Betty Anne Waters, el drama ahora en cartelera que protagonizan Hilary Swank y Sam Rockwell, me recuerda a ‘The blind side, la película por la que Sandra Bullock ganó el Oscar en 2010. En primer lugar, ambas cuentan una historia que ocurrió de verdad y ambas han visto su título original modificado drásticamente en las salas españolas -de ‘Conviction’ a ‘Betty Anne Waters’, de ‘The blind side’ a ‘Un sueño posible’-. Pero el principal motivo de su semejanza es que ambas son películas regulares que, de no haber sido por unas interpretaciones memorables, hubieran saltado directamente a la sobremesa televisiva de un sábado cualquiera.


Cuando Kenneth Waters es condenado a cadena perpetua por el asesinato de una mujer, su hermana, Betty Anne, empleada en una cafetería, casada y con dos hijos, decide luchar para demostrar que es inocente. Sin estudios, uno de sus mayores obstáculos será licenciarse en Derecho para poder defender el caso ella misma ante un tribunal.

La historia que cuenta ‘Betty Anne Waters’ es un relato increíble de superación, generosidad y sobre todo fe ciega en otra persona. La protagonista, Betty Anne, no duda apenas un segundo en la inocencia de su hermano, y eso a pesar de todas las prueblas en su contra y de la actitud derrotista del propio implicado que hace sospechar, en un intento de guionista y director por mantener el suspense, que sí es culpable. Sin embargo, la historia tiene un fallo: casi con toda seguridad, el espectador ya conoce el final -consecuencias de la promoción-.

En casos así, resulta complicado mantener el interés a lo largo de todo el metraje. ‘Betty Anne Waters’ lo consigue, sin embargo, aunque nos quedamos con ganas de conocer mejor los sacrificos personales que la pobre mujer tuvo que hacer para conseguir sus objetivos mientras que nos sobra parte de la aburrida investigación criminal que vino después. Además, los continuos saltos en el tiempo, aparte de generar una cierta confusión, sobre todo al principio, adelantan capítulos clave de la historia que de esa forma pierden parte de la emoción que podían generar.

En realidad, la dirección de Tony Goldwyn, más conocido por su faceta de actor y sobre todo por su papel de villano en ‘Ghost’, no tiene nada de especial. Otra historia bien distinta son los actores, todos ellos estrellas reconocidas que bordan los personajes que aquí interpretan. Hilary Swank, la ‘hermana coraje’, nos recuerda a la maravillosa Maggie de ‘Million Dollar Baby’; Sam Rockwell crea la que posiblemente es su mejor actuación hasta hoy; Minnie Driver es la perfecta secundaria, como siempre; Melissa Leo nos demuestra por qué es una actriz de Oscar; y Juliette Lewis sorprende con un personaje que ojalá la devuelve a la primera plana.

En definitivamente, un guión y una dirección tibias para un filme que cuenta con algunas de las mejores actuaciones del año pasado -la película se estrenó en octubre de 2010 en Estados Unidos-.

Nota: 5 / 10

Para recordar:


– Las memorables interpretaciones de sus actores, sobre todo Hilary Swank, Sam Rockwell, Melissa Leo y una recuperada Juliette Lewis.

Para olvidar:

– El abusivo recurso de los saltos en el tiempo en la primera mitad, que crea cierta confusión.

– Que la trama no profundize en los esfuerzos de Betty Anne Waters para lograr su titulación de abogado.

– Su recurso a la lágrima fácil.