Quién le iba a decir a la directora Catherine Hardwicke que su adaptación de la novela Crepúsculo‘ iba a tener tantos imitadores. Desde su estreno en 2008, la película ha presenciado ‘plagios’ televisivos, como la serie ‘Crónicas vampíricas’ o la española ‘Ángel o demonio’, parodias como ‘Híncame el diente’ y una revisión cinematográfica del género de monstruos al que se ha añadido pasión adolescente. El ultimo ejemplo, Caperucita roja, dirigida por la propia Hardwicke, convierte a la inocente niña del cuento en una joven desfogada que debe decidir entre dos amores, y, al lobo, en un hombre lobo sospechosamente interesado en la niña. El resultado: menos hormona de la esperada y escaso buen cine.

En pocas palabras, como corresponde a esta microcrítica, ‘Caperucita Roja’ cuenta una historia pobre que adopta los elementos del conocido cuento de los hermanos Grimm –la abuela, el lobo, el leñador– para crear un relato de amor adolescente e intrigas que ni enamora ni crea tensión. Carece de profundidad, de magnetismo y de interés alguno.

Caperucita Roja

La protagonista, Amanda Seyfried, da vida con más o menos acierto a la clásica joven valiente que sin pretenderlo se convierte en el objeto de deseo del villano –el hombre lobo–. Sus pretendientes, los actores que supuestamente harán suspirar a las espectadoras, también se manejan bien en sus planísimos roles, pero las grandes estrellas del reparto, Gary Oldman, Julie Christie y Virginia Madsen, decepcionan.

Si no fuera por esa atmósfera que tanto recuerda al ‘Sleepy Hollow’ de Tim Burton…


Nota: 4 / 10

Para recordar:

El diseño de producción, que genera una atmósfera muy sugerente.

El contraste de los colores vivos de los trajes de los personajes con el paisaje blanco.

Para olvidar:

La poca consistencia del guión.

El clásico juego de que prácticamente todos los personajes con diálogo parezcan sospechosos en algún momento. Aunque intente generar sorpresa, consigue lo contrario, porque ya hemos aprendido que esas ‘pistas’ tienden a ser falsas.

Que Virginia Madsen haya pasado de la magnética Maya de ‘Entre copas’ a este personaje tan insustancial y que, para colmo, parezca más una prostituta del pueblo que la madre de la protagonista.