tal, contribuye al buen sabor de boca que deja el filme.

El éxito está en los detalles

En realidad, no sólo el trabajo de los actores merece reconocimiento. La estructura de la narración, con esas incógnitas que poco a poco se van descubriendo; la comicidad de ciertas escenas (me refiero sobre todo a los ensayos); el aspecto excéntrico de la ya de por sí extravagante Meryl Streep; el cuidado puesto en la decoración de los escenarios… todo ello hace que Florence Foster Jenkins sea algo más que otra excusa para volver a nominar a Streep a los Oscar.

Meryl Streep en Florence Foster Jenkins


Nota: 7 / 10

Recomendable para:

admiradores de Meryl Streep, reivindicadores del talento de Hugh Grant, frikis de la historia de la música clásica y espectadores dispuestos a pasar una tarde entretenida con una comedia bien hecha y sin riesgos.

Para recordar:

Lo bien que Meryl Streep se funde con cualquier personaje.

Las reacciones físicas de Cosmé McMoon a los gorgoritos de madame Florence.

La entrega de Hugh Grant.

El gag de la grabación.

Pregunta filosófica que lanza la trama: ¿qué es preferible, saber la verdad o vivir feliz en el engaño?

Para olvidar:

Que la magnífica actuación de Hugh Grant no haya pasado el filtro de las nominaciones a los Oscar