No sé por qué me molesto. Será porque, de vez en cuando, entre el estrés diario y dramones del tipo ‘Tenemos que hablar con Kevin‘ o ‘Los descendientes‘, apetece una película muy, muy ligera. Y, cuando eso ocurre, Katherine Heigl es una buena opción. La actriz se ha convertido en los últimos años en la reina de la comedia romántica, sólo que, en lugar de protagonizar filmes pasables como hacían Julia Roberts o Meg Ryan, acumula un bodrio tras otro. El último se llama La cazarrecompensas, y en él Heigl da vida a la clásica chica perdedora cuya vida sufre un vuelco cuando empieza a perseguir fugitivos.

La principal lacra de las películas de Katherine Heigl es ella, o, mejor dicho, sus personajes. El rol de chica normalita y patosilla que un buen día se convierte en una mujer sexy y con estilo está ya muy manido, pero es que, para colmo, Heigl no da el pego.

Además, carece de chispa y resulta un tanto insoportable, por lo que su personaje rara vez cae bien. Para colmo, es precisamente su presencia en la película la única baza con la que ésta cuenta, por lo que el resultado tiene el fracaso asegurado.

‘La cazarrecompensas’ es sólo el último ejemplo de ello. Además, la película dirigida por Julie Anne Robinson presenta un guión poco creíble que roza el ridículo, unos personajes estereotipadísimos y química cero entre la pareja protagonista. Aún así, resulta extrañamente entretenida una buena parte del metraje. Cosas del cine.


Nota: 3 / 10

Para recordar:

Las escenas en la casa familiar.

Para olvidar:

Katherine Heigl.