La atracción que genera O que arde, al menos en Galicia, es inevitable. Primera película rodada en gallego que compite en Cannes, con escenas grabadas en incendios reales, ambientada en los montes de Lugo, premiada y aplaudida en todo certamen por el que pasa… Así no sorprende que las entradas para verla en el Ourense Film Festival (OUFF) se agotaran en cuestión de segundos. Ante tanta expectación, yo salgo decepcionada.

No voy a decir que O que arde sea una mala película porque en absoluto pienso que lo sea. Todo lo contrario. Contiene secuencias de gran belleza (esos minutos iniciales son una maravilla), personajes inolvidables (¿hay alguien más entrañable que Benedicta?) y sabe a realidad en todos sus planos (sus actores, de hecho, no son profesionales). Es, también, un homenaje al mundo rural y eso siempre es admirable, sobre todo hoy en día cuando pueblos y aldeas se están quedando sin vecinos ni recursos.

Pero a mí, personalmente, se me queda corta. Quizá ese es el motivo. Para ser exactos, me falta al menos un tercio de película.

No esperaba el desenlace tan rápido y mucho menos cuando se estaba construyendo una historia muy lentamente. Una historia que, por cierto, se antojaba compleja. También me faltan argumentos para creerme ese gran enemigo a la vida de aldea que presenta el filme, y que por cierto no es el fuego. Y las secuencias extensas, extensísimas, me hacen ser consciente de que estoy sentada ante una pantalla de cine, y eso nunca es bueno.

Benedicta Sánchez en O que arde

Otro tipo de hitos

Más allá de las sensaciones que encontrara en la experiencia de ver O que arde -y digo experiencia por suceder en el marco de un festival-, el trabajo de Oliver Laxe y de sus actores, sobre todo Benedicta Sánchez, logra varios pequeños hitos, que evitan que me quede con un sabor amargo.

Por un lado, transmiten muchas emociones en secuencias muy poco cinematográficas -una taza de caldo, una cerveza solitaria…-. Por otro, plasman en pantalla sin prejuicio alguno la fascinación que despierta el fuego, pesadilla para unos, liberación para otros.

Porque O que arde, aunque sí pone de manifiesto la valentía de los brigadistas que combaten cuerpo a cuerpo con las llamas, no emite un veredicto claro sobre el incendio en sí y quienes lo causan, sino que deja espacio para diferentes puntos de vista. Hay quien ha visto en esta representación del fuego una metáfora de un mundo que toca a su fin, yo salgo del cine con la sensación, en parte, de que la secuencia del incendio era una excusa para hacer más llamativa la película.

De cualquier modo, una tercera cosa tengo clara: O que arde no es de esas películas que te dejan indiferente. La amarás, la aborrecerás o seguirás pensando en ella sin saber muy bien por qué, pero se queda contigo al menos una temporada. Y eso siempre es bueno.

O que arde de Oliver Laxe


Nota: 6 / 10

Para recordar:

El prólogo

Benedicta, personaje y actriz

El casting de Amador

Su sabor a realidad

La valentía de sus responsables por atreverse a rodar en un incendio real

Para olvidar:

La sensación de que falta película

Escenas demasiado largas que te devuelven a tu realidad

Que las expectativas estén por las nubes