Que Natalie Portman es una de las actrices más versátiles y convincentes de su generación es una obviedad. Que es capaz de dotar a sus personajes de una intensidad arrebatadora, también. Lo viene demostrando desde su debut en León, el profesional, cuando contaba sólo 13 años. Pero no fue hasta Cisne negro, en 2011, cuando industria, crítica y público se rindieron públicamente a sus pies. Ganó el Oscar a la mejor actriz, junto a un puñado de premios más, y tras una breve retirada regresó sin mucha pompa. Hubo quien vaticinó que Portman sufriría la supuesta maldición de los Oscar, aquella que te relega al olvido nada más ganar la estatuilla, pero no ha sido el caso. Con Jackie, de Pablo Larraín, Natalie Portman ha vuelto a cosechar no ya los aplausos, sino la ovación unánime de todos quienes han visto su trabajo.

La película que dirige el chileno Pablo Larraín, y que supone su debut en Hollywood, cuenta ese fragmento de la historia al que hasta ahora nunca se le había prestado mucha atención: ¿cómo lidió Jackie Kennedy, primera dama de los Estados Unidos, con el asesinato de su marido, el presidente John Fitzgerald Kennedy? ¿Cómo se enfrentó en cuestión de días y sin previo aviso a la ardua tarea de aceptar la muerte de su pareja, consolar a sus hijos pequeños, perder su hogar y su trabajo y asegurar el legado Kennedy?

Peter Sarsgaard y Natalie Portman en Jackie

Otra versión de la historia

En más de una ocasión hemos asistido al magnicidio de Dallas, ya fueran imágenes de archivo o una recreación ficticia, pero hasta ahora el foco nunca había estado en ella, en la mujer que vio cómo su marido moría asesinado a su lado, que no quiso quitarse el vestido ensangrentado hasta pasadas 24 horas y que logró que la presidencia Kennedy no pasara al cajón del olvido sino más bien todo lo contrario.

Jackie explora el torbellino de emociones de la primera Dama en los días posteriores al asesinato del presidente y previos a su funeral. Y lo hace a partir de la entrevista que Jacqueline Kennedy concedió poco después a la revista Life y en la que sembró la semilla del concepto positivo que durante décadas los estadounidenses mantendrían de lo que significó la presidencia Kennedy.

“Habrá otros grandes presidentes, pero jamás volverá a haber otro Camelot”
Jackie Kennedy (Natalie Portman)

Natalie Portman en Jackie

Cine de autor

El filme de Larraín explora las emociones de la primera dama, relegando los hechos a un segundo plano (al fin y al cabo, el magnicidio de J.F.K. es de sobra conocido), y lo hace con una intensidad cruda y un claustrofóbico montaje sin orden cronológico fijo, dos factores que contribuyen a que Jackie no sea un melodrama  fácil de ver. Más bien lo contrario, se trata de un desgarrador y provocador drama con mucho de cine de autor y poco de convencionalismos. Porque este trabajo no sólo es arriesgado, es también difícil de encasillar.

Personalmente, y pese a la increíble interpretación de una Natalie Portman que se deja la piel en este personaje, Jackie figura entre esas películas que no querré volver a ver, pero que probablemente lo haga algún día.

Natalie Portman y Billy Crudup

Hay algo en su agobiante atmósfera, en esa sofocante banda sonora de Mica Levi (por cierto, nominada al Oscar), en la manera de hablar del personaje Jackie Kennedy y en lo mucho que la cámara se acerca a Natalie Portman que hace de Jackie, a mi parecer, un filme a ratos insoportable. Pero, pensándolo una segunda vez, la versión de la historia que transmite, la pasión de sus actores y la falta de artificios de la cámara de Larraín, me dicen que Jackie es una película que mejora tras varios visionados.

Y, por eso, sospecho que en algún momento volveré a dejarme enganchar por esa particular visión del calvario que sufrió una de las mujeres más influyentes del siglo XX.

Natalie Portman en Jackie


Nota: 5 / 10

Para recordar:

Natalie Portman, inmensa

La recreación fragmentada del tiroteo de Dallas

Para olvidar:

La banda sonora de Mica Levi, demasiado claustrofóbica para mi gusto