Señores productores y distribuidores de cine, el público ha vuelto a dejarlo bien clarito: queremos ver películas en una sala de cine y, con precios razonables, estamos más que dispuestos a pagar por ello. La tercera edición de la Fiesta del Cine, que se ha celebrado de lunes a miércoles, ha vendido 1.900.485 entradas, el 15% más que en la anterior convocatoria y entre 3 y 4 veces más que los mismos días de la semana pasada. Esto es, la popular iniciativa para recuperar espectadores se afianza y populariza. No es para menos, pagar 2,90 euros para ver una cinta que cualquier otro día alcanza los 8 ó 9 euros bien merece la pena las colas, acostarse tarde o incluso perderse el partido de Champions entre dos equipos nacionales.

Tal es el éxito de la medida que las salas que se adhirieron a la promoción de Los miércoles al cine, con entradas que rondan los 3,90 euros, han decidido prolongar la iniciativa más allá del 15 de abril, la fecha de fin prevista. Ahora, podremos ver cine barato hasta el 9 de julio. Y cuando llegue ese día, imagino que surgirá otra promoción o una edición estival de la fiesta del cine para no perder la buena racha.

Pero no nos emocionemos en exceso, que las salas no van a reducir sus precios a la mitad de manera permanente. De hacerlo, la afluencia de público se relajaría (ya no se trataría de una oferta puntual que ‘hay que aprovechar’) y quizás es cierto (lo desconozco) que los altos costes de distribución y proyección no se verían recompensados y, por lo tanto, no permitirían generar beneficios a un negocio que, como cualquier otro, necesita ganar dinero.

Además, pagar 8 ó 9 euros por un filme espectacular, en el que se ha invertido un presupuesto millonario, y hacerlo un sábado por la noche no parece, a fin de cuentas, tan exagerado. Sigue siendo caro, pero asequible, al menos una vez al mes.

Colas en unos cines asturianos (foto de lne.es)

Entradas a precios distintos

Por eso, lo que propongo desde aquí no es tanto rebajar el precio de todas las entradas de cine sino hacerlo según el tipo de película. Porque en nada se parece la última entrega de una trilogía faraónica como ‘El Hobbit’ (por pésimo que sea el resultado) a un filme iraní de bajo presupuesto. No han costado lo mismo, en la pantalla grande una se luce más que otra y la distribución va a alcanzar destinos diferentes. Y, lo que es peor, si sólo podemos permitirnos ir al cine una vez al mes, los títulos menores van a ser, en muchos casos, los perjudicados.

Pero si la industria decidiera establecer rangos de entradas, es decir, las más caras para las superproducciones o más esperadas y las más baratas para filmes pequeños o destinados a un público minoritario, otro gallo cantaría. O incluso si muchos se apuntaran, como de hecho he comprobado que Cinesa ha hecho alguna vez, a rescatar estrenos más o menos recientes y ofrecerlos a precios reducidos, la recaudación aumentaría porque quienes hubiéramos perdido la oportunidad de verlos en su día volveríamos a las salas.

Más colas, estas en Madrid (foto de Elpais.com)

Se trata, pues, de iniciativas que a priori no parecen complicadas y que ayudarían a mitigar el problema de la pérdida de espectadores. Porque lo que ya ha quedado claro es que no dejamos de ir al cine porque nos descarguemos películas de manera ilegal o recurramos a otras plataformas que sí son legales. Hemos dado la espalda a las salas porque, sencillamente, no podemos permitirnos esos precios. Así pues, señores productores y distribuidores del séptimo arte, la respuesta al problema no se antoja tan difícil.