Sorprender y cautivar con una historia ambientada en la Guerra Civil española parecía cosa imposible hasta que llegaron ellos. Los creadores de Loreak y Handia. Los directores Aitor Arregi, Jon Garaño y Jose María Goenaga. Con La trinchera infinita no solo recuperan la apasionante figura del topo, todas aquellas personas que durante la contienda y los años siguientes se escondieron en sus propias casas por temor a represalias. También logran apelar a una amplia gama de emociones, lo que hace de este drama -dramón- una experiencia disfrutable de principio a fin.

La trinchera infinita lo tiene todo para que desde aquí te pueda asegurar que es una de las películas del año, al menos en lo que concierne al cine español. Por un lado, su historia, para muchos hasta ahora desconocida. El encierro de Higinio en su propio hogar durante más de 30 años para evitar ser apresado por las fuerzas de Franco es ficción, pero se basa en muchos otros que sí sucedieron.

Por otro lado, Antonio de la Torre y Belén Cuesta, que se muestran decididos a dar lo mejor de sí mismos para rompernos el corazón con la historia de un matrimonio, el de Higinio y Rosa, que permanece unido -o lo intenta- en una situación al límite. Él en un zulo excavado en casa, ella al otro lado de la pared. La conexión que les une es el alma de la película. Y, por eso, el acierto en la elección de los actores ha sido enorme.

De la Torre lleva años demostrando que el buen cine español siempre cuenta con él, o, mejor dicho, que el buen cine español lo es, en parte, por su presencia. Mientras que Belén Cuesta se ha convertido en muy poco tiempo en icono de la comedia y ahora reivindica que también se le da de maravilla el drama.

Antonio de la Torre y Belén Cuesta

Impecable en muchos sentidos

Sin ellos La trinchera infinita no sería lo mismo, por supuesto, aunque si la película atrapa y encoge el corazón se lo debemos también al trabajo meticuloso y sutil de los tres directores vascos.

Cómo potencian las sensaciones con esa cámara que parece, como Higinio, estar escondida, cómo se detienen en los encuentros entre los dos personajes principales, cómo muestran solo lo imprescindible para que, como Higinio, no queramos salir al exterior.

Arregi, Garaño y Goenaga han viajado del País Vasco, donde habían rodado todos sus trabajos, a Andalucía para reclamar su hueco entre los mejores cineastas españoles de hoy. Con razón.

Luego viene todo lo demás, lo que contribuye a hacer de una buena película un peliculón para ver en pantalla grande. La cuidada ambientación, la fotografía, la música…

Aunque, al final, el recuerdo imborrable que deja La trinchera infinita es el del miedo que incapacita hasta el punto de que un encierro eterno entre cuatro paredes parezca la mejor opción. Eso y su gran verdad: que en las guerras los héroes no son solo los valientes, también los que luchan por sobrevivir.

Antonio de la Torre


Nota: 8 / 10

Para recordar:

Que como esta no hubo una, sino muchas historias reales.

Belén Cuesta en el papel que la eleva al Olimpo de las actrices españolas.

La escena final y todo lo que sugiere.

Para olvidar:

Algunos sinsentidos del guion.