La forma del agua (The shape of water) es una película para ver en pantalla grande. Donde podamos admirar su color, sus escenarios, la sutil interpretación de Sally Hawkins… y donde también podamos dejarnos llevar por la fantasía de la historia. Pero, más allá de esa afirmación, me resulta complicado definir el último filme de Guillermo del Toro. ¿Romántico? ¿Melodrama? ¿Terror? ¿Comedia? ¿Musical? ¿Quizá un poco de todo eso? El consenso general es que La forma del agua es una película fantástica, o, mejor dicho, un romance fantástico, pero en realidad toca tantos géneros que esas dos palabras se quedan cortas. Catalogar la cinta en un grupo u otro no tendría mayor importancia si no fuera porque esta creación de Guillermo del Toro resulta maravillosa en todos ellos. Y ese es su acierto: difícilmente podrás resistirse al poder cautivador de La forma del agua, te guste el tipo de películas que te guste.

Unable to perceive the shape of you, I find you all around me.
(Incapaz de percibir tu forma, te encuentro en todo lo que me rodea).
Giles (Richard Jenkins), recitando un poema

Años 60, una ciudad costera en algún punto de Estados Unidos. Elisa es una mujer muda que trabaja como limpiadora en una instalación gubernamental, donde una extraña criatura acuática es estudiada. Elisa descubre la criatura, y entre ellos surge algo especial… Todo ocurre en un cuidado escenario del que uno tiene la certeza que no olvidará ni los decorados, ni la luz -ese verde agua que lo inunda todo- ni la música -una nueva maravilla compuesta por Alexandre Desplat-.

Con estos elementos la que escribe estaba de sobra convencida para ver, y amar, La forma del agua. ¿Un romance imposible con estética de fantasía que además está arrasando en la temporada de premios? Poco más podía pedir. En este sentido, el filme de Guillermo del Toro no defrauda ni un ápice. Todo lo contrario, tiene reservadas un par de sorpresas…

Como el carisma enternecedor del personaje de Richard Jenkins, un pintor sin trabajo que vive al lado de Elisa, y que bien merece esa nominación al Oscar al mejor actor de reparto. O el aroma a cine clásico que desprenden muchas escenas, incluido el homenaje al cine musical un poco al estilo de The artist. O la ausencia de reparos a la hora de mostrar sangre y violencia. O la relevancia que el sexo adquiere en la construcción de los personajes.

Richard Jenkins y Sally Hawkins en La forma del agua

Son sorpresas que hacen de La forma del agua una experiencia cautivadora y sorprendente que juguetea con los límites de los géneros cinematográficos pero que, sobre todo, emociona con su bonita historia.

Apostar por la relación amorosa entre Elisa y la criatura resulta más sencillo cuando es Guillermo del Toro quien filma el romance y Sally Hawkins quien interpreta a su protagonista. La actriz británica brilla como nunca en la piel de esta mujer sencilla, fuerte y soñadora. Del Toro ha confirmado que escribió el personaje de Elisa con Sally en mente, y lo cierto es que, si lo piensas, no puedes imaginar a otra actriz dándole vida. Su belleza atípica y la convicción con que ejecuta cada movimiento encajan como piezas en un puzzle a la hora de dar vida a Elisa.

Sally Hawkins es el plato fuerte interpretativo de La forma del agua, pero no el único que pide una mención. Richard Jenkins, adorable; Octavia Spencer, divertida; Michael Shannon, temible y ridículo al mismo tiempo en la piel de un villano de libro; Michael Stuhlbarg, convincente con sólo un par de escenas.

Sally Hawkins en La forma del agua

La forma del agua seduce con su puesta en escena, su música, sus actores y, por supuesto, la trama. Una historia de cómo los débiles y olvidados plantan cara a quienes les oprimen y luchan hasta el final por sus sueños, más o menos. Sin embargo, he de confesar que, pese a que estuve enganchada de principio a final, salí del cine con la sensación que de que quedaron muchos flecos por aclarar. Como si o bien numerosas escenas no hubieran sobrevivido al montaje final, o La forma del agua fuera sólo un fragmento de un universo mucho más amplio que de momento sólo vive en la mente Guillermo del Toro -no sería una mala noticia, ¿eh?-.

De cualquier modo, la película del director mexicano se disfruta desde su bellísimo prólogo hasta los créditos finales. Te sorprenderás, reirás, asustarás, sentirás confusión y quizá derrames alguna lagrimita. Recordarás, si es que lo habías olvidado, el placer de ver una historia fantástica en pantalla grande.

Sally Hawkins y Octavia Spencer en La forma del agua


Nota: 8 / 10

Para recordar:

Los excesos que hacen de La forma del agua una película de fantasía diferente.

La banda sonora de Alexandre Desplat, una composición destinada a envejecer muy bien.

La facilidad con que confundiremos a Sally Hawkins y su personaje a partir de ahora.

La ternura de Richard Jenkins.

Los dos apartamentos.

Para olvidar:

Que me lleve la sensación de que el guion necesitaba más pulidos.