La comedia adolescente es un género abocado a los excesos, la repetición de tramas y los personajes estereotipados. Sin embargo, Súper empollonas (Booksmart, 2019) no es nada de eso, a pesar de que su argumento es pura comedia adolescente: dos chicas responsables y buenas estudiantes que, en el último día de instituto, deciden salir de juerga por primera vez. Al contrario, el debut como directora de Olivia Wilde rebosa naturalidad e ingenio, y logra lo inimaginable: dotar de cercanía y sentido común a una historia de instituto.

We are not one-dimensional. We are smart and fun!

MOLLY (BEANIE FELDSTEIN)

En Súper empollonas, dos amigas, las mejores amigas, llevan toda su juventud estudiando, cumpliendo las reglas y quedándose en casa para así poder optar a una buena universidad. El plan funciona, solo que en el último día de instituto descubren que los ‘vagos’, ‘juerguistas’ y ‘molones’ de su clase también van a ir a una buena universidad. Y eso que han salido de fiesta todo lo que han querido. Así que ellas deciden no quedarse atrás: es su última oportunidad para divertirse en el instituto.

Beanie Feldstein en Súper empollonas

Ya desde este planteamiento se aprecia la naturalidad con que fluye la historia. No se trata de dos empollonas que se vean obligadas a ir a una fiesta, sin saber muy bien qué hacer en ella, y que acaben convertidas en cisne; la típica trama forzada tantas veces vista. No, no va de eso. A nuestras dos chicas les gusta pasárselo bien, hablan de sexo sin tapujos y saben que la vida es algo más que libros y bibliotecas.

Además, sus compañeros de clase, pese a encajar en los roles habituales (el ligón, la cool, el raro…), van desvelando que son mucho más que eso que les ha encasillado. Lo que supone una gratificante reivindicación de la diversidad y las múltiples facetas que una sola persona puede tener.

Pero lo que se siente más auténtico en Súper empollonas es la amistad entre las dos protagonistas. En apariencia no parecen tener demasiadas cosas en común, pero entre ellas fluye la química y su relación, más compleja de lo que al principio se muestra, es el alma de esta película.

Road trip con mucho humor

Una cinta que está estructurada casi como un road trip nocturno lleno de sorpresas, apariciones estelares y gags bien elegidos. Porque con la película de Olivia Wilde te ríes, y no sé vosotros, pero para mí lo de reírme con una comedia adolescente no es algo habitual.

Cada parada en este particular road trip tiene al menos un momento hilarante, al tiempo que genera una ocasión para que Beanie Feldstein y Kaitlyn Dever se luzcan. Y si además sale Billie Lourd —auténtica robapantallas—, es genial.

Billie Lourd en Súper empollonas

El ingenio de Wilde

Me gusta mucho el dinamismo con el que Olivia Wilde da forma a un guion escrito por hasta cuatro mujeres, cómo inserta los gags en el momento justo, la imaginación que le echa a ciertas escenas —al parecer, el momento animado fue idea suya— y cómo exprime el talento de sus actrices —la discusión sin cortes, por ejemplo—.

La directora recibió el Independent Spirit Award a la mejor ópera prima, y su nombre llegó a sonar entre las cineastas que merecían un reconocimiento en premios tan importantes como los Globos de Oro o los Oscar.

Es curioso, o al menos a mí me lo parece, que Wilde eligiera una historia de instituto para su debut detrás de las cámaras. Pero, sin duda, ha sido todo un acierto.


Nota: 8 / 10

Para recordar:

Las actrices protagonistas y Billie Lourd.

Que se trata de cine hecho por mujeres y sobre mujeres, y sea tan divertido.

Que incluso los personajes en teoría detestables acaben teniendo su atractivo.

Su fenomenal sentido del ritmo.

Para olvidar:

La previsibilidad del tramo final en la fiesta.

La traducción de Booksmart por Súper empollonas.