Voy a confesar una cosa. No tenía intención de escribir sobre Hamilton (Thomas Kail, 2020). Y no la tenía porque me apetecía disfrutar de las casi tres horas de musical sin pensar en que después tendría que sacar otro rato para darle forma a mis opiniones. Y, también, porque no estaba segura de hasta qué punto la obra de Lin-Manuel Miranda podía considerarse una película. Pero visto, digerido, visto una vez más, googleado, youtubeado y visto (por partes) una tercera, ya no me aguanto. Hamilton es una absoluta maravilla.

There’s a million things I haven’ done… Just you wait

Alexander Hamilton (Lin Manuel Miranda)

Si estás leyendo esto y ya conocías el musical de Broadway, o has tenido la suerte de verlo en directo, o incluso fuiste (bastante) más rápido que yo y viste Hamilton en Disney+ el pasado verano, pensarás, ¿y se entera ahora? Pues sí, me entero ahora. Escarbando en mis recuerdos, sí que me suena escuchar algo sobre un musical que lo estaba petando en Nueva York, sobre los muchos premios Tony que recibió y las ovaciones que se escuchaban día sí y día también en el teatro Richard Rogers. Pero, sinceramente, nunca presté atención.

Hasta ahora. Su estreno en Disney+ fue un golpe de efecto en la guerra del streaming, los Globos de Oro la han nominado a mejor película comedia o musical y los Oscar insisten en que no puede optar a la dorada estatuilla porque no es una película. Entonces me picó la curiosidad. Y menos mal.

Lin-Manuel Miranda en Hamilton
Lin-Manuel Miranda es Alexander Hamilton

La magia del cine, también en Hamilton

Hamilton puede no ser una película, pero emociona como si lo fuera. En cualquier caso, llamarla ‘grabación de una obra teatral’ se queda corto. Solo hace falta ver cómo se mueve la cámara para mostrar las reacciones de algunos personajes, o para potenciar el efecto hipnótico

del escenario girando sobre sí mismo; cómo revela los mil y un detalles que suceden al mismo tiempo en el teatro… Si se tratara de una simple grabación, nos quedaríamos fascinados con la historia, y la música, y la manera de combinarlo todo, pero no con detalles que, gracias a eso que solo consigue el cine, sí retenemos. Detalles que nos generan una emoción (la que sea).

Hablo, por ejemplo, de la mirada de Angelica cuando se da cuenta de que su hermana es el destino de Hamilton. O de la propia Eliza cuando descubre la traición. O de Andrew Burr cuando es consciente del terrible error que acaba de cometer.

Leslie Odom Jr. es Andrew Burr

En cualquier caso, lo mejor de Hamilton es tener la oportunidad de poder disfrutar de todos esos detalles que en un teatro, por muy buena butaca que consiguieras, no sería posible.

Vuelvo al principio de esta reflexión, comentario, defensa, crítica o lo que sea. Hamilton es una absoluta maravilla. La música es pegadiza (Helpless… Why do you write like you’re running out of time… The room where it happened…), los actores están entregados a sus personajes (Jonathan Groff es, para mí, de lo mejor de toda la obra), y la forma de hilar los diferentes números musicales es ingeniosa.

Luego está el tema de la historia, lo que cuenta y, sobre todo, cómo lo cuenta.

Jonathan Groff en Hamilton
Jonathan Groff es el rey Jorge III

Una propuesta ingeniosa

Porque este es un musical sobre los orígenes de los Estados Unidos de América desde el punto de vista de uno de sus ‘padres fundadores’, Alexander Hamilton. Y tiene la osadía, acierto total, de narrarlos con los rostros y las melodías del Estados Unidos de hoy. Al fin y al cabo, hay temas como el racismo, la brecha de género, la ambición, la corrupción política o el legado, que siguen vigentes en 2021 —salvando todas las distancias—.

Lo cierto es que me da cierta rabia haber descubierto la experiencia Hamilton tan tarde, pero ya sabéis eso que dicen de que más vale tarde que nunca. ¿Ganará el Globo de Oro a la mejor película? ¿Conseguirá Lin-Manuel Miranda, su autor, compositor e intérprete principal, el premio al mejor actor? Sinceramente, qué más da. Pase lo que pase, yo ya tengo plan: el día después de la gala, tengo una nueva cita con la América de finales del siglo XVIII.

Lin-Manuel Miranda en Hamilton
Philippa Soo es Eliza

Nota: 9 / 10

Para recordar:

El número musical Helpless / Satisfied. Sencillamente brutal.

Renée Elise Goldsberry.

El icónico personaje que construye Jonathan Groff con unas pocas apariciones.

Para olvidar:

Qué fácil es perderse en la trama. Una rápida lección de historia estadounidense no venía mal antes de ponerse a ver Hamilton.

Que los Globos de Oro nos hagan creer que Miranda es el mejor intérprete de la obra.