De no ser por Sophia Loren, La vida por delante (La vita davanti a sé, 2020) podría haber pasado totalmente desapercibida. Es una historia entrañable, con un poquito de crítica social, otro poco de costumbrismo, una pizca de buddy movie… Pero como tantas otras con las que compartimos unas dos horas de nuestras vidas, llega y se va sin que volvamos a pensar mucho en ella. Salvo, claro, por Sophia Loren.

La actriz italiana vuelve a la pantalla grande, y a la temporada de premios, con un papel emotivo, sutil, cargado de matices y de los que rozan, aunque sea brevemente, el alma, o lo que sea que llevamos dentro. Lo hace a las órdenes de su hijo, el cineasta Edoardo Ponti, y en una película de apariencia pequeña.

Loren da vida a Madame Rosa, superviviente del exterminio nazi y antigua prostituta que cuida a los hijos de otras mujeres. Así es como llega a su vida Momo, un huérfano senegalés a solo un paso de elegir el camino equivocado en la vida. Al principio, como era de esperar, entre los dos personajes hay tensión, recelo, antipatía… pero pronto forjan una relación de esas que dejan huella.

Sophia Loren en La vida por delante

¿Qué es la familia?

La premisa es interesante, más cuando tenemos en cuenta que ella es una mujer de más de 80 años y él está en los albores de la adolescencia (o ni eso). Pero la manera de desarrollar la historia es quizá un pelín apresurada, dando por hecho muchas más cosas de las que vemos en pantalla, y también forzada. Además, tampoco es que cuente nada diferente a lo que hayamos visto antes. Por eso, La vida por delante viene y se va sin dejar una huella profunda ni la sensación de ‘quiero verla otra vez’.

Eso sí, los momentos que comparten los dos personajes llenan la pantalla, y el pequeño atisbo que tenemos a esa extraña familia que forman Rosa, Momo, otros dos niños y Lola (la española Abril Zamora) nos deja con ganas, esta vez sí, de más.

La vida por delante es una película que habla de la amistad, de la familia (no es la que tienes, es la que eliges), de los traumas que se pegan a la piel, de la memoria… Y lo hace con ternura y sin aspavientos, pero con el reloj en la mano (como si estuvieran pensando ‘se acerca el final de la peli, hay que darle el clímax’).

Sophia Loren en La vida por delante

Fíjate en sus ojos

Decía al principio que Sophia Loren es el principal motivo de que hoy esté aquí hablando de La vida por delante. Es más, lo es de que, con tanto por ver y tan poco tiempo para gastar, eligiera esta película. Quería saber por qué se decía que la italiana podía volver a ser nominada al Oscar más de 50 años después de su última candidatura.

Y, aunque sinceramente dudo que la candidatura llegue a materializarse, la actriz nos deja un puñado de miradas y gestos para el recuerdo. De esas que transmiten mucho con muy poco y que, sin ni siquiera mencionarlo, dejan entrever todo el horror de un campo de concentración.

El otro protagonista de esta historia, el verdadero protagonista, Momo, interpretado por Ibrahima Gueye, es también todo un acierto. Y por eso la película funciona. Al fin y al cabo, el peso de la trama recae en sus hombros, aunque sea Loren quien nos toque el corazón.

La vida por delante

Nota: 7 / 10

Para recordar:

Sophia Loren y su química con el niño Ibrahima Gueye.

Las escenas más costumbristas.

Para olvidar:

Te quedas con la sensación que ni aporta nada nuevo, ni sorprende, ni deja huella.