Aviso a futuros espectadores: imprescindible llevar pañuelos. La última película del director Benito Zambrano, ‘La voz dormida, es uno de esos filmes que te provocan tantas lágrimas que es mejor no verlo si al día siguiente no quieres levantarte con los ojos hinchados. Cierto es que lo dice una a la que no le cuesta mucho esfuerzo echarse a llorar, más bien todo lo contrario, pero, ahora en serio, difícil será encontrar un espectador que no esté a punto de deshidratarse con la triste historia de Pepita y su hermana Hortensia. Triste, sí, pero sobre todo bien narrada, ambientada y mucho mejor interpretada.

Inma Cuesta y María León, Hortensia y Pepita

La voz dormida‘, España, 2011.
Dirección: Benito Zambrano.
Guión: Ignacio del Moral y Benito Zambrano, a partir de la novela de Dulce Chacón.
Reparto: María León, Inma Cuesta, Marc Clotet, Ana Wagener, Daniel Holguín, Miryam Gallego y Ángela Cremonte.
Pepita (María León), cordobesa, se muda a Madrid en la posguerra para estar cerca de su hermana Hortensia (Inma Cuesta), quien está embarazada y en
prisión
. Allí conoce a Paulino (Marc Clotet), un republicano perseguido de quien se enamora. Cuando Hortensia es condenada a muerte, Pepita intenta por todos los medios detener la ejecución. 

Seguro que la mención a su efecto lacrimógeno ya ha ahuyentado a algún que otro espectador, y es más que probable que algún otro pierda el interés al descubrir que ‘La voz dormida’ se ambienta en los primeros años de la posguerra española, esa época de nuestra historia tantas veces retratada. Sin embargo, el relato que cuenta Benito Zambrano, y que en su día escribió Dulce Chacón, es nuevo. Aquí las protagonistas son las mujeres encarceladas, comunistas o acusadas de ayudar al enemigo en la contienda, que acabaron sus días entre las paredes de la prisión o frente a un pelotón de fusilamiento.

Hortensia (Inma Cuesta), vigilada de cerca por la carcelera Ana Wagener

Una de esas mujeres es Hortensia (Inma Cuesta), a la que su inocente hermana Pepita decide ayudar pese al peligro de verse relacionada con comunistas. Las viviencias de Hortensia en prisión, con esa tensión que se palpa en el ambiente cada vez que una carcelera o una monja se acerca a las reclusas, aporta los momentos más duros de la película: un escalofriante retrato de los pecados de la posguerra que, no obstante, se muestra demasiado partidista, dibujando a los comunistas como prácticamente santos y a los partidarios del régimen como demonios.

Pepita, mientras tanto, protagoniza la trama heroica, de superación y lealtad infinita, que nos descubre una estupenda actriz, María León, quien, dicho sea de paso, no podría haber debutado en el cine de mejor manera, al mismo tiempo que ofrece un puñado de momentos entrañables para que el espectador descanse de tanto drama. Porque, las cosas como son, tanta lágrima y música emotiva cansa, más si a una escena dramática le sigue otra aún más dramática, y ésa es la principal razón de que ‘La voz dormida’ no sea una grandísima película.

Paulino y Pepita, una historia de amor en la posguerra

Además de su exacerbado dramatismo, ‘La voz dormida’ tiene otros detalles en su contra como el poco interés que a Zambrano parecen despertarle los personajes masculinos, una sensación de falta de profundidad en la historia o la escasísima acción que adorna el argumento.

En definitiva, ‘La voz dormida’, tercera película dirigida por Benito Zambrano, es quizás su peor trabajo hasta la fecha, pero tratándose del director andaluz, con un regular es más que suficiente para que el espectador se sienta satisfecho.

Nota: 7 / 10
Para recordar:

¿Cuántas nominadas al Goya saldrán de esta cárcel?

  • Las actrices protagonistas: María León e Inma Cuesta; así como las secundarias, sobre todo Ana Wagener y Miryam Gallego
  • La narración de Benito Zambrano.
  • El diseño de producción: localizaciones, vestuario…
  • Que los sucesos de la película, aun teniendo un cariz claramente partidista -los comunistas son los buenos y el resto los malos-, retraten una época cruel de la historia española que, sólo por eso, merece la pena ser recordada.

Para olvidar:

Pepita y la poco explorada doña Celia
  • Su exacerbado dramatismo lacrimógeno que la convierte en ‘no apta’ para todos los públicos.
  • Da la sensación de que la historia personal de muchos personajes se ha quedado en la sala de montaje.