Estamos en un atasco. La cámara avanza carretera arriba pasando de coche a coche. Se detiene. Una mujer canta “I think about that day I left him at a Greyhound station…” De repente sale del vehículo. Un hombre se une a su canción. Otra mujer se sube al techo de su vehículo a bailar. Y así, coche a coche y fotograma a fotograma, el atasco se convierte en una auténtica fiesta. Y ya sabemos que esta película nos va a enamorar. Empieza La ciudad de las estrellas. La La Land, un homenaje al cine y a los musicales que recuerda por qué algunas películas sencillamente están hechas para ver en pantalla grande.

“People love what other people are passionate about”
A la gente le encanta aquello por lo que otra gente tiene pasión
Mia (Emma Stone)

Con ‘Another day of sun‘, el primer número musical del filme, ya estamos sonriendo. Pero aún necesitamos una historia, un hilo que dé sentido a la música, el baile y los colores que inundan la pantalla. Entonces aparece ella, Mia, una aspirante a actriz que compagina su trabajo en la cafetería de unos poderosos estudios con audiciones de todo tipo. Hoy, por ejemplo, tiene que interpretar una escena dramática al teléfono y… nada más empezar ya nos ha robado el corazón. Aún no la hemos visto junto a Ryan Gosling emulando a Fred Astaire y Ginger Rogers pero ya sabemos que Emma Stone ganará, en efecto, el Oscar. Y será un premio justo.

Another Day of Sun - La La Land

Emma Stone siempre ha tenido facilidad, al menos en mi opinión, para empatizar con el público. Hay algo en su gestualidad, en su rostro, en su voz… que la hacen terriblemente convincente y carismática. Pero en La La Land va un poco más allá y protagoniza una espiral de emociones con tanta intensidad (todas sus miradas van cargadas de significado) que es casi imposible apartar la vista de ella, o dejarse llevar por ella.

Ryan Gosling, su partenaire en esta maravilla y otro actor que también saber cómo derrochar carisma, queda relegado a un segundo plano, y eso que también es casi imposible imaginar a Sebastian, el pianista de jazz que sueña con abrir su propio club, en otro actor que no sea Gosling. Pero Emma Stone logra hacerle sombra, no mucha, pero sí la justa para que toda nuestra atención se fije en ella.

Ryan Gosling y Emma Stone

Bailes con aroma a clásico

Seguimos. Ya conocemos a Mia, y sabemos un poco más de Sebastian. Llega el momento de que sus caminos se cruzan de forma definitiva. Es casi de noche, la fiesta ha terminado y el dichoso coche no aparece por ningún lado (¿dónde lo aparcaría?). Sebastian es el primero en arrancarse: “the sun is nearly gone, the lights are turning on…“. El banco, la farola, las vistas de Los Ángeles… el decorado es perfecto. Mia se apunta al momento: “you say there’s nothing here? Well, let’s make something clear…

La música cobra intensidad y el baile comienza: ‘A lovely night‘. Asistimos entonces al momento más clásico, más cinematográfico, de todos los que ofrece La La Land: una escena que parece sacada de cualquier musical del Hollywood dorado (Cantando bajo la lluvia, Melodías de Broadway…), rodada sin cortes (aparentemente) y con la que ya estamos convencidos de que querremos ver La La Land más de una vez.

Ryan Gosling y Emma Stone en La La Land

Sólo han pasado… ¿qué, 20 minutos?, y La La Land ya forma parte de nuestras vidas. No, no es una película más, es una experiencia. La La Land es arte, es cine hecho para pantalla grande; cine que nos invita a soñar, a emocionarnos, a reír, a llorar, a bailar, a canturrear… en definitiva, a dejar aparcadas nuestras vidas durante algo más de 2 horas para sumergirnos en un mundo ficticio.

Damien Chazelle sorprendió a todo el mundo hace dos años con Whiplash (2014), el duelo entre un estricto y violento profesor de música y un alumno entregado. Entonces comenté que la película era “un brillante ejercicio de estilo”, y ahora, después de ver La La Land, estoy ya convencida de que Chazelle tiene una extraordinaria habilidad para hacer ‘cine bonito’.

La La Land - escena en el observatorio

El sello de Damien Chazelle

Maneja un impecable sentido del ritmo (no en vano, también es músico); arriesga en cada secuencia y apuesta por movimientos que dan valor extra a los planos; hace virguerías con los escenarios, la música y el color; y no duda en inundar su película de homenajes a otros clásicos del cine para dejar claro su amor por el séptimo arte. A nadie extrañará, entonces, que Damien Chazelle se convierta el 26 de febrero en el director más joven de la historia (32 años y un mes) en ganar un Oscar.

Chazelle también firma el guion de La ciudad de las estrellas. La La Land  y, aunque en mi opinión es el ingrediente menos sabroso de esta delicia, merece un reconocimiento. Porque esta es una historia que habla de sueños, de amor, de decisiones que marcan una vida y de caminos que pueden o no cruzarse. El romance entre Mia y Sebastian avanza poco a poco, fortaleciéndose, y no en un abrir y cerrar de ojos como la mayoría de comedias románticas que vemos hoy en día.

Sus conversaciones van cargadas de pasión por lo que hacen, y la química que encierran los diálogos alcanza niveles altísimos cuando son Emma Stone y Ryan Gosling quienes les ponen voz (es la tercera ocasión que forman pareja en la pantalla).

Ryan Gosling y Emma Stone en La La Land

Escucha, siente

Pero, sin duda, el plato fuerte de La La Land, junto a sus dos actores protagonistas y el arte de Damien Chazelle a la cámara, es la música. Compuesta, por cierto, por Justin Hurwitz, amigo y compañero de piso de Chazelle en su época universitaria.

He de confesar que la primera vez que escuché ‘City of stars‘, en aquel primerísimo trailer de La La Land, no me convenció. Ahora me doy cuenta de que necesitaba el contexto de la película. La música de La La Land es una maravilla cuando la asocias a los sentimientos que te provoca el filme, cuando recuerdas, canción a canción, las escenas de la película. Yo misma ya he perdido la cuenta de las veces que he escuchado la banda sonora desde que salí del cine…

Podría seguir hablando párrafos y párrafos de La La Land. Hay material de sobra: es la película ganadora de más Globos de Oro y la que ostenta el récord de 14 nominaciones a los Oscar, fue un proyecto que tardó años en ver la luz pero que finalmente lo logró gracias a la insistencia de Damien Chazelle (y al éxito de Whiplash), apunta a convertirse en uno de los trabajos más homenajeados y parodiados de la década…

Pero, ¿sabéis qué? Lo mejor no es hablar de La La Land, lo mejor es volver a verla.

City of stars


Nota: 9 / 10

Para recordar:

La intensidad de Emma Stone.

La química de Stone y Ryan Gosling.

Todos los números musicales.

El romanticismo que exuda la película.

El epílogo, memorable.

La pantalla grande está pensada para secuencias rodadas sin cortes, como la mayoría de La La Land.

La habilidad de Damien Chazelle con la cámara para mantener el ritmo y transmitir emociones.

Para olvidar:

Que tanto hablar de La La Land y sus premios genere una ola de rechazo entre quienes aún no la han visto.