Necesitamos más películas como Mediterráneo (2021). Y las necesitamos, sobre todo, en estos tiempos de pandemias, crisis económicas y desastres ambientales. Porque el filme de Marcel Barrena nos recuerda que los seres humanos somos capaces de todo por ayudar a los demás. Quizás por eso la película llega en el momento justo, quizás por eso, también, se ha llevado el Premio del Público en el Festival de Cine de Ourense.

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Esther (Anna Castillo)

Mediterráneo, para quien aún no lo sepa, cuenta cómo el empresario y socorrista Oscar Camps viajó a Lesbos por su cuenta para tratar de evitar que las personas que huían de la guerra de Siria en busca de refugio en Europa acabaran ahogándose en el estrecho que separa Turquía y Grecia. Camps aterrizó en la isla con un compañero y sin mucha idea de qué se iba a encontrar; meses después acabaría fundando la ONG Proactiva Open Arms, que lleva rescatados decenas de miles de migrantes en el mar.

El guion de Danielle Schleif narra esos primeros meses en Lesbos, cuando Camps y su reducido equipo tenían que lanzarse al agua con solo un chaleco salvavidas o en una embarcación endeble. Y lo hace con un mensaje claro: lo están arriesgando todo para salvar la vida de otras personas. Refugiados, trabajadores, estudiantes… que, ante todo, son personas.

Mediterráneo

La película de Oscar Camps

Mediterráneo no ahonda en las polémicas que rodean a la ONG, más allá de alguna mención aislada; ni en la gestión de la crisis de los refugiados; ni siquiera en las razones que han llevado, y siguen llevando, a tantas personas a emprender un viaje con riesgo de muerte. Lo que le interesa a Schleif, y a la cámara de Barrena, es el personaje de Camps. Toda la película gira en torno a él.

Su voluntad férrea, el aplomo que demuestra dentro del agua, la particular espiral de autodestrucción que parece estar viviendo… Camps, interpretado de manera magistral por Eduard Fernández, es lo que da sentido y energía a Mediterráneo.

Pero son las imágenes dentro del agua, impactantes y dramáticas, las que hacen que la película de Marcel Barrena perdure un poco más en la memoria de lo que quizá uno esperaba. Ya desde ese primer plano cenital de la orilla, sabes que estás ante una producción que te va a llamar la atención en el apartado técnico (el sonido, desde mi ignorancia del oficio, me parece espectacular). Aunque la sola imagen de la costa al otro lado del estrecho, tan cerca pero tan lejos, vale por sí sola para poner la piel de gallina.

Anna Castillo y Eduard Fernández en 'Mediterráneo'

Como decía antes, Mediterráneo es la película de Oscar Camps, y Eduard Fernández se transforma en el activista, pero hay momentos en que Anna Castillo consigue robarle el protagonismo. Tampoco extraña, y es que hablamos de una actriz que dota a cada personaje de una naturalidad y un carisma asombrosos. A ver, que Dani Rovira también convence, y Sergi López cumple con el trámite, pero lo de Anna Castillo va (siempre) un poco más allá.

Equilibrio

Lo único que chirría un poco en Mediterráneo son esas situaciones construidas con el claro propósito de hacernos soltar alguna lágrima (y lo consiguen). Aunque, por suerte, el filme de Barrena no abusa del drama obvio (en manos de Hollywood hubiera sido, probablemente, exageradísima). Es más, hay pequeños momentos de humor que aligeran bastante el conjunto (y se agradecen).

Con todo, Mediterráneo es una buena película. Para disfrutarla, para recordar un drama que no cesa y para volver a confiar en las buenas personas.


Nota: 7 / 10

Para recordar:

Eduard Fernández, inmenso.

Lo de Anna Castillo. No hay personaje que se le resista.

Las escenas en el mar.

La música.

Para olvidar:

Lo forzada que resulta la historia de la madre y su hija perdida.