‘Las ventajas de ser un marginado’ es un drama de instituto, pero uno que trata los temas propios de la adolescencia (amigos, amor, sexo, drogas, estudios…) con honestidad y sin repetir clichés, y que se sustenta, además, en un guión maravilloso y una dirección más que decente. Una historia en la que el protagonista busca su lugar en el mundo y que se ve salpicada de momentos buenos y malos, como, al fin y al cabo, ocurre con la vida misma.

‘Las ventajas de ser un marginado’ adapta la novela de mismo título de Stephen Chbosky, que es, además, guionista y director de la cinta. El argumento sigue las vivencias de Charlie, un chaval de 15 años, durante su primer año en el instituto, y lo hace a través de las cartas que el joven escribe a su amigo fallecido.

Este recurso narrativo funciona a la perfección en un filme con un argumento tan amplio como es la supervivencia en el instituto (recordemos que esto es Estados Unidos y allí uno, salvo que sea popular, las puede pasar canutas). La trama ideada por Chbosky toca temas como el primer amor, la búsqueda de amigos, la homosexualidad, el descontrol en las fiestas, la necesidad de descubrir qué se quiere ser de mayor…

De fiesta

Y por si eso fuera poco, Charlie no sólo busca su lugar en el mundo, sino que debe lidiar, además, con el doloroso recuerdo de su tía muerta, el suicidio de su mejor amigo y, como resultado, los problemas mentales que sufre.

Adolescentes de verdad, no de película

Es decir, la película se acerca a las preocupaciones cotidianas y excepcionales de los jóvenes, pero sin la previsibilidad y el humor simplón de las clásicas comedias de instituto donde las animadores son tontas y los empollones llevan ortodoncia. Porque ‘Las ventajas de ser un marginado’ es una película con fondo.

En otras palabras, se trata de un filme maduro dirigido a una audiencia joven a la que Chbosky trata con respeto y sin condescendencia.

Emma Watson y Logan Lerman

Por otra parte, tiene sentimiento y genera emoción, una hazaña que logra gracias a un guión inteligente, planos muy cuidados, la acertada elección de la música indie de los 90 que impregna todo el filme y, sobre todo, la memorable interpretación de tres jóvenes actores que son fuertes promesas de futuro.

Un trío sobresaliente

El narrador de esta historia es Charlie, a quien da vida un comedido Logan Lerman que consigue transmitir con éxito la combinación de ingenuidad, fuerza y sabiduría que caracteriza a su personaje. Pero quienes más brillan en pantalla son Emma Watson, la Hermione de Harry Potter que viene a demostrar lo que ya intuíamos, la gran actriz que puede llegar a ser; y Ezra Miller, el perturbador Kevin de ‘Tenemos que hablar de Kevin’ que en esta ocasión se convierte en la fuente de vitalidad y buen humor del grupo, aunque conserva el toque misterioso que viene de serie con su físico.

Ezra Miller y Emma Watson

En la cinta también intervienen actores adultos de sobra conocidos como Paul Rudd, Kate Walsh o Joan Cusack, pero sus papeles son meramente decorativos, aunque la decoración también es necesaria para admirar el conjunto final.

Un conjunto final que deja muy buenas sensaciones y que fácilmente podría haberse convertido en una de las películas del año de no ser por una trama diluida en exceso (ahí se nota que el guionista adapta su propia novela y, por lo tanto, no quiere dejar nada fuera) y porque, más allá de lo bien hecha que está, genera poca sorpresa (e incluso interés).

Las ventajas de ser un marginado


Nota: 7 / 10

Para recordar:

El guión de Chbosky: divertido, maduro.

Que una película sobre adolescentes en el instituto trate temas como el bullying, el sexo y el consumo de drogas de manera tan natural.

Ezra Miller y Emma Watson, dos promesas que pisan fuerte.

La banda sonora.

Para olvidar:

La aparición pretendidamente estelar de Joan Cusack.

Que la Academia de Hollywood no le haya concedido una nominación al mejor guión adaptado.