La adolescencia -al menos la adolescencia estadounidense- suele verse en el cine como una serie de clichés de sobra conocidos: el baile de graduación, la chica popular, la primera pareja, la elección de universidad… Clichés que, pasados los 18 y teniendo en cuenta lo mucho que se han repetido -por algo son clichés-, poco interesan ya. Por eso lo que ha hecho la guionista y directora Greta Gerwig con Lady Bird es una verdadera hazaña, porque ha logrado que la historia de una adolescente en su último año de instituto nos atraiga, emocione y nos deje con ganas de más.

I want you to be the very best version of yourself that you can be
(Quiero que seas la mejor versión de ti misma que puedas ser)
Marion McPherson (Laurie Metcalf)

En cierta manera Lady Bird me recuerda a Boyhood (2014), el filme de Richard Linklater que también causó furor entre la crítica en su momento y que hablaba de algo tan ordinario pero que al mismo tiempo suscita enorme interés como es el paso del tiempo. En Boyhood, la trama se articulaba en torno a distintas secuencias en la vida de los personajes a lo largo de 8 años, los 8 años en los que el protagonista pasa de ser un niño a un joven universitario. En Lady Bird, el argumento avanza a través de los grandes hitos en el último año de instituto de la protagonista, la autoproclamada Lady Bird (Saoirse Ronan). Tanto en una como en otra, no hay grandes secuencias de acción ni giros sorprendentes, pero sí un buen puñado de escenas con las que la mayoría de los espectadores seguro que se sienten identificados.

Historias que hemos vivido

Cuando acudimos al cine, unas veces pedimos que la pantalla nos traslade a mundos lejanos donde podamos olvidarnos de lo que nos rodea; mientras que en otras ocasiones queremos que nos lleve de viaje a nuestra propia realidad para aprender a mirarla con otros ojos. Y esto segundo es lo que ofrece la película de Greta Gerwig.

Lady Bird

Con Lady Bird revivimos la intensidad de las amistades de la adolescencia, sobre todo aquellas que parecían que iban a durar eternamente -y afortunado quien lo consiguiera-, la confusión de los primeros encuentros sexuales, la ilusión por salir ahí fuera y comerse el mundo, la relación amor-odio con los padres… Y salimos del cine con una sonrisa en los labios y ganas de llamar por teléfono a aquel amigo perdido y a nuestra madre.

Madre sólo hay una

Sobre todo a nuestra madre. Porque si en algo da Lady Bird en el clavo, es en la relación madre-hija. Marion (Laurie Metcalf) es una mujer trabajadora, a la que apenas le sobra tiempo, y que vive constantemente preocupada por sus hijos. En otras palabras, Marion es la representación de la madre común, aquella que de algún modo parece llegar a todo y que siempre vigila que comamos suficiente y llevemos varias capas de abrigo. Y frente a ella encontramos a Lady Bird, la típica adolescente que descarga su rabia y su confusión en su madre pero que no puede vivir sin ella.

Para llegar hasta ahí, a esa representación tan fiel de una de las relaciones más importantes en la vida de cualquier joven, Greta Gerwig se arma de tanta naturalidad y un conjunto de interpretaciones tan sólido, que resulta imposible no sentirse conmovido. También, con supuesto, echa mano de humor y chispa, y así Lady Bird te saca más de una sonrisa.

Saoirse Ronan y Laurie Metcalf

Actrices impecables

Saoirse Ronan demuestra una vez más su innegable talento en la piel de esta joven rebelde, soñadora y ambiciosa. Con cualquier otra actriz, quizás no hubiera resultado tan fácil enamorarse de Lady Bird. Pero Ronan aporta belleza, una personalidad fuerte y una extraña sensación de calma, lo que la hace irresistible. Además, su química con Laurie Metcalf, una madre corriente cargada de matices, alcanza la dosis justa para que nos creamos esta complicada relación entre madre e hija y sobre todo para que nos conmueva.

Las dos actrices han estado presentes en todos los grandes premios de la temporada, incluidos los Oscar, aunque las quinielas apuntan a que ninguna se llevará la dorada estatuilla a casa. Saoirse Ronan, sin embargo, ganó el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia, un galardón que, si continúa en esa línea, no será el último de su carrera.

 

De algún modo, Lady Bird y su madre nos enseñan que siempre necesitaremos a nuestros seres queridos, y que ellos siempre estarán ahí para nosotros, aunque a veces los obstáculos que van surgiendo en el camino nos impidan verlo.

Lo bonito del filme de Greta Gerwig, que logró la puntuación perfecta en la web Rotten Tomatoes, es que tienes la sensación de que no pasa nada pero al mismo tiempo ocurren muchas cosas, y por eso sabes que la próxima vez que te topes con él de casualidad, verás escenas que creías haber olvidado y volverás a engancharte hasta el final.

Lady Bird


Nota: 8 /10

Para recordar:

Corregidme si me equivoco, pero nunca antes la adolescencia en una pantalla grande resultó tan interesante.

Saoirse Ronan.

Que un personaje tan corriente como la madre a la que interpreta Laurie Metcalf haya llegado tan lejos.

La naturalidad con que Greta Gerwig muestra la relación madre-hija.

Que Greta Gerwig opte al Oscar a la mejor dirección, lo que la convierte en la quinta mujer en hacerlo.

Que seguramente la mayoría nos sintamos identificados con más de una escena.

Para olvidar:

Que pese a su casi puntuación perfecta en Rotten Tomatoes y sus muchas nominaciones a los premios más importantes de la temporada, se quede, casi seguro, sin Oscar.