Regreso al futuro es la película perfecta para ver un domingo por la tarde en casa, un lunes a la mañana, en el cine, en la tablet, solo, con los amigos… Lo era hace 35 años y lo sigue siendo hoy. Es entretenimiento en estado puro: una historia divertida, en cierto modo original, con personajes simpáticos y bien construidos, un guion perfectamente hilvanado y una música que es capaz de ponerte la piel de gallina. Es una de esas películas que sigues disfrutando una y otra vez como el primer día.

Are you telling me that you built a time machine… out of a DeLorean?

Marty McFly (Michael J. fox)

La polémica

Se habla mucho estos días de si el filme de Robert Zemeckis es o no una película perfecta. El debate surgió a raíz de la conversación en Twitter sobre #FivePerfectMovies, y se avivó cuando el director James Gunn (Guardianes de la Galaxia) comentó que para él sí lo era, a pesar de ese mil veces comentado fallo de guion por el que los padres de Marty no lo reconocen en el futuro, y que, para Gunn, no lo es tanto.

El actor Chris Pratt está de su parte. Seguramente George y Lorraine ya se habían dado cuenta del parecido de Marty con el chico que conocieron en el instituto mucho antes del momento en el tiempo que vemos en el filme. Por lo tanto, no hay agujero en el guion.

Y hasta el coguionista de la película, Bob Gale, se ha unido a la discusión para zanjar de una vez por todas el debate. Según sus palabras en The Hollywood Reporter, ¿quién se acordaría de un chico que conocieron durante apenas unos días hace 15 años y del que no conservan una sola foto?

En cualquier caso, que los padres de Marty le recuerden del pasado o no, y que eso tenga sentido, es en realidad irrelevante. Porque Regreso al futuro sigue siendo una película a la que no le sobra un solo segundo.

Regreso al futuro
Regreso al futuro

¿Por qué es perfecta?

¿Hay alguien que aún no haya visto Regreso al futuro? ¿Y alguien que no haya disfrutado de lo lindo con su historia y su puesta en escena? Lo dudo. En 1985, el joven Marty McFly viaja en el tiempo 30 años atrás y se encuentra con dos grandes problemas: uno, volver a su época, para lo que requerirá la ayuda de su amigo científico 30 años más joven; y dos, lograr que sus padres, adolescentes en 1955, lleguen a enamorarse después de que él haya evitado el momento en el que se conocieron.

Que la película esté dirigida por Robert Zemeckis, alumno de Steven Spielberg, se nota. Nada de lo que el espectador ve o escucha está sujeto al azar: cualquier diálogo o escena en apariencia irrelevante tiene un significado, un sentido que se descifra a medida que avanza la historia. Ejemplos: la octavilla sobre el rayo que destruyó el reloj, la referencia al pariente que está en prisión, la afición de Marty a tocar la guitarra…

En otras palabras, todo encaja, lo que contribuye a generar un universo propio que ha hecho de esta película, y sobre todo de la trilogía se completaría después, un producto de culto que seguimos devorando, comentando y homenajeando 35 años después.

Y si a eso le unimos una estructura que alterna a la perfección momentos de calma con momentos de tensión (¡y cuánta tensión!), es prácticamente imposible no quedarse enganchado hasta la palabra Fin (o, en este caso, To be continued…).

Regreso al futuro

La extraña pareja

La diversión también está asegurada por el trabajo de los actores. Vale que a veces sobreactúan un pelín, sobre todo Christopher Lloyd haciendo de Doc, pero se hacen entrañables casi al instante. ¿A quién no se le ha escapado una sonrisa cuando Doc comenta, como si de cualquier nimiedad se tratara, que ha robado plutonio a unos terroristas para construir la máquina del tiempo? ¿O cuando recibe la visita de Marty y le toma por un vendedor a domicilio?

Es más, ¿quién no soñó allá por los 80 y 90 en tener un colega científico y un poco pirado como Doc?

En cuanto a Marty, el mejor personaje que nos ha dado Michael J. Fox en su carrera, se trata del típico adolescente que todos hemos querido ser en algún momento: valiente, habilidoso, divertido, singular, capaz de enfrentarse al matón del instituto y de paso recibir los aplausos del público… Su gestualidad exagerada es también una de las razones por las que adoramos a Marty McFly.

Pero si funcionan bien de forma individual, lo hacen mucho mejor cuando actúan en pareja. Doc y Marty se complementan a la perfección: uno vive en su mundo, el otro tiene los pies en la tierra; uno es solitario, el otro vive con su familia; uno pone la idea, el otro el trabajo a pie de calle. Al final, Doc y Marty forman una de las parejas más emblemáticas de la historia del cine.

Regreso al futuro

La melodía de mi infancia

Otro de los puntos fuertes de la película es la música, la melodía, en cierta manera, de mi infancia. Me refiero a la composición creada por Alan Silvestri, unos acordes tan reconocibles como son los de La guerra de las galaxias o Superman. ¿Quién no es capaz de tararearla ahora mismo sin haber visto recientemente la película?

Pero esa melodía no solo funciona porque sea pegadiza, sino también porque su fuerza aporta toda la emoción que se espera de los momentos cumbre de la película, que son, como no podía ser de otra manera, los viajes en el tiempo.

Pero el mayor acierto de Regreso al futuro no es ni la historia, ni los personajes, ni la música; es el hecho de que convierte en realidad un buen número de de fantasías: el débil derrota al poderoso, el ‘prota’ se convierte en héroe involuntario, tu familia pasa de ser ‘rara’ a lo más ‘cool’, los viajes en el tiempo son posibles… Y, al fin y al cabo, todos vemos películas para soñar despiertos, ¿o no?


Nota: 10 / 10

Para recordar:

Christopher Lloyd haciendo de Doc, con sus gestos exagerados, su manera de hablar a la velocidad del Delorean y su pelo electrificado. Cuando no sale en una escena, se le echa de menos.

La escena del rayo: si algo puede salir mal, saldrá, y, de paso, mantendrá al espectador anclado a la silla deseando que al final todo funcione.

La melodía de Alan Silvestri.

Que Regreso al futuro diera lugar a una segunda parte regular y, sobre todo, a una tercera memorable.

Para olvidar:

Si tuviera que eliminar algo, sería la última escena. Aunque da pie a la segunda parte, acaba con esa sensación de conclusión que necesitamos cuando vemos el final de una película.